Panzer Commander, las memorias del coronel Hans Von Luck

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Mi buen amigo, Juan Ignacio C.P., noble de alma, padre de familia, espigado y siempre alegre, en uno de esos actos humanos que a uno no le dejan de sorprender por mucho que puedan repetirse – ¡gracias a Dios!- se presentó un día en mi despacho, y sin venir a cuento, que es decir sin motivo ni razón, me regala estas “Memorias del coronel Hans Von Luck”, jefe de unidad de carros de combate del Ejército alemán durante la segunda guerra mundial.

No pongo ni segunda ni guerra ni mundial, a propósito, sin mayúsculas. Y a propósito escribo Ejército con mayúsculas pues debe tenerlo todo aquel que responde a su vocación y su sino, y así lo hizo el Ejército teutón en el período 1939 a 1945, como se cuida especialmente de resaltar Hans Von Luck.

9788493618117Se trata de un libro de Historia, que es además autobiografía, pero no es el resultado del mero recuerdo de un combatiente ni una recreación novelada de hechos reales, sino un auténtico trabajo de historiador, lleno de datos, referencias a las unidades que intervinieron en los diversos campos de batalla en que el protagonista intervino, al material empleado, sus capacidades de combate, la referencia a los mandos y demás circunstancias propias de un relato bélico.

El coronel Hans Von Luch parece escribir esta obra, casi cuarenta años después del fin de la contienda, para reconciliarse consigo mismo, con los soldados y suboficiales y oficiales a sus órdenes, y en cierto modo con la historiografía oficial. Ello no obstante, es de destacar la sinceridad del autor: junto a un rechazo expreso y constante de la figura de Adolfo Hitler (como jefe superior de la organización militar, estratega y figura preeminente, por encima incluso del jefe del Estado Mayor alemán; pues se cuida mucho el autor de recordar que él como la mayoría de oficiales, y suboficiales, y soldados de la Wehrmacht desconocían lo que sucedía en los campos de concentración; no es menos elogioso el trato hacia el general Rommel; junto a la crítica directa a Goering y Goebbels, el retrato admirativo de Gunderian, o Gause, general adjunto a Rommel.

El autor formaba parte de las unidades blindadas que el 1 de septiembre de 1939 entró en Polonia, y combatió luego en la cómoda toma de París, sirvió junto a Rommel en el desierto luchando en el Alamein, y antes en Rusia, donde la guerra relámpago se convirtió en un atasco logístico fenomenal, y más tarde, al final, en Normandía donde con las ya diezmadas unidades alemanas intentó detener la brutal e imparable ofensiva anglo-americana, fundada en una superioridad brutal de la artillería y la aviación, como con desconsuelo relata el coronel; siendo finalmente trasladado al frente oriental, donde cayó preso de la URSS hasta su liberación en la Navidad de 1949, tras varios años en campos de concentración y de trabajo soviéticos.

Editorial Tempus nos trae esta obra, un clásico de la historiografía de la segunda contienda mundial, en edición de bolsillo, colección “Historia Militar”. Muy buena edición ha resistido las largas horas de lectura, en la orilla del mar, casi a cualquier hora, hasta su fenecimiento.

Extraordinaria lectura. Lástima que en el último capítulo mi espíritu se fue a nuestros héroes del Semíramis,  a quienes ya dediqué una entrada, cuya historia relató Torcuato Luca de Tena. Ellos, leales, no disfrutaron de ninguno de los pequeños privilegios que los soviéticos – dentro de su inhumana crueldad – concedieron a Von Luck y los soldados alemanes.

El relato es soberbio y nos ofrece una visión muy clara y real de lo que fue la guerra para un militar alemán, leal a su juramento, que es lo que se pide a un soldado, de cómo vivieron los tiempos de la imparable victoria que anunciaba el Reich milenario, y cómo fueron cediendo lentamente al principio, drásticamente al final, al avance decidido de los Ejércitos aliados.

¡Recomendable! Ya espero con ansia el momento de volver a ver a mi buen amigo Juan Ignacio C.P., y darle el abrazo de quien valora las maravillosas horas de lectura – conocimiento y placer – que recibió en forma de libro.

 

El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald

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“Y así seguimos adelante, botes contra la corriente, empujados sin descanso hacia el pasado”. Con esta sentencia cierra Fitzgerald está fantástica novela corta que, al decir de la crítica, constituye un retrato de al Jazz Age, esa generación de americanos que vivió a todo trapo, engreída de sí misma, vacía, huera, preocupada sólo en el dinero y ocupada en la apariencia, esa generación que fue del Oeste al Este, arremolinada en Chicago o en Nueva York, la misma generación que años más tarde bebió los amargos jugos de las Uvas de la Ira, y emprendió su camino de vuelta, del Este al Oeste ¡Pareciera que son dos entregas de una misma saga! Dos caras de la moneda capitalista. 

Hacía años que no disfrutaba con esa pléyade de autores norteamericanos de inicios del sigo XX, que conocí, ¡como tantas otras cosas!, tan tarde. Este Gatsby llegó a mí, sin quererlo ni buscarlo, el día antes de empezar el descanso veraniego, tras brutal incursión en una gran librería en búsqueda de lecturas infantiles para mis hijos. Lo confieso. Reconozco mi debilidad. Imposible entrar en librería y salir vacío de manos. Sería como salir vacío de alma.

Extraordinaria novela. Obra maestra. Se percibe en la primera hora de lectura. Repleta de ironías, juegos malabares, constantes idas y venidas en el devenir de una historia, la del gran Gatsby, ejemplo de ese self made man, sin muchos escrúpulos, que se “reinventa” cada día en la soledad de la muchedumbre. Una historia normal sin héroes ni villanos, que te deja un mal regusto moral pues la virtud no resplandece, pero que es fuente de meditación y reflexión sobre ese way of life americano que se nos ha metido hasta el tuétano de nuestro renqueante esqueleto moral.

No he estado en Chicago, ni en Nueva York, ni en el Long Island de inicios del pasado siglo, pero esa punta de lanza del imperio norteamericano que ha sido el cine y la televisión me permiten, como permitirán a cualquier lector, esperar al protagonista en la puerta del Plaza, o cruzar Central Park; casi como si se nos hablara de la Gran Vía, la Castellana o la Diagonal.

Imprescindible en toda buena biblioteca. Y apto para todos los públicos. Buena lectura!

Final feliz

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Hoy es 6 de agosto y la Iglesia Universal celebra la Transfiguración del Dios Hijo en el Monte Tabor. Para los no expertos en la vida de Jesús o los que han olvidado por el paso de los años, Jesucristo, camino de Jerusalén, donde sabe va a morir, regala a Santiago, Juan y Pedro, sus tres discípulos de las grandes ocasiones, un anuncio de lo que será la contemplación De Dios en la nueva Vida. Una especie de tráiler de presentación de la película más genial, maravillosa y definitiva de Todos los Tiempos. 

Es como si les dijera: la película acabará así, aunque hasta llegar aquí sufriréis dolor, persecución, miedo, dudas, incertidumbre, alguno incluso quizás desesperanza, pena, terror. No tengáis miedo, decía San Juan Pablo II. El Papa Francisco utilizó este simil esta Semana Santa: la Pasión es una película muy dura, ¡la más terrible epopeya de Todos los Tiempos!, pero que sabemos que, en el último momento, da un giro radical y termina Bien. Muy Bien. Porque hay Cruz hay Resurrección. En el Tabor les viene a decir….cuando estéis fastidiados no decaigáis…pensad en el final.¡ Happy end!

Pues bien…salvando las distancias y con todas las reservas… valga el símil para eso que algunos hace ya más de cien años dieron en llamar el problema catalán, y que no era sino el problema de España, de una España que prefirió tener problemas no siendo fiel a sí misma. 

Celebramos ahora los 25 años de los Juegos Olímpicos en Barcelona. A muchos nos fue permitido ver un final feliz. El Estadio Olímpico, ¡Barcelona!, ¡Cataluña!, ¡qué digo yo! España entera vibrando bajo un solo himno, y una sola bandera. Ante las imágenes de televisión mis hijos estos días preguntaban si eso había sido en Barcelona…¡Por supuesto! Yo estuve ahí como tantos otros. Ondeé la enseña nacional. Y no he dejado de hacerlo, a diferencia de algunos otros. 

La batalla es dura. Desde entonces el separatismo no ha dejado de crecer. En el camino, traición, deserciones, cobardías, miedos, dudas, incertidumbres, incluso algunos desesperanza, persecución, cordones sanitarios, conflictos sociales, ruptura, desunión. También como entonces hay quien cree que es posible salvarse lavándose las manos, o cambiando personas. La batalla es dura. Pero hemos visto cómo acabará este horrible largometraje llamado “odio” si somos leales y abrazamos con alegría ese camino de Cruz, que no es servidumbre ni es debilidad.

Si nos mantenemos unidos, el final será muy feliz. 

El francotirador, de Chris Kyle

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Llega ya el exigido descanso veraniego y hay que ir liberando la maleta de lecturas, apurando todos los libros iniciados en este último trimestre. Dejen salir antes de entrar.

Acabo de cerrar la última página de este "El francotirador". Excepcionalmente, traigo aquí la lectura de un "no clásico". Llegó a mi mesita de noche, quizás, al ver mi santa que veía y revisaba, de forma enfermiza, la película que con el mismo título se llevó a la gran pantalla.

Cuenta la historia de quién dicen fue el más legal francotirador de la historia de los Estados Unidos, con 160 muertes confirmadas.

Mi vieja y frustrada vocación militar sale a flote por segundos. Aunque está claro que no me hallo entre los mejores. Los mejores son ellos, los soldados, que de forma callada, con malos salarios y sin reconocimiento -cuando no rechazo – social, saben cumplir su misión y se juegan la vida por todos y cada uno de nosotros, haciendo cada día con su diana y su silencio, su sangre y su sudor, un poema de rimas infinitas.

Que nadie busque bellas palabras ni una coherencia en el texto. No hay literatura en las letras pero hay arte vital en lo que se esconde.

Libro imprescindible para comprender cómo piensan y cómo viven los soldados
Americanos: sus motivaciones, su vida, su desolación en la vuelta a casa, los sagrados lazos de la camaradería en combate.

Kyle repite su trilogía: Dios, patria, familia. No hace poco fue consigna juvenil en España y en Europa entera. Kyle puede ser muchas cosas dice su mujer, pero es sincero, y ama a su familia.

El libro a modo de autobiografía, se centra en el protagonista y sus acciones de combate pero se adentra profundamente en las crisis familiares que golpearon su matrimonio tras cuatro enganches y vivir permanentemente con estrés del combatiente.

Parte de los ingresos del libro va a ayudar a combatientes americanos, heridos de guerra.

Buena lectura veraniega. Más de montaña
quizás, aunque el protagonista es un SEAL, unidad de la Armada.

Madrid no huele a 💨

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Un buen amigo, compañero de insurgencias en favor de la legalidad, Carlos, dice que cuenta el tiempo por semanas. Que es como decir por domingos. Ocho domingos faltan para esa broma de mal gusto, esa mosca cojonera, esa pesadez, esa ruindad, esa agresión sin motivo, ocho domingos para ese nuevo intento de formalizar un guerracivilismo entre catalanes, de enfrentarnos con la coartada de unas urnas, urnas encanalladas por el sofisma, urnas ilegales que son las azadas del siglo veintiuno, las azadas que pretenden arrancar Cataluña de su raíz, de su ser, de su vivir y su sentir.

Jornada en Madrid.

Madrid late, al parecer, sin embargo, indiferente a todo esto.

Madrid no huele a humo, ni a pólvora. El alcalde de Móstoles no dicta bandos.

El soberano se va de vacaciones, al parecer. Atocha hierve y la Carrera de San Jerónimo se vacía. El calor es de sol, no de fuego.

Madrid no huele a humo. Ocho domingos. El tren va lleno. Nadie agita banderas ni entona bellas consignas que exalten el espíritu.

Es la misma gente que esta mañana atestaba la Estación de Sants. La misma gente llena de ilusiones, proyectos, sueños, miedos, alegrías, la misma gente que va y que viene, porque ESPAÑA es un camino de ida y vuelta.

Ocho domingos. Madrid huele a verano. España, de ida y vuelta.

Santa Ana

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Mañana fresca en Barcelona. Ayer llovió. Ayer despedimos al Rector de la Universidad Abat Oliva, San Pablo CEU, Don Carlos Pérez del Valle, en una cena magnífica, a cubierto de la gota caliente y perturbadora. Gracias Carlos, y suerte, y ánimo, y vista, y al toro, y gracias de nuevo por tu labor. Carlos Pérez del Valle, maestro de juristas.

Ayer llovió y por la mañana florece el día. Santa Ana. Cogemos el teléfono y de forma metódica felicitamos a la larga lista de Anas y Joaquines que tenemos en la agenda. Con cada mensaje un recordatorio.

Me paro individualmente en cada uno de ellos. No puedo ni quiero ser injusto. Recordaré a Joaquín González, amigo, recién casado que será padre bien pronto, que me regaló un libro del que daré buena cuenta este verano porque la vida es así de injusta y uno no da para más.

Pero soIMG_3030bre todo he de recordar y detenerme en mis dos Anas. Hija y esposa fiel. Motor y alma de mi vida, o de mis muchas y malheridas y malvividas vidas. Heroínas, princesas, reinas y hadas de mi país de ensueño. Preciosas, alegres y simpáticas. Esforzadas y decididas, valientes y sacrificadas.

Al llegar a casa preguntaré: ¿eres feliz Ana? Mi felicidad estará en su respuesta.

 

Día de los abuelos

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No caeré en esa ordinariez de afirmar que todos los días son de los abuelos y que los abuelos no precisan ningún día en especial para ellos. En realidad, no tengo muy claro que ningún colectivo, en plan genérico, se merezca un día especial pero tampoco que no se lo merezca. La salvación y la condenación son personales, íntimas. La salvación y la condenación, como el testamento, son actos personalísimos.

Hoy no es el día de los abuelos. Hoy se celebra San Joaquín y Santa Ana, que curiosamente, ¡oh caprichosa Providencia!. eran los abuelos carnales de Jesucristo, padres de la Virgen María. Hoy la Iglesia los recuerda y celebra, rememora su Santidad y su participación inestimable en el Misterio de la Redención.

De ahí a lo de “el día de los abuelos” hay algo más que un paso; resulta un tanto bochornoso.

Hac949-2-cuentos-infantiles-de-abuelos-y-abuelase ya algo más de un mes se murió mi abuela, María Asunción. Y no le dediqué ni unas líneas en este blog. Mea maxima culpa. Ella sí es merecedora no de un día, sino de millones de días; tantos como su corazón palpitó al ver nacer a un hijo, al verle andar, y caer, y levantarse, tantos como las veces que los cogió de la mano para alzarse de nuevo; tantos millones de días como las veces en que sonrió a uno de sus nietos, o bisnietos, o suspiró recordando a su marido, fallecido hace siglos ya. A ella mi oración, mi recuerdo, mi respeto, y mi admiración, a ella mi mirada en este día de San Joaquín  y Santa Ana.

La gente por whatsapp felicita a sus abuelos sin saber por qué. Sin saber, sobre todo, que gracias a sus abuelos, a su trabajo, a su tesón, a su sacrificio, pueden ahora permitirse el lujo de tocarse el ombligo a dos manos. Un abuelo es la Historia del Mundo en tres dimensiones.

 

 

 

Nada puede mejorarlo

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Avignon. Un pequeño hotel remetido en un viejo edificio. Cuarta plan sin ascensor; en una caracoleante escalera que agranda los escalones a medida que se alza del suelo. Dos habitaciones por planta. El sol de la mañana golpea con fuerza en esta parte de Francia, que es muy romana y muy mediterránea, vamos, que es muy española y muy universal. Salgo a correr por la muralla. El Ródano, gigantesca masa de agua en calma. El sol, naciente y doliente, alumbra las torres más altas del Palacio. Es la misma luz que emocionó a Van Gogh, y a Renoir; el mismo sol de Sorolla, en cambio.

Al caer la tarde, paseo por la Rue de la Republique. Avignon rezuma. Pequeños artistas salen a la calle. Dibujantes, galeristas, guitarristas, cantantes, danzarines, hasta dos negros de Harlem que bailan claqué.  El paseo principal se desborda de gente. Las terrazas llenas de turistas – la mayor parte franceses – que mantienen conversaciones calladas al calor de una cerveza bien fría. El sol va decayendo pero ilumina ahora toda la fachada principal del Palais des Papes.

IMG_1139También la luz ilumina la Cruz, y bajo la cruz, el discípulo joven y fiel. La torre de la Catedral coronada por el Corazón Inmaculado de María. El conjunto resulta realmente impresionante y es un resumen muy pedagógico de nuestra fe y nuestro modo de vida; que es como decir de nuestros amores. Es la Francia católica; la Francia de Clodoveo, de Juana de Arco, de San Martín de Tours, de la Vendée, la Francia de Santa Teresita, de Lourdes y del Santo Cura de Ars. La Francia auténtica que se desangró de muerte real en la muy tolerante, fraterna, igualitaria y libertaria revolución jacobina. De aquellos polvos..

Avignon de noche es una ciudad que se muere de fiesta. En una antigua y desacralizada iglesia románica medieval, desamortizada y requisada por la tolerante, igualitaria y fraterna revolución jacobina, mi alma y yo, presenciamos un espectáculo de cante y baile flamenco realmente extraordinario. “¡Avignon es Europa!”, grito. Mil quinientos años de Europa nos miran desde la bóveda. Y allí, en el escenario, veo a Lorca que se muere desgarrado, en sudor y sangre. Propongo batirme en duelo frente a quien diga que no somos Europa. Europa es nosotros.

La guitarra, muy española y muy europea, cierra la velada. Caminamos de vuelta al hotel, con el corazón encogido. Mi alma y yo. ¡Europa, Europa!

Esta Europa que se hizo en Avignon es una Europa de juglares, de guerreros, de pintores y músicos, escultores y poetas, una Europa de mercaderes,  de santos; de juglares pobres, de guerreros pobres, de mercaderes pobres, de santos muy pobres.

He conocido y recordado la Francia católica y me gusta más que la de la tolerante, libertaria, igualitaria y guillotinesca revolución. De Maistre se abraza a Donoso ante la mirada triste de Tolstoi. Los tres magníficos (Chesterton, C.S.Lewis y Tolkien) sonríen.

Y yo miro, y me siento feliz, nada puede mejorar estos días. Unido a mi alma. Como siempre, me lleno de buenos propósitos. Amar, amar, amar.

 

Avignon, Palais des Papes

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Dos ojos abiertos al mundo. Palacio de los Papas, de Avignon. Europa misma labrada en piedra. Construido a partir de 1335 en menos de veinte años, es principalmente la obra de dos Papas constructores, Benedicto XII y su sucesor Clemente VI, y configura el mayor monumento gótico de Europa en superficie de planta. Mis primeras impresiones al ver el Palacio…quien no ha estado en Avignon no puede hablar de Europa. Europa se amasó tras las murallas de esta ciudad, rodeada por el Ródano, ciudad de artes y letras, espadas y cruces.

Mea culpa porque me he pasado más de veinte años hablando de Europa sin haber visitado Aviñón. El Palacio, verdadera fortaleza de Góndor, se me apareció como la expresión más pura del esplendor de la Iglesia en Occidente. Más que un Palacio, a pesar de la denominación, es un enorme conjunto arquitectónico donde se unen el Cielo y la Tierra: palacio, fortaleza y catedral. Un lugar donde efectivamente uno imagina al Santo Padre, mitad monje y mitad soldado, como noble entre nobles, primus inter pares, combatiendo hoy a favor, mañana en contra, del Rey de esa Francia que en Poitiers inició lo que en Granada terminaron los Católicos Reyes de España.

San Pedro del Vaticano y su Renacimiento y su Barroco no hubieran podido ser sin este austero y gótico Palais des Papes. Papas, los de Avignon, obispos de Roma sin Roma, pero más universales que nunca. Mientras hace unos días paseaba por sus empedradas calles y fotografiaba esta maravillosa escena de ese colosal patio interior pensé: cuando Schmitt escribe su “catolicismo romano y forma política”, debía pensar en los papas de Avignon, sin duda.

Obliga a releer a Schmitt imaginando al Papa defendiendo la Cristiandad desde la torre principal o caminando absorto en este patio contemplando las maravillas De Dios.

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