Libres e iguales…pero sobre todo dignos

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Afirma Santo Tomás que la verdad existe de forma evidente pues quien afirma que la verdad no existe en realidad reconoce que la verdad existe ya que afirma como verdadero que la verdad no existe.

No se trata de un sofisma. Se trata de un argumento implacable que podemos y debemos arrojar con sonriente violencia argumental contra todo el elenco de frases hechas y de filosofía barata que recorre nuestras redes sociales, nuestros periódicos y, por desgracia, nuestros parlamentos: el sexo existe, la libertad existe, el amor existe, la familia existe. Con ingentes cantidades de dinero se riegan parlamentos, periódicos y redes sociales destinadas a destruir una concepción del Hombre como un ser digno, libre, creado por Dios a su imagen y semejanza.

1493139901_409599_1493140156_noticia_normal.jpgObjetivo: el hombre, privado de esa trascendental dignidad, es un títere en manos de cualquiera que quiera aprovecharse de él: poderes económicos, políticos, culturales. El hombre, privado de ese otrora denominado valor eterno, es uno más: un contribuyente, un votante, un borrego amansado, un dato estadístico susceptible de “ser cocinado” por la Administración, los partidos, los grupos de presión o las grandes medios de masas.

Quien no vea este enorme, gigantesco, universal programa de ingeniería social, moral y cultural, deténgase de modo inmediato: forma parte del programa. Acuda de modo urgente a desprogramarse. Si no su vida, su vida auténticamente humana, corre riesgo de perderse en cuestión de minutos…

 

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Nada que os divida

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Es secularmente la famosa la expresión de San Francisco de Borja al ver el rostro ya consumido de nuestra emperatriz Isabel de Portugal: “no más servir a Señor que se me pueda morir”. Todo un Tratado de Ciencia Política y de Antropología moderna, que al fin y al cabo es lo mismo, pues a un concepto de hombre le corresponde un concepto de lo político y de la Política: ¡qué pena ver a los hombres enzarzados en encarnizadas luchas para alcanzar el poder en los partidos políticos! ¡Qué ceguera intelectual y moral la que les lleva a confundir lo pasajero, lo caduco, lo partidista con la grandeza del Estado, del servicio público y del Bien Común!. El Hombre, por la Dignidad que le fue ganada en el Gólgota, a precio de sangre, no ha de servir a nada ni a nadie caduco o susceptible de corrupción, pues la medida del hombre la da aquello a lo que sirve y entrega su vida. ¡Cuánto más alto y generoso sea su Ideal, más digna, completa y libre es su Vida!

Traigo aquí otro aforismo que, en mi opinión, ha de iluminar el recto pensar y obrar humano y político: “que nada os divida”.

Los grupos humanos son tanto más fuertes cuanto más unidos están. No resulta difícil probar esta afirmación. Basta comparar un matrimonio donde marido y mujer se aman, viven y luchan en mutua entrega y correspondencia por ser fieles, con un matrimonio donde la división ha germinado. Basta comparar una familia donde los padres aman y respetan a los hijos y éstos, a su vez, aman y obedecen a sus padres; con una familia donde padres e hijos viven en permanente enfrentamiento. Lo mismo podría decirse de cualquier grupo humano, del que se puedan predicar los tres elementos esenciales que descubrimos en los ejemplos que he ofrecido, y que afectan a su nacimiento, a su desarrollo y a su motivación:

En su génesis, los grupos humanos fuertes se caracterizan porque no se basan ni exclusiva ni principalmente en la voluntad de sus miembros. Ciertamente, el matrimonio se sustenta en el consentimiento de los cónyuges, pero en modo alguno es su exclusivo fundamento, y ni mucho menos, se halla en su origen: la atracción, la curiosidad, el afecto, la atracción sexual o el misterio son elementos aún más determinantes que el mero consentimiento. El consentimiento de los cónyuges es la rúbrica imprescindible que ata con fuerza jurídica la unión espiritual previa. Convertir el matrimonio en mero consentimiento es privarle de su elemento mágico o misterioso, que es lo más atractivo.

En su desarrollo, los grupos humanos fuertes se sustentan en la defensa a ultranza del principio de unidad: el matrimonio o la familia son instituciones fuertes porque se sustentan en la unidad de sus miembros; o lo que es lo mismo, su desarrollo y pervivencia no depende ni exclusiva ni principalmente de la individual decisión de sus miembros sino en la medida que la voluntad de sus miembros se dirige a mantener la unidad. Cuando marido y mujer toman de forma más o menos constante decisiones que les alejan o separan, el matrimonio tiende irremediablemente a la ruptura, y con ello, a su desaparición, destrucción o corrupción, como el rostro de la Emperatriz Isabel. Cuando el grupo humano se despreocupa de su unidad, el enemigo siembra la discordia, y siendo débil la naturaleza humana, fácil será su victoria.

En su motivación, los grupos humanos fuertes descansan en el hecho indiscutible de que los motivos o motivaciones de sus miembros no son ni exclusiva ni principalmente el motor de sus actuaciones. Los miembros de ese grupo deciden voluntaria y libremente, en su génesis y luego de modo constante y continuado para asegurar su permanencia, renunciar a sus personalísimas aspiraciones, ofreciendo su libertad en beneficio del grupo. El grupo, de esta manera, adquiere vida propia, distinta de la de sus miembros pero no enfrentada, sino de algún modo misterioso superior.

Como se ve, por tanto, la fortaleza de cualquier grupo humano no se sustenta ni exclusiva ni principalmente en la decisión unilateral de sus miembros sino en la libre decisión de sus miembros de permanecer unidos en pos de la consecución de un fin propio del grupo, y distinto del de sus miembros, que aparece de modo misterioso en el tiempo.

En fin, por tanto, la fortaleza de un grupo humano no se halla en la fuerza obligatoria de ningún contrato, sino en la fuerza expansiva del principio de unidad. Cuanto más unidos, más fuertes. Cuanto más amor – es decir, más lazos afectivos, sentimentales, culturales, de solidaridad económica y espiritual – más fuertes y más libres. Cuanta mayor es la renuncia al propósito individual, más libre es el sujeto. Es la fuerza del misterio. Paradoja pura.

Cuanto acabo de exponer no es fruto de una concepción ideológica sino la conclusión natural de algo que todos, ¡yo el primero!, y usted, lector, conocen y han experimentado: usted mismo, ¡yo mismo!, considerados individualmente, somos más fuertes y más libres cuando somos fieles a nuestros compromisos como amigos, como hijos, como padres, como esposos, como miembros de una empresa, como vecinos. Somos más fuertes y más libres cuanto más fieles somos a nosotros mismos, y nos mantenemos en unidad con nuestra propia consciencia. Cuando decimos A y hacemos A, somos libres y somos fuertes.

Lógico corolario de lo anterior, es que cualquier grupo humano, si quiere mantenerse fuerte debe, principalmente, combatir todo germen de división. La fortaleza es la libertad del grupo en mantenerse unidos. Y la unidad es garantía de la libertad de sus miembros. La división engendra tiranía. La unidad, Libertad.

Por eso, a mi parecer, una correcta comprensión de eso que llamamos Estado, y que constituye una superior forma de convivencia humana por su complejidad, debe sustentarse en la idea de que el hombre vive en Comunidad.

La Revolución francesa extendió la idea de que el hombre vive en sociedad, considerando que la comunidad política se sustenta única y exclusivamente en un pacto. Si creemos que el hombre vive en sociedad, convendremos naturalmente que el hombre puede decidir no vivir en sociedad, o asociarse con otros, sin más límite que el procedimiento formal de separación de socios. Ya sea una sociedad mercantil, una sociedad civil, una asociación o una sociedad política.

Sin embargo, ello supone aceptar que el grupo humano renuncia a sus fortalezas y que, desde el origen, tiene inoculado el virus de su destrucción, pues habríamos decidido servir a un señor que se puede morir: más aún, que lo podemos matar unilateralmente; lo cual sería aceptar la validez del suicidio como forma de disolución de los grupos humanos; cuestión que obviamente repugna a la más elemental consciencia humana.

Si, por el contrario, consideramos que los hombres, los españoles, vivimos en el seno de una Comunidad Política, y que es en el seno de esa Comunidad donde hallamos nuestra fortaleza y la garantía de nuestra libertad, estaremos en condiciones de entender que cualquier germen de división debe ser inmediatamente extirpado.

Sirva esta larga exposición para entender que los enemigos de la Comunidad Política, desean su división y enfrentamiento, y que no debemos ceder ante la tentación de vivir enfrentados y divididos.

La izquierda política se ha caracterizado por un deseo constante y explícito: eliminar lazos afectivos de la comunidad, destruir toda forma de convivencia humana fuerte y sólida que no esté sometida a sus prejuicios ideológicos y sujetar todo a una planificada organización política en manos de cuadros dirigentes, intelectuales de partido, profesores de universidad. La izquierda sólo admite una forma de organización humana: la que está sometida al dictado de su propia ideología.

Por eso, la izquierda se agarra ahora al feminismo radical: ese feminismo violento que desea la división y enfrentamiento sexual de la Comunidad, de la misma forma que en el siglo XIX se propugnó la división económica de clases. Hombres contra mujeres, padres contra hijas, madres contra hijos, todos en perfecto orden de combate dispuestos a desgarrar la esencial unidad de la comunidad, basada en el amor.

En la división, vence el enemigo de la Comunidad, en la medida que cuanto más débil sea la Comunidad, más fácil será manipularla, dirigirla y corromperla. El ataque es feroz pues va directamente dirigido a fiscales, y jueces, garantía jurídica última del Estado de Derecho.

Frente a ello, hemos de proclamar solemnemente que no cederemos al Odio y a la División y que proclamaremos la grandeza y la necesidad de la unidad espiritual de todos los españoles.

Hoy toca defender a las togas, sabiendo que con ello nos defendemos a nosotros mismos. Mañana será defender, de nuevo, el derecho de los padres a educar a los hijos; y al siguiente, otra lucha. Siempre por la unidad.

Newman, la militancia del converso

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Finalizó el curso escolar. Se anuncia ya el merecido descanso veraniego de tantos padres de familia. Y con ello, la urgencia de ir finalizando lecturas para que las maletas vayan repletos de lecturas nuevas y refrescantes.

La semana pasada cerré este “Newman”; escrito, según me dice mi buen amigo D. Enrique Cases, hombre santo, bueno y risueño, por el mayor especialista español: José Morales.

Con el Cardenal Newman vamos cerrando ese cuadrado perfecto de católicos ingleses que iluminó el pensamiento y la literatura europeas en las postrimerías del siglo XIX e inicios del XX: C.S.Lewis, Chesterton, Tolkien y el Cardenal.

Extraordinaria biografía de John Henry Newman, anglicano militante que, movido por un deseo cierto y constante de vivir su Fe cristiana con plenitud y coherencia, acabó abrazando los brazos De la Iglesia Católica, por ser la verdadera, heredera de los grandes Padres de los primeros siglos de fe cristiana. Newman vivió con austeridad, se esforzó en la defensa intelectual de los principios Cristianos que, desde el liberalismo y desde el marxismo, se veían gravemente amenazados como la Historia ha demostrado.

Se avanzó a muchos teólogos en la defensa firme de que la Fe católica no es que fuera compatible con la Razón, sino que, como diría Chesterton, la única forma razonable de vivir humanamente, es vivir como un cristiano; compatibilidad que sólo es posible desde la primacía de la Fe, que es generosa, humilde, serena, prudente; a diferencia de la Razón, que por ser obra humana, tiende a la soberbia y la codicia intelectual.

Newman fundó su Oratorio en Birmingham, donde vivió Tolkien, movido por un propósito constante: formar intelectuales católicos capaces de competir y combatir con una creciente intelectualidad crecientemente agnóstica, cuando no abiertamente anticristiana.

Newman es el ejemplo del intelectual católico que sabe que la Verdad no es la suma algebraica de opiniones diversas, ni el fruton de un consenso más o menos matizado, ni por supuesto el resultado genuinamente democrático de un procedimiento electoral sino el fruto de un esfuerzo intelectual humilde y constante con la ayuda de la Fe: la Verdad no es sincrética ni pactista. La Iglesia tiene la misión de proclamar, propagar y defender la Verdad, el Bien, la Belleza.

Lectura obligada. Hoy, especialmente recomendada a curas, monjas, monjes, obispos, católicos de trinchera y de primera o segunda línea: retroceder no es una opción, pactar en detrimento de los principios y creencias es un acto de cobardía.

Prueba de ser conservador (5)

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Eres conservador si al perro le llamas perro y al ser humano, ser humano.

Si crees que el ser humano es infinitamente superior al ser perruno.

Y crees que los seres humanos somos personas, y como tales, tenemos derechos.

Y que los seres perrunos no son personas, y como tales, ni tienen derechos ni pueden tenerlos, pero han de ser objetos dignos de protección, como criaturas que son.

Porque el ser perruno es más que una mesa.

En fin, eres conservador si crees que hay un orden natural, que está en las cosas.

Eres liberal si atisbas esta idea pero crees que es mejor que se vote; y aún aceptas que la Ley pueda legítimamente decir que la mesa es más que un ser perruno o que el perro es igual o más que un ser humano.

En cualquier otra opción, las conclusiones me las reservo pues causarían escándalo y me harían luego sentir mal por faltar a la caridad.

Acto Público de Vox en Barcelona. 3 de junio

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Uno de los máximos exponentes de la intelectualidad de izquierdas es, sin duda, Gramsci. Entre sus diversas teorías – que como todo en la izquierda devienen pura praxis – destaca la de la “hegemonía de lo político”. De forma muy resumida, supone que uno de los objetivos de la izquierda – en tanto que ideología – debe ser la supresión de toda forma de organización social y humana tradicional y su superación definitiva mediante el establecimiento de un sistema que atribuya a los partidos la hegemonía de la vertebración de la sociedad.

Así, la familia, los gremios, las corporaciones profesionales, los colegios profesionales, incluso las organizaciones sindicales – salvo las adheridas al conflicto de “clases”, la iglesia, el ejército, el asociacionismo juvenil, todo en fin, debe ser absorbido, dominado por los Partidos. Conseguido ello, el siguiente paso en el proceso lógico es sencillo: cuando el partido alcance el Poder, su Poder será absoluto pues no habrá ya resortes en la Comunidad Política capaces de enfrentarse al poder hegemónico de los partidos.

Nuestra Constitución, por desgracia, en su artículo 6, asume este principio izquierdista atribuyendo a los partidos la hegemonía de la expresión del pluralismo político y en la conformación de la voluntad popular (léase, nacional). Y como siempre, en España, si no quieres caldo, ¡toma dos tazas! Con la sobrerepresentación política que supone el entramado autonómico, se ha multiplicado exponencialmente el poder de los partidos, que ahogan toda expresión sana de la libertad de la Comunidad. Basta ver lo que están haciendo con nuestra Cataluña.

Obvio es que todos aquellos que queremos devolver a la Comunidad Política su auténtico protagonismo y ganar para el Hombre la libertad auténtica y profunda y su capacidad de expresarse hacia fuera – como se es de veras persona; debemos luchar por recuperar la vitalidad de eso que algunos denominaron cuerpos intermedios: la familia, los gremios, las corporaciones y colegios profesionales, entre otros. Pero ello exige alcanzar el poder para luego, deconstruir – asumo a propósito la dialéctica izquierdista – el partidismo y devolver a la Comunidad Política aquello que nunca le debió ser hurtado.

Vox se presenta en Barcelona, el próximo 3 de junio, a las 12 h en el Hotel Barceló Sants, con la intervención De Santiago Abascal, Javier Ortega, Rocío Monasterio e Ignacio Garriga.

Vox es y debe ser la voz de los que no están representados en las instituciones y que, cansados ya del partidismo pactista, quieren recuperar para sí y para sus compatriotas, la libertad: política, económica, social, cultural y moral.

Yo estaré el domingo. Quedan Uds. invitados

Prueba de que eres conservador (4)

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Eres conservador si sufres ante la noticia de un despido laboral, o de la ruptura de un matrimonio, o ante una manifestación separatista, y no le echas la culpa ni al Heteropatriarcado, ni a la Superestructura económica, ni al Anticiclón de las Azores.

Más aún, eres conservador si no sabes qué es el heteropatriarcado, y cuando alguien – aún no ha nacido en realidad, creo – consigue explicártelo, al final de la exposición, sonríes abiertamente y declaras y sientes enteramente heteropatriarcal.

Eres conservador si lo de la lucha de clases para ti es un engaño colectivo; porque entonces no te será difícil ver que el mismo engaño – o peor – es lo del conflicto sexual, y la ideología de género.

¿Será tan difícil exponer con cariño la Doctrina del Sentido Común?

Prueba de que eres conservador (3)

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Si despiertas por la mañana y en algún momento antes de salir a trabajar das las gracias al Cielo por lo que tienes, por esos hijos que te han despertado, por esos desayunos que has de preparar a prisa y corriendo, por esa mujer que se multiplica en función “multitarea” y que llega donde tú jamás podrás imaginar; si das gracias por todo lo que tienes, por la vida, por tus amigos, tus compañeros, la Nación a la que perteneces, y sales a la calle y te sientes miembro de una comunidad, viva, en movimiento; y no tienes ganas de estar votando todo para todo, y aún das las gracias por lo que no tienes, eres conservador.

Si al despertar enciendes la radio y te indignas porque tal o cual político presuntamente se ha apropiado de dinero público o tal o cual empresa se ha visto perjudicada por una decisión administrativa, pero te indignas mucho más porque una multinacional haya trasladado su sede al extranjero perdiéndose decenas de puestos de trabajo, o porque un centenar de miles de mujeres no vean otra salida a su “entuerto vital” que el aborto, o porque se insulte, escupan o quemen los símbolos de tu Nación, eres conservador.

Y me pregunto, ¿no seremos capaces de decirle al vecino: únete?

Se dice que elecciones pronto

Se cuenta en los mentideros de la prensa que el gobierno autonómico en Cataluña durará poco, muy poco, y pronto habrá elecciones. Lo desconozco. Aunque bien es verdad que quitando a Dolça Catalunya pocos medios de información y opinión han acertado en lo tocante a sus previsiones sobre la actuación del secesionismo.

De ser así, deberíamos, entre otras cosas, convertir el proceso electoral en una auditoria del secesionismo y sus propagadores: en el ámbito económico, jurídico, político, sociológico. Y, ahora, en el ámbito moral también y por encima de todo.

Sería una buena campaña empapelar Cataluña con las afirmaciones supremacistas del recién votado Presidente. Cito a un amigo que acaba de escribir: ¿si los separatistas piensan de este modo sobre las diferencias raciales, intelectuales y morales de catalanes y resto de españoles deberían explicarnos el total conjunto de su teoría racial?

Prueba de que eres un conservador (2)

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Si crees que es mejor que el Estado obtenga no más de una cuarta parte de tus ingresos, cualquiera que sea su origen, vía impuestos, puedes ser liberal o conservador.

Serás liberal si crees que es mejor porque tú y el mercado distribuís mejor la renta que el Estado, por definición, incapaz, ineficiente e injusto; y porque calculas qué parte de ese ingreso retorna a ti como beneficio.

Serás conservador si crees que es mejor que no se supere ese porcentaje por razones de justicia material, y porque el resto de tu 75-80% de ingresos lo destinarás a crecer la familia, realizar obras de caridad, contribuir a la solidaridad con los más cercanos a ti, si bien deseas un Estado fuerte que distribuya con rectitud y bajo un orden moral los ingresos que obtenga.

Si crees que es mejor que el Estado obtenga más del 50% de tus ingresos, vía impuestos, eres socialdemócrata; y eres socialdemócrata intelectual, si además defiendes que los que más riqueza generan deben pagar más y los que no generan riqueza no deben pagar nada.

Si crees que es mejor que el Estado haga suyo todo el fruto de tu trabajo, eres, sin más, un absoluto idiota, con tendencia al suicidio, y tienes derecho a nuestra compasión, nuestro cariño, y adecuado tratamiento médico.

Y digo yo…¿será tan difícil que se lo digamos a todo el mundo? ¿Que les digamos que sólo tenemos que dar como máximo el 25% de nuestros ingresos y que a la hora de gastar emplearemos un estricto orden moral? Preguntarán qué es la moral: les responderemos…moral es lo que hace que al llegar la hora de dormir des gracias y te sientas feliz. Inmoral lo que te obliga a alargar la noche con interminables películas o tomar pastillas para conciliar el sueño.

Prueba de que eres un conservador (1)

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Si aquí ves una mesa, y estás dispuesto a defenderlo verbalmente y por escrito, porque SABES qué es una mesa, porque tus padres te lo explicaron, porque todos los días la utilizas para escribir, estudiar, comer, trabajar, eres un conservador.

Si fueras liberal, preferirías esperar a la última encuesta del CIS, para tomar partido. Pero en ningún caso tomarías una decisión definitiva.

Si fueras socialdemócrata, y la mesa de algún modo incomodase tu camino, reaccionarías de inmediato y proclamarías la necesidad de reformular el concepto de mesa, negarías que las mesas existan, e impulsarías, artículos, libros y tesis doctorales que defendiesen la necesidad de eliminar las mesas que no son sino expresión de un Poder ancestral, injusto, de base religiosa, apoyado en la poderosa industria del mueble.

Si fueras de ultraizquierda, quemarías mesas en la calle y pedirías el extrañamiento del concepto del diccionario, iniciado un debate para penalizar el uso de mesas, su difusión y construcción.

Frutos de la deconstrucción.

Pero yo digo….¿por qué no nos unimos de una vez por todas todos los que sólo vemos una mesa!!??