Sin Ley

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Ya no recuerdo cuál era la llamada Ciudad Sin Ley; ni siquiera sé si tenía nombre. Recuerdo ligeramente la película. Da igual, simplemente es una excusa para adentrarnos en el tema.

La cuestión de fondo (no es que sea especialmente profunda) de las últimas semanas se dice que es: ¿existe democracia al margen de la Ley? ¿Es democracia el mero hecho de votar? Es un debate de distracción a modo de bote de humo, porque lo que de verdad se esconde es el hecho esencial de que el sustrato ideológico del secesionismo catalán es la negación de la Ley como fuente del Derecho.

El separatismo lleva años difundiendo esa convicción, que no es sino la máxima expresión de una forma radical de entender el liberalismo moral: la Ley no es fuente del Derecho, la única fuente del Derecho es la voluntad del pueblo en cada momento dado. El separatismo, además, define voluntad, define pueblo y define momento, a su discreción. Eso es jugar con las cartas marcadas.

Al no haber Ley ni reconocerse la misma como fuente del Derecho, esa “voluntad” se ha de expresar necesariamente sin procedimiento, sin forma, sin garantías, sin posibilidad de tutela judicial, de recurso o impugnación; sin definir qué o quién es el sujeto activo del derecho  (léase la brutalidad jurídica y moral del censo universal, así, a bote pronto, incluso iniciada la pantomima del 1 de octubre).

Lo del 1 de octubre ha sido su máxima expresión, pero quizás no la última. No es que el separatismo defienda que “la democracia” entendida como el capricho artificioso de la papeleta y la urna está por encima de la Ley, es que el separatismo no cree, no acepta la Ley como fuente de derechos y obligaciones, como marco de convivencia.

Para el separatismo la Ley es un obstáculo. Por eso aprueban una Ley de transitoriedad que expulsa el Estatuto de Autonomía y una Ley de referéndum, y luego voluntaria y arbitrariamente deciden no aplicar su propia Ley aprobada. Dicen que todo empezó (qué excusa más banal) por la STC que anuló casi imperceptiblemente el Estatuto de Autonomía del 2006 y su objetivo explícito es acabar con ese Estatuto de Autonomía.

Conviene repetirlo constantemente. El separatismo odia la Ley porque la Ley es expresión de un orden político y moral.

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El que no entendió esto sigue proclamando en las aulas y en los Consejos de Ministros la vigencia de Kelsen, del principio de jerarquía de las normas, y de la supremacía normativa de la Constitución; y sigue creyendo que el separatismo habla el mismo idioma y se sujetará al orden constitucional: aún alguno habrá que “no comprende” que un cuerpo policial haya desobedecido en pleno la decisión judicial del Tribunal Superior de Justicia.

Sólo el que entienda que el separatismo enterró a Kelsen y a la Ley hace ya muchos años, podrá combatir adecuadamente la perversión jurídica y moral y el relato débil del “votarem”. Escribo esto porque leo que todos quieren hablar con Puigdemont.

Les animo a que al verle le pregunten: ¿usted, Sr. Puigdemont, en qué cree? ¿qué Ley es norma de su vida? Luego, sírvanse una cerveza…y esperen.

 

 

 

 

 

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La astucia es inmoral

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Sé que no está de moda hablar de moral. Pero  sí lo está hablar de astucia. “El Astut”, así se apodó el político que se enfundó en la ignominia y la mentira. Antes de disfrutar de la maravillosa cacerolada de este lunes día 2 de octubre arropaba a mis pequeños, y según mi costumbre, acompañaba su duermevela con lectura en voz alta. Ahora disfrutando de “Las pequeñas virtudes del hogar”, de Georges Chevrot.

El autor, a propósito de la maravillosa afirmación de Jesús de Nazaret: “que tu sí, sea sí, que tu no, sea no”, añade: “en efecto, no es posible la vida social sin poder confiar en las declaraciones de los demás. Engañar a uno es tratarle como enemigo y al mismo tiempo es deshonrarse y hacerse indigno de toda confianza… Nada de engaño ni de astucia. Donde reina la mentira, puede que exista una apariencia de hogar, pero está pronta su ruina”.

La astucia como equivalente de engaño, de insinceridad, de inmoralidad; acto contrario al Bien y a la Verdad, que daña la convivencia, agrieta el mutuo respeto, lleva a la desconfianza. La astucia de “el Astut” se ha convertido en ideología, en teoría y en praxis. ordenacion-obispo-Xavier-Novell-1

El separatismo ha hecho de la astucia, el engaño, la insinceridad, su forma de obrar en política, con la necesaria cooperación en la inmoralidad de una prensa ignorante y acobardada que olvidó que su libertad se sustenta sólo en el derecho de los españoles a una información veraz: así, se convierte en algo democrático lo que constituye un delito de atentado o resistencia y desobediencia a la autoridad.

Puede así crearse apariencia de hogar, pero está pronta la ruina. Ahoguemos el Mal en abundancia de Bien, que es ahora abundancia de Verdad y de Sinceridad. 

Esta batalla por la libertad no la ganaremos con astucias y engaños sino con Verdad y Sinceridad. Que alguien se lo explique al Obispo Novell….por favor.

 

La cacerola

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Acabo de acompañar a los niños a la cama. Mañana huelga general, lo cual significa que los de la estrella ruín nos marcan la agenda, otra vez, con la pasividad de un Estado (en su totalidad) que olvida que los derechos que hay que garantizar son los de los que trabajamos honradamente y cumplimos la Ley.

Empiezan las cacerolas, justo a las diez. Cinco contados, pero ruidosos, molestos, nocivos, insalubres, peligrosos. Tienen las cacerolas y sus titiriteros todas las cualidades de aquello que, desde siempre, se ha considerado nocivo para la buena vecindad, contrario a la buena fe y al orden público. Irritan y generan de forma natural una querencia a la violenta reacción: el clásico “métete la cacerola donde…”. Al final el otro aparece como el violento pero les puedo asegurar que no hay nada más violento que un desalmado con cacerola. 1865-5432d11942c5e

La cacerola es este separatismo catalán. Bajo la capa – mediática para el espíritu débil – de algo inofensivo y popular, la cacerola es molesta, perjudica nuestro sueño y la tranquilidad familiar, y crea la sensación de que son más los que golpean con saña y sin ritmo que los que arropamos con amor a nuestros hijos intentando mantenerles al margen de la triste realidad, protegiendo su inocencia.

La cacerola no es inocente. Es molesta, nociva, insalubre y peligrosa.

La oración, camino de amor, de Jacques Philippe

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Desde hace ya un tiempo considerable, quizás seis o siete años, tengo dos costumbres que respeto casi invariablemente en términos de literatura: la primera regla, consiste en mantener un cierto ritmo y compás en la lectura para dar armonía; esto es, combinar de forma consecutiva o, incluso, simultánea, una lectura sesuda en materia jurídica, política o filosófica, con otra menos seca y más ligera en el amplio ámbito de la novela, el cuento, el relato corto, el teatro o, incluso, la poesía, aunque menos; y una tercera lectura, para los momentos de sosiego, de carácter espiritual; la segunda regla, consiste a su vez en añadir a esta tríada un cuarto libro que leo, en voz alta, a mis hijos, en el tiempo de duermevela que precede al sueño profundo.

Esta segunda costumbre, convertida en regla por la fuerza del pueblo en armas (¿qué no son sino los niños en orden de combate en el pasillo?) que inicié con El Hobbit y la trilogía mágica de El Señor de los Anillos, la continué con El sobrino y el mago, y luego con unos Sawyer y Quijote inacabados; cuestión quizás de la inmadurez de los pequeños.

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El último trimestre uní ambas costumbres y la lectura espiritual devino lectura familiar colectiva. Sentado en el pasillo, luces apagadas, las puertas de las habitaciones abiertas, agotado – a veces rendido – del día intenso, leer a los pequeños es como un revulsivo último para soportar los últimos estertores del día. Así, primero fue la Historia de un Alma, de Santa Teresita de Lisieux y luego este Oración, camino de amor.

El autor, un fraile francés, se ha convertido durante este año 2017 en mi principal compañero de correrías espirituales, son su “Libertad interior”, su “Paz interior” y ahora este “Oración, camino de amor”, todos editados por Patmos con la clásica sobriedad, sencillez y suficiencia, pues no es libro de erudición sino de reflexión, meditación.

Fácil en su lectura y en su comprensión, la estudiada edición permite ratos de 10 o 15 minutos diarios. Suficiente para que mis hijos desconecten del mundanal ruido y conecten, lo sé, con ese otro mundo mejor que se nos tiene preparado.

Estructura del Estado de Derecho y derrumbamiento del segundo Reich, de Carl Schmitt

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 Vuelvo a casa en tren. Se termina ya el descanso veraniego. Se consuma la debacle y hay que volver a casa y convivir con los de la ruin estrella de cinco puntas. Apuro en el coche número dieciséis las últimas líneas de este trabajo de Carl Schmitt, editado por Editorial Reus en su colección Scientia Iuridica 1 y, lo digo con todo el cariño, graves problemas de traducción y edición, pues en muchas oraciones no hay concordancia entre sujeto y verbo o en el simple uso del masculino o femenino.

Obra muy técnica, Schmitt explica la contradicción interna existente durante el Segundo Reich ( el Rey Guillermo, Bismarck, Albrecht von Roon) bajo el dominio de Prusia, entre el incipiente Estado de Derecho liberal-burgués, que apadrinaba una Constitución formal de Alemania, y lo que Schmitt denomina Estado militar del soldado, desde la concepción conservadora de la Constitución material de Prusia como nación que se sabe servidora de una misión universal.

Carl_Schmitt_als_Student_1912-554x446 Brillante como siempre Schmitt golpea con dureza en los cimientos mismos del régimen liberal de partidos que no sabe cómo explicar con sentido unitario y resolver en sentido práctico la sustancial disensión que el estado de partidos crea en la dirección, gestión y administración de la vida del Estado.

Mientras escribo estas últimas líneas y me acerco a casa pienso en la utilización vil de los atentados terroristas islamistas sufridos en Barcelona y Cambrils este verano por parte de los partidos políticos secesionistas. Toda oportunidad les parece buena para socavar la unidad moral y política, cualquier medio les parece adecuado; la mentira al servicio de un resultado.

Así cayó la Constitución de Weimar. Acuchillada por sus supuestos y públicos valedores. Pienso en la Constitución del 78. ¿Estamos presenciando sus últimos esfuerzos por sobrevivir?

Nuevo diario en la Red: El Catalán.es

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Con toda seguridad, muchos de Ustedes no conocen “El Catalán.es”, nuevo periódico digital que amaneció hace poco y empuja con fuerza bajo la dirección y liderazgo de Sergio Fidalgo, periodista, y muchos otros valientes que dedican, como siempre, tiempo y dinero a un proyecto editorial contracorriente: el diario de la Cataluña real, se dice, y ciertamente sus informaciones, artículos de opinión y referencias de todo tipo son de aquellas que, por desgracia, no vemos ni leemos en los “mass-media”.

logo-cuadrado-768x768Les animo a que entren en su web, lean, y si les parece que coincide en todo o en parte, en poco o en mucho, con la realidad que vivimos los catalanes, pues sigan en redes sociales, apoyen y difundan este proyecto de libertad y de amor a Cataluña, la Cataluña real, y por ende, muy hispana.

Para muestra les dejo la editorial post aquelarre separatista-proislamista del pasado sábado:

“La Repubblica ha titulado en portada la crónica de la manifestación antiterrorista del sábado “El nacionalismo, sin solidaridad”. La foto que acompaña el titular no es de las autoridades políticas que acudieron a la concentración, en ella se ven militantes secesionistas con pancartas y ‘esteladas’.

Esta es la visión que ha tenido de la exhibición separatista del sábado uno de los medios de comunicación más influyentes de Italia. El secesionismo, al pasarse de frenada usando una manifestación que debía de ser solidaria para sus fines propagandísticos, ha cometido un grave error. La opinión pública internacional ha visto de lo que son capaces.

Es el “todo vale” para la propaganda secesionista. Aunque sea a costa del dolor de las víctimas. Muchos en el exterior han tomado nota. Ya era hora de que se dieran cuenta”.

El mundo de ayer, de Stefan Zweig

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Zweig se ha metido en mi vida a golpes y sorpresas. Y se ha metido, como Jesús en la boda de aquellos amigos suyos en Caná, casi sin quererlo, y dejando lo mejor para el final. Quienes siguen este blog saben que son varios ya los relatos y novelas del autor austríaco que he traído en los últimos años, todos ellos llenos de una claridad expositiva, de una belleza en el lenguaje, y en los temas, de ese ritmo que sólo tienen los escritores geniales, que llevan música dentro.

Hoy traigo aquí El Mundo de Ayer, esa especie de autobiografía parcial que – cuenta la historia – Zweig escribió en su exilio de la Alemania nacionalsocialista, con sólo su pluma y su melancolía, sin libros y apuntes escritos a los que acudir en caso de duda, haciendo con ello gala de una más que prodigiosa memoria, y de una cultura enciclopédica; en una breve historia de Europa desde la Prusia de Bismarck hasta la Alemania de la blitzkrieg.

En este testamento vital a media vida Zweig se nos muestra como un gran patriota, un hombre que sabe entender su idea de Patria, como unidad, dentro de la necesaria comunidad de los pueblos europeos, se nos aparece como un hombre con vocación renacentista, en lo que tiene de polifacético, por su no escondido amor por la música clásica, Wagner y Strauss; así como por la pintura; pero sobre todo, se nos entrega como una de las ultimas muestras del genio europeo: un hombre de letras, que no de armas, de arte y cultura, que se reconoce europeo, unido indisolublemente a Alemania, Rusia, Francia, Italia o España por una invisible cadena de lazos de amor y de guerra, de campanarios y altares, de poemas inmortales y ritmos filarmónicos, y precisamente por europeo, muy austriaco, y muy germano.descarga.jpeg

Es uno de los últimos especímenes de la Civilización europea, antes de que la misma fuera aniquilada por el nacionalismo egoísta y la democracia de masas, de esas masas azuzadas en su resentimiento de clase; y que son utilizadas por una nueva clase emergente exenta de formación y educación – los políticos – para mantener una artificiosa tensión social y un constante enfrentamiento entre nacionales, que les lleva al odio, a la división, a la disensión, y, en fin, al enfrentamiento fratricida: Zweig ve claro que las llamadas guerras mundiales no son sino guerras civiles de una Europa liberal burguesa que se desangraba internamente: rechazo a la cultura clásica, oscurecimiento de lo superior que une a los miembros del cuerpo histórico, aparición de ideologías extrañas al sentir europeo, cobardía de las clases dirigentes, advenimiento de líderes carismáticos y masas enfurecidas por el resentimiento de clase, proclamación de dogmas relativos como la soberanía de la mayoría y la supremacía de lo nacional en tanto que particular sobre lo europeo por universal. Su acendrado amor por la libertad individual se deshacía ante los “ismos” tuteladores e idiotizantes, tiránicos y asesinos, en fin.

Tras Zweig y sus compañeros de correrías intelectuales sólo quedó la Comunidad Económica Europea, la Copa de Europa de Futbol, las variadas especies de espectáculos de masas (conciertos de rock, la Fórmula 1,…) y el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Las élites intelectuales desaparecieron y los que apuntaban maneras acababan al servicio de un Partido o trabajando para un lobby, alto mando encubierto del ejército de plumillas, redactores, tertulianos y columnistas que hoy nos invaden con sus “ideas rigurosas” y sus “sesudos análisis”.

Termino de leer el Mundo de Ayer y, como casi siempre, me queda ese repiquetear de campanas: “¿y tú que haces para cambiar esto?”.

 

 

Su Majestad el Rey, Felipe VI

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El atentado yihadista en Barcelona del pasado 17 de agosto nos cogió en el barranco o desfiladero del Ventamillo. Abría entonces yo y disfrutaba las primeras páginas de esos Momentos estelares de la Humanidad de Zweig, en concreto, la caída de Constantinopla a manos de los turcos, mientras la Cristiandad vivía emponzoñada en sus rencillas particularistas; el Imperio Romano caía ante la mirada irónica de venecianos, genoveses y romanos, olvidando su romanidad.

Ha pasado ya más de una semana. Comentarios, consideraciones, resúmenes, opiniones varias se han vertido ya por tabernarios, articulistas, tertulianos, periodistas, mineros, estudiantes, futbolistas, cantantes, taxistas, bomberos, policías, enfermeros, vendedores de flores, y rateros de barrio.

Peluches, velas, muchos “peace” y “amor”, infinita desinformación y utilización interesada, partidista, vil, de las muertes inocentes.

Sobre toda esa insidia, y sobre la vileza moral instalada en mi Barcelona, mi Cataluña, mi España, emerge – debo decirlo –  la figura de Felipe VI, Su Majestad el Rey, quien ya aquella tarde clamaba con dureza contra el terrorista y el terrorismo, y alzaba su voz en defensa de lo que está en juego – nuestra Civilización -; muy superior en cantidad y en calidad a un mero equilibrio de poderes, a una declaración de derechos, o un estado de tranquiidad y bienestar. ¡Europa misma en juego! ¡Europa misma en combate!; quien, entre toda la basura política y periodística, ha sabido elevarse sobre la ruindad y crecer como español, como hombre, como Rey. Nada de frases vacías y de referencias a lo “ocurrido” o “sucedido” como la práctica totalidad de políticos de pago.

rey_militar_3_20141202Recuerdo sencillamente esta programática declaración constitucional de que la forma política del Estado es la Monarquía parlamentaria. Lo parlamentario es lo adjetivo, lo monárquico es lo sustantivo. ¡Ojalá lo sustantivo quiera y pueda ser sustancial!

La Monarquía se sustenta en la Nobleza, no de título sino de estirpe y de alma. ¡Ojalá el principio monárquico se sobreponga y nos reconforte frente a la ruindad que está demostrando el principio democrático!

Veo al Rey en los hospitales reconfortando a las victimas, y le veo en las Ramblas, y en el Paseo de Gracia, le veo al frente del pueblo español representando a todos. Es España misma la que abraza al herido, la que reza ante las tumbas de los muertos, la que sale a la calle.

Majestad: Le insultarán y le denigrarán. Le rechazarán y preferirán ser súbditos de Satán antes que reconocer la supremacía de la monarquía hispana, pero recuerde que su autoridad le viene dada por la fuerza de la Tradición y de la Historia de un pueblo que si no plantó cara en el Guadalete, sí resistió en Covadonga porque tenía alguien a quien seguir y una fe y una misión; un pueblo que venció en Granada, dirigido por sus reyes, con su fe y su misión, y descubrió la mitad del planeta y alumbró una cultura bajo la fe y la misión de quien fuera Reina y Madre del primero de los Felipes, un pueblo que saqueó Roma y defendió el Espíritu y el Alma de Roma en Trento, y defendió Europa en Lepanto, a las órdenes del Segundo de los Felipes, y que cayó en Amberes, y luchó en Rocroi, y un pueblo que se pintó en Breda, con el Cuarto.

imagesQuizás le parece raro que invoque este espíritu, y estos fantasmas. Pero no olvide que al final hay Reyes, por la misma razón que hay elfos, y enanos, y ninfas, y hadas, y hombres y ángeles.

Por mi parte, a sus órdenes!

Panzer Commander, las memorias del coronel Hans Von Luck

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Mi buen amigo, Juan Ignacio C.P., noble de alma, padre de familia, espigado y siempre alegre, en uno de esos actos humanos que a uno no le dejan de sorprender por mucho que puedan repetirse – ¡gracias a Dios!- se presentó un día en mi despacho, y sin venir a cuento, que es decir sin motivo ni razón, me regala estas “Memorias del coronel Hans Von Luck”, jefe de unidad de carros de combate del Ejército alemán durante la segunda guerra mundial.

No pongo ni segunda ni guerra ni mundial, a propósito, sin mayúsculas. Y a propósito escribo Ejército con mayúsculas pues debe tenerlo todo aquel que responde a su vocación y su sino, y así lo hizo el Ejército teutón en el período 1939 a 1945, como se cuida especialmente de resaltar Hans Von Luck.

9788493618117Se trata de un libro de Historia, que es además autobiografía, pero no es el resultado del mero recuerdo de un combatiente ni una recreación novelada de hechos reales, sino un auténtico trabajo de historiador, lleno de datos, referencias a las unidades que intervinieron en los diversos campos de batalla en que el protagonista intervino, al material empleado, sus capacidades de combate, la referencia a los mandos y demás circunstancias propias de un relato bélico.

El coronel Hans Von Luch parece escribir esta obra, casi cuarenta años después del fin de la contienda, para reconciliarse consigo mismo, con los soldados y suboficiales y oficiales a sus órdenes, y en cierto modo con la historiografía oficial. Ello no obstante, es de destacar la sinceridad del autor: junto a un rechazo expreso y constante de la figura de Adolfo Hitler (como jefe superior de la organización militar, estratega y figura preeminente, por encima incluso del jefe del Estado Mayor alemán; pues se cuida mucho el autor de recordar que él como la mayoría de oficiales, y suboficiales, y soldados de la Wehrmacht desconocían lo que sucedía en los campos de concentración; no es menos elogioso el trato hacia el general Rommel; junto a la crítica directa a Goering y Goebbels, el retrato admirativo de Gunderian, o Gause, general adjunto a Rommel.

El autor formaba parte de las unidades blindadas que el 1 de septiembre de 1939 entró en Polonia, y combatió luego en la cómoda toma de París, sirvió junto a Rommel en el desierto luchando en el Alamein, y antes en Rusia, donde la guerra relámpago se convirtió en un atasco logístico fenomenal, y más tarde, al final, en Normandía donde con las ya diezmadas unidades alemanas intentó detener la brutal e imparable ofensiva anglo-americana, fundada en una superioridad brutal de la artillería y la aviación, como con desconsuelo relata el coronel; siendo finalmente trasladado al frente oriental, donde cayó preso de la URSS hasta su liberación en la Navidad de 1949, tras varios años en campos de concentración y de trabajo soviéticos.

Editorial Tempus nos trae esta obra, un clásico de la historiografía de la segunda contienda mundial, en edición de bolsillo, colección “Historia Militar”. Muy buena edición ha resistido las largas horas de lectura, en la orilla del mar, casi a cualquier hora, hasta su fenecimiento.

Extraordinaria lectura. Lástima que en el último capítulo mi espíritu se fue a nuestros héroes del Semíramis,  a quienes ya dediqué una entrada, cuya historia relató Torcuato Luca de Tena. Ellos, leales, no disfrutaron de ninguno de los pequeños privilegios que los soviéticos – dentro de su inhumana crueldad – concedieron a Von Luck y los soldados alemanes.

El relato es soberbio y nos ofrece una visión muy clara y real de lo que fue la guerra para un militar alemán, leal a su juramento, que es lo que se pide a un soldado, de cómo vivieron los tiempos de la imparable victoria que anunciaba el Reich milenario, y cómo fueron cediendo lentamente al principio, drásticamente al final, al avance decidido de los Ejércitos aliados.

¡Recomendable! Ya espero con ansia el momento de volver a ver a mi buen amigo Juan Ignacio C.P., y darle el abrazo de quien valora las maravillosas horas de lectura – conocimiento y placer – que recibió en forma de libro.

 

El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald

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“Y así seguimos adelante, botes contra la corriente, empujados sin descanso hacia el pasado”. Con esta sentencia cierra Fitzgerald está fantástica novela corta que, al decir de la crítica, constituye un retrato de al Jazz Age, esa generación de americanos que vivió a todo trapo, engreída de sí misma, vacía, huera, preocupada sólo en el dinero y ocupada en la apariencia, esa generación que fue del Oeste al Este, arremolinada en Chicago o en Nueva York, la misma generación que años más tarde bebió los amargos jugos de las Uvas de la Ira, y emprendió su camino de vuelta, del Este al Oeste ¡Pareciera que son dos entregas de una misma saga! Dos caras de la moneda capitalista. 

Hacía años que no disfrutaba con esa pléyade de autores norteamericanos de inicios del sigo XX, que conocí, ¡como tantas otras cosas!, tan tarde. Este Gatsby llegó a mí, sin quererlo ni buscarlo, el día antes de empezar el descanso veraniego, tras brutal incursión en una gran librería en búsqueda de lecturas infantiles para mis hijos. Lo confieso. Reconozco mi debilidad. Imposible entrar en librería y salir vacío de manos. Sería como salir vacío de alma.

Extraordinaria novela. Obra maestra. Se percibe en la primera hora de lectura. Repleta de ironías, juegos malabares, constantes idas y venidas en el devenir de una historia, la del gran Gatsby, ejemplo de ese self made man, sin muchos escrúpulos, que se “reinventa” cada día en la soledad de la muchedumbre. Una historia normal sin héroes ni villanos, que te deja un mal regusto moral pues la virtud no resplandece, pero que es fuente de meditación y reflexión sobre ese way of life americano que se nos ha metido hasta el tuétano de nuestro renqueante esqueleto moral.

No he estado en Chicago, ni en Nueva York, ni en el Long Island de inicios del pasado siglo, pero esa punta de lanza del imperio norteamericano que ha sido el cine y la televisión me permiten, como permitirán a cualquier lector, esperar al protagonista en la puerta del Plaza, o cruzar Central Park; casi como si se nos hablara de la Gran Vía, la Castellana o la Diagonal.

Imprescindible en toda buena biblioteca. Y apto para todos los públicos. Buena lectura!