El mundo de ayer, de Stefan Zweig

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Zweig se ha metido en mi vida a golpes y sorpresas. Y se ha metido, como Jesús en la boda de aquellos amigos suyos en Caná, casi sin quererlo, y dejando lo mejor para el final. Quienes siguen este blog saben que son varios ya los relatos y novelas del autor austríaco que he traído en los últimos años, todos ellos llenos de una claridad expositiva, de una belleza en el lenguaje, y en los temas, de ese ritmo que sólo tienen los escritores geniales, que llevan música dentro.

Hoy traigo aquí El Mundo de Ayer, esa especie de autobiografía parcial que – cuenta la historia – Zweig escribió en su exilio de la Alemania nacionalsocialista, con sólo su pluma y su melancolía, sin libros y apuntes escritos a los que acudir en caso de duda, haciendo con ello gala de una más que prodigiosa memoria, y de una cultura enciclopédica; en una breve historia de Europa desde la Prusia de Bismarck hasta la Alemania de la blitzkrieg.

En este testamento vital a media vida Zweig se nos muestra como un gran patriota, un hombre que sabe entender su idea de Patria, como unidad, dentro de la necesaria comunidad de los pueblos europeos, se nos aparece como un hombre con vocación renacentista, en lo que tiene de polifacético, por su no escondido amor por la música clásica, Wagner y Strauss; así como por la pintura; pero sobre todo, se nos entrega como una de las ultimas muestras del genio europeo: un hombre de letras, que no de armas, de arte y cultura, que se reconoce europeo, unido indisolublemente a Alemania, Rusia, Francia, Italia o España por una invisible cadena de lazos de amor y de guerra, de campanarios y altares, de poemas inmortales y ritmos filarmónicos, y precisamente por europeo, muy austriaco, y muy germano.descarga.jpeg

Es uno de los últimos especímenes de la Civilización europea, antes de que la misma fuera aniquilada por el nacionalismo egoísta y la democracia de masas, de esas masas azuzadas en su resentimiento de clase; y que son utilizadas por una nueva clase emergente exenta de formación y educación – los políticos – para mantener una artificiosa tensión social y un constante enfrentamiento entre nacionales, que les lleva al odio, a la división, a la disensión, y, en fin, al enfrentamiento fratricida: Zweig ve claro que las llamadas guerras mundiales no son sino guerras civiles de una Europa liberal burguesa que se desangraba internamente: rechazo a la cultura clásica, oscurecimiento de lo superior que une a los miembros del cuerpo histórico, aparición de ideologías extrañas al sentir europeo, cobardía de las clases dirigentes, advenimiento de líderes carismáticos y masas enfurecidas por el resentimiento de clase, proclamación de dogmas relativos como la soberanía de la mayoría y la supremacía de lo nacional en tanto que particular sobre lo europeo por universal. Su acendrado amor por la libertad individual se deshacía ante los “ismos” tuteladores e idiotizantes, tiránicos y asesinos, en fin.

Tras Zweig y sus compañeros de correrías intelectuales sólo quedó la Comunidad Económica Europea, la Copa de Europa de Futbol, las variadas especies de espectáculos de masas (conciertos de rock, la Fórmula 1,…) y el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Las élites intelectuales desaparecieron y los que apuntaban maneras acababan al servicio de un Partido o trabajando para un lobby, alto mando encubierto del ejército de plumillas, redactores, tertulianos y columnistas que hoy nos invaden con sus “ideas rigurosas” y sus “sesudos análisis”.

Termino de leer el Mundo de Ayer y, como casi siempre, me queda ese repiquetear de campanas: “¿y tú que haces para cambiar esto?”.

 

 

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Su Majestad el Rey, Felipe VI

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El atentado yihadista en Barcelona del pasado 17 de agosto nos cogió en el barranco o desfiladero del Ventamillo. Abría entonces yo y disfrutaba las primeras páginas de esos Momentos estelares de la Humanidad de Zweig, en concreto, la caída de Constantinopla a manos de los turcos, mientras la Cristiandad vivía emponzoñada en sus rencillas particularistas; el Imperio Romano caía ante la mirada irónica de venecianos, genoveses y romanos, olvidando su romanidad.

Ha pasado ya más de una semana. Comentarios, consideraciones, resúmenes, opiniones varias se han vertido ya por tabernarios, articulistas, tertulianos, periodistas, mineros, estudiantes, futbolistas, cantantes, taxistas, bomberos, policías, enfermeros, vendedores de flores, y rateros de barrio.

Peluches, velas, muchos “peace” y “amor”, infinita desinformación y utilización interesada, partidista, vil, de las muertes inocentes.

Sobre toda esa insidia, y sobre la vileza moral instalada en mi Barcelona, mi Cataluña, mi España, emerge – debo decirlo –  la figura de Felipe VI, Su Majestad el Rey, quien ya aquella tarde clamaba con dureza contra el terrorista y el terrorismo, y alzaba su voz en defensa de lo que está en juego – nuestra Civilización -; muy superior en cantidad y en calidad a un mero equilibrio de poderes, a una declaración de derechos, o un estado de tranquiidad y bienestar. ¡Europa misma en juego! ¡Europa misma en combate!; quien, entre toda la basura política y periodística, ha sabido elevarse sobre la ruindad y crecer como español, como hombre, como Rey. Nada de frases vacías y de referencias a lo “ocurrido” o “sucedido” como la práctica totalidad de políticos de pago.

rey_militar_3_20141202Recuerdo sencillamente esta programática declaración constitucional de que la forma política del Estado es la Monarquía parlamentaria. Lo parlamentario es lo adjetivo, lo monárquico es lo sustantivo. ¡Ojalá lo sustantivo quiera y pueda ser sustancial!

La Monarquía se sustenta en la Nobleza, no de título sino de estirpe y de alma. ¡Ojalá el principio monárquico se sobreponga y nos reconforte frente a la ruindad que está demostrando el principio democrático!

Veo al Rey en los hospitales reconfortando a las victimas, y le veo en las Ramblas, y en el Paseo de Gracia, le veo al frente del pueblo español representando a todos. Es España misma la que abraza al herido, la que reza ante las tumbas de los muertos, la que sale a la calle.

Majestad: Le insultarán y le denigrarán. Le rechazarán y preferirán ser súbditos de Satán antes que reconocer la supremacía de la monarquía hispana, pero recuerde que su autoridad le viene dada por la fuerza de la Tradición y de la Historia de un pueblo que si no plantó cara en el Guadalete, sí resistió en Covadonga porque tenía alguien a quien seguir y una fe y una misión; un pueblo que venció en Granada, dirigido por sus reyes, con su fe y su misión, y descubrió la mitad del planeta y alumbró una cultura bajo la fe y la misión de quien fuera Reina y Madre del primero de los Felipes, un pueblo que saqueó Roma y defendió el Espíritu y el Alma de Roma en Trento, y defendió Europa en Lepanto, a las órdenes del Segundo de los Felipes, y que cayó en Amberes, y luchó en Rocroi, y un pueblo que se pintó en Breda, con el Cuarto.

imagesQuizás le parece raro que invoque este espíritu, y estos fantasmas. Pero no olvide que al final hay Reyes, por la misma razón que hay elfos, y enanos, y ninfas, y hadas, y hombres y ángeles.

Por mi parte, a sus órdenes!

Panzer Commander, las memorias del coronel Hans Von Luck

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Mi buen amigo, Juan Ignacio C.P., noble de alma, padre de familia, espigado y siempre alegre, en uno de esos actos humanos que a uno no le dejan de sorprender por mucho que puedan repetirse – ¡gracias a Dios!- se presentó un día en mi despacho, y sin venir a cuento, que es decir sin motivo ni razón, me regala estas “Memorias del coronel Hans Von Luck”, jefe de unidad de carros de combate del Ejército alemán durante la segunda guerra mundial.

No pongo ni segunda ni guerra ni mundial, a propósito, sin mayúsculas. Y a propósito escribo Ejército con mayúsculas pues debe tenerlo todo aquel que responde a su vocación y su sino, y así lo hizo el Ejército teutón en el período 1939 a 1945, como se cuida especialmente de resaltar Hans Von Luck.

9788493618117Se trata de un libro de Historia, que es además autobiografía, pero no es el resultado del mero recuerdo de un combatiente ni una recreación novelada de hechos reales, sino un auténtico trabajo de historiador, lleno de datos, referencias a las unidades que intervinieron en los diversos campos de batalla en que el protagonista intervino, al material empleado, sus capacidades de combate, la referencia a los mandos y demás circunstancias propias de un relato bélico.

El coronel Hans Von Luch parece escribir esta obra, casi cuarenta años después del fin de la contienda, para reconciliarse consigo mismo, con los soldados y suboficiales y oficiales a sus órdenes, y en cierto modo con la historiografía oficial. Ello no obstante, es de destacar la sinceridad del autor: junto a un rechazo expreso y constante de la figura de Adolfo Hitler (como jefe superior de la organización militar, estratega y figura preeminente, por encima incluso del jefe del Estado Mayor alemán; pues se cuida mucho el autor de recordar que él como la mayoría de oficiales, y suboficiales, y soldados de la Wehrmacht desconocían lo que sucedía en los campos de concentración; no es menos elogioso el trato hacia el general Rommel; junto a la crítica directa a Goering y Goebbels, el retrato admirativo de Gunderian, o Gause, general adjunto a Rommel.

El autor formaba parte de las unidades blindadas que el 1 de septiembre de 1939 entró en Polonia, y combatió luego en la cómoda toma de París, sirvió junto a Rommel en el desierto luchando en el Alamein, y antes en Rusia, donde la guerra relámpago se convirtió en un atasco logístico fenomenal, y más tarde, al final, en Normandía donde con las ya diezmadas unidades alemanas intentó detener la brutal e imparable ofensiva anglo-americana, fundada en una superioridad brutal de la artillería y la aviación, como con desconsuelo relata el coronel; siendo finalmente trasladado al frente oriental, donde cayó preso de la URSS hasta su liberación en la Navidad de 1949, tras varios años en campos de concentración y de trabajo soviéticos.

Editorial Tempus nos trae esta obra, un clásico de la historiografía de la segunda contienda mundial, en edición de bolsillo, colección “Historia Militar”. Muy buena edición ha resistido las largas horas de lectura, en la orilla del mar, casi a cualquier hora, hasta su fenecimiento.

Extraordinaria lectura. Lástima que en el último capítulo mi espíritu se fue a nuestros héroes del Semíramis,  a quienes ya dediqué una entrada, cuya historia relató Torcuato Luca de Tena. Ellos, leales, no disfrutaron de ninguno de los pequeños privilegios que los soviéticos – dentro de su inhumana crueldad – concedieron a Von Luck y los soldados alemanes.

El relato es soberbio y nos ofrece una visión muy clara y real de lo que fue la guerra para un militar alemán, leal a su juramento, que es lo que se pide a un soldado, de cómo vivieron los tiempos de la imparable victoria que anunciaba el Reich milenario, y cómo fueron cediendo lentamente al principio, drásticamente al final, al avance decidido de los Ejércitos aliados.

¡Recomendable! Ya espero con ansia el momento de volver a ver a mi buen amigo Juan Ignacio C.P., y darle el abrazo de quien valora las maravillosas horas de lectura – conocimiento y placer – que recibió en forma de libro.

 

El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald

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“Y así seguimos adelante, botes contra la corriente, empujados sin descanso hacia el pasado”. Con esta sentencia cierra Fitzgerald está fantástica novela corta que, al decir de la crítica, constituye un retrato de al Jazz Age, esa generación de americanos que vivió a todo trapo, engreída de sí misma, vacía, huera, preocupada sólo en el dinero y ocupada en la apariencia, esa generación que fue del Oeste al Este, arremolinada en Chicago o en Nueva York, la misma generación que años más tarde bebió los amargos jugos de las Uvas de la Ira, y emprendió su camino de vuelta, del Este al Oeste ¡Pareciera que son dos entregas de una misma saga! Dos caras de la moneda capitalista. 

Hacía años que no disfrutaba con esa pléyade de autores norteamericanos de inicios del sigo XX, que conocí, ¡como tantas otras cosas!, tan tarde. Este Gatsby llegó a mí, sin quererlo ni buscarlo, el día antes de empezar el descanso veraniego, tras brutal incursión en una gran librería en búsqueda de lecturas infantiles para mis hijos. Lo confieso. Reconozco mi debilidad. Imposible entrar en librería y salir vacío de manos. Sería como salir vacío de alma.

Extraordinaria novela. Obra maestra. Se percibe en la primera hora de lectura. Repleta de ironías, juegos malabares, constantes idas y venidas en el devenir de una historia, la del gran Gatsby, ejemplo de ese self made man, sin muchos escrúpulos, que se “reinventa” cada día en la soledad de la muchedumbre. Una historia normal sin héroes ni villanos, que te deja un mal regusto moral pues la virtud no resplandece, pero que es fuente de meditación y reflexión sobre ese way of life americano que se nos ha metido hasta el tuétano de nuestro renqueante esqueleto moral.

No he estado en Chicago, ni en Nueva York, ni en el Long Island de inicios del pasado siglo, pero esa punta de lanza del imperio norteamericano que ha sido el cine y la televisión me permiten, como permitirán a cualquier lector, esperar al protagonista en la puerta del Plaza, o cruzar Central Park; casi como si se nos hablara de la Gran Vía, la Castellana o la Diagonal.

Imprescindible en toda buena biblioteca. Y apto para todos los públicos. Buena lectura!

Final feliz

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Hoy es 6 de agosto y la Iglesia Universal celebra la Transfiguración del Dios Hijo en el Monte Tabor. Para los no expertos en la vida de Jesús o los que han olvidado por el paso de los años, Jesucristo, camino de Jerusalén, donde sabe va a morir, regala a Santiago, Juan y Pedro, sus tres discípulos de las grandes ocasiones, un anuncio de lo que será la contemplación De Dios en la nueva Vida. Una especie de tráiler de presentación de la película más genial, maravillosa y definitiva de Todos los Tiempos. 

Es como si les dijera: la película acabará así, aunque hasta llegar aquí sufriréis dolor, persecución, miedo, dudas, incertidumbre, alguno incluso quizás desesperanza, pena, terror. No tengáis miedo, decía San Juan Pablo II. El Papa Francisco utilizó este simil esta Semana Santa: la Pasión es una película muy dura, ¡la más terrible epopeya de Todos los Tiempos!, pero que sabemos que, en el último momento, da un giro radical y termina Bien. Muy Bien. Porque hay Cruz hay Resurrección. En el Tabor les viene a decir….cuando estéis fastidiados no decaigáis…pensad en el final.¡ Happy end!

Pues bien…salvando las distancias y con todas las reservas… valga el símil para eso que algunos hace ya más de cien años dieron en llamar el problema catalán, y que no era sino el problema de España, de una España que prefirió tener problemas no siendo fiel a sí misma. 

Celebramos ahora los 25 años de los Juegos Olímpicos en Barcelona. A muchos nos fue permitido ver un final feliz. El Estadio Olímpico, ¡Barcelona!, ¡Cataluña!, ¡qué digo yo! España entera vibrando bajo un solo himno, y una sola bandera. Ante las imágenes de televisión mis hijos estos días preguntaban si eso había sido en Barcelona…¡Por supuesto! Yo estuve ahí como tantos otros. Ondeé la enseña nacional. Y no he dejado de hacerlo, a diferencia de algunos otros. 

La batalla es dura. Desde entonces el separatismo no ha dejado de crecer. En el camino, traición, deserciones, cobardías, miedos, dudas, incertidumbres, incluso algunos desesperanza, persecución, cordones sanitarios, conflictos sociales, ruptura, desunión. También como entonces hay quien cree que es posible salvarse lavándose las manos, o cambiando personas. La batalla es dura. Pero hemos visto cómo acabará este horrible largometraje llamado “odio” si somos leales y abrazamos con alegría ese camino de Cruz, que no es servidumbre ni es debilidad.

Si nos mantenemos unidos, el final será muy feliz. 

El francotirador, de Chris Kyle

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Llega ya el exigido descanso veraniego y hay que ir liberando la maleta de lecturas, apurando todos los libros iniciados en este último trimestre. Dejen salir antes de entrar.

Acabo de cerrar la última página de este "El francotirador". Excepcionalmente, traigo aquí la lectura de un "no clásico". Llegó a mi mesita de noche, quizás, al ver mi santa que veía y revisaba, de forma enfermiza, la película que con el mismo título se llevó a la gran pantalla.

Cuenta la historia de quién dicen fue el más legal francotirador de la historia de los Estados Unidos, con 160 muertes confirmadas.

Mi vieja y frustrada vocación militar sale a flote por segundos. Aunque está claro que no me hallo entre los mejores. Los mejores son ellos, los soldados, que de forma callada, con malos salarios y sin reconocimiento -cuando no rechazo – social, saben cumplir su misión y se juegan la vida por todos y cada uno de nosotros, haciendo cada día con su diana y su silencio, su sangre y su sudor, un poema de rimas infinitas.

Que nadie busque bellas palabras ni una coherencia en el texto. No hay literatura en las letras pero hay arte vital en lo que se esconde.

Libro imprescindible para comprender cómo piensan y cómo viven los soldados
Americanos: sus motivaciones, su vida, su desolación en la vuelta a casa, los sagrados lazos de la camaradería en combate.

Kyle repite su trilogía: Dios, patria, familia. No hace poco fue consigna juvenil en España y en Europa entera. Kyle puede ser muchas cosas dice su mujer, pero es sincero, y ama a su familia.

El libro a modo de autobiografía, se centra en el protagonista y sus acciones de combate pero se adentra profundamente en las crisis familiares que golpearon su matrimonio tras cuatro enganches y vivir permanentemente con estrés del combatiente.

Parte de los ingresos del libro va a ayudar a combatientes americanos, heridos de guerra.

Buena lectura veraniega. Más de montaña
quizás, aunque el protagonista es un SEAL, unidad de la Armada.

Madrid no huele a 💨

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Un buen amigo, compañero de insurgencias en favor de la legalidad, Carlos, dice que cuenta el tiempo por semanas. Que es como decir por domingos. Ocho domingos faltan para esa broma de mal gusto, esa mosca cojonera, esa pesadez, esa ruindad, esa agresión sin motivo, ocho domingos para ese nuevo intento de formalizar un guerracivilismo entre catalanes, de enfrentarnos con la coartada de unas urnas, urnas encanalladas por el sofisma, urnas ilegales que son las azadas del siglo veintiuno, las azadas que pretenden arrancar Cataluña de su raíz, de su ser, de su vivir y su sentir.

Jornada en Madrid.

Madrid late, al parecer, sin embargo, indiferente a todo esto.

Madrid no huele a humo, ni a pólvora. El alcalde de Móstoles no dicta bandos.

El soberano se va de vacaciones, al parecer. Atocha hierve y la Carrera de San Jerónimo se vacía. El calor es de sol, no de fuego.

Madrid no huele a humo. Ocho domingos. El tren va lleno. Nadie agita banderas ni entona bellas consignas que exalten el espíritu.

Es la misma gente que esta mañana atestaba la Estación de Sants. La misma gente llena de ilusiones, proyectos, sueños, miedos, alegrías, la misma gente que va y que viene, porque ESPAÑA es un camino de ida y vuelta.

Ocho domingos. Madrid huele a verano. España, de ida y vuelta.

Santa Ana

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Mañana fresca en Barcelona. Ayer llovió. Ayer despedimos al Rector de la Universidad Abat Oliva, San Pablo CEU, Don Carlos Pérez del Valle, en una cena magnífica, a cubierto de la gota caliente y perturbadora. Gracias Carlos, y suerte, y ánimo, y vista, y al toro, y gracias de nuevo por tu labor. Carlos Pérez del Valle, maestro de juristas.

Ayer llovió y por la mañana florece el día. Santa Ana. Cogemos el teléfono y de forma metódica felicitamos a la larga lista de Anas y Joaquines que tenemos en la agenda. Con cada mensaje un recordatorio.

Me paro individualmente en cada uno de ellos. No puedo ni quiero ser injusto. Recordaré a Joaquín González, amigo, recién casado que será padre bien pronto, que me regaló un libro del que daré buena cuenta este verano porque la vida es así de injusta y uno no da para más.

Pero soIMG_3030bre todo he de recordar y detenerme en mis dos Anas. Hija y esposa fiel. Motor y alma de mi vida, o de mis muchas y malheridas y malvividas vidas. Heroínas, princesas, reinas y hadas de mi país de ensueño. Preciosas, alegres y simpáticas. Esforzadas y decididas, valientes y sacrificadas.

Al llegar a casa preguntaré: ¿eres feliz Ana? Mi felicidad estará en su respuesta.

 

Día de los abuelos

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No caeré en esa ordinariez de afirmar que todos los días son de los abuelos y que los abuelos no precisan ningún día en especial para ellos. En realidad, no tengo muy claro que ningún colectivo, en plan genérico, se merezca un día especial pero tampoco que no se lo merezca. La salvación y la condenación son personales, íntimas. La salvación y la condenación, como el testamento, son actos personalísimos.

Hoy no es el día de los abuelos. Hoy se celebra San Joaquín y Santa Ana, que curiosamente, ¡oh caprichosa Providencia!. eran los abuelos carnales de Jesucristo, padres de la Virgen María. Hoy la Iglesia los recuerda y celebra, rememora su Santidad y su participación inestimable en el Misterio de la Redención.

De ahí a lo de “el día de los abuelos” hay algo más que un paso; resulta un tanto bochornoso.

Hac949-2-cuentos-infantiles-de-abuelos-y-abuelase ya algo más de un mes se murió mi abuela, María Asunción. Y no le dediqué ni unas líneas en este blog. Mea maxima culpa. Ella sí es merecedora no de un día, sino de millones de días; tantos como su corazón palpitó al ver nacer a un hijo, al verle andar, y caer, y levantarse, tantos como las veces que los cogió de la mano para alzarse de nuevo; tantos millones de días como las veces en que sonrió a uno de sus nietos, o bisnietos, o suspiró recordando a su marido, fallecido hace siglos ya. A ella mi oración, mi recuerdo, mi respeto, y mi admiración, a ella mi mirada en este día de San Joaquín  y Santa Ana.

La gente por whatsapp felicita a sus abuelos sin saber por qué. Sin saber, sobre todo, que gracias a sus abuelos, a su trabajo, a su tesón, a su sacrificio, pueden ahora permitirse el lujo de tocarse el ombligo a dos manos. Un abuelo es la Historia del Mundo en tres dimensiones.