Deuda de honor: Real Estamento Militar del Principado de Gerona

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Nobleza obliga. Las deudas deben cumplirse con prontitud y complitud. Y más si son deudas de Honor. Vaya desde aquí mi reconocimiento y gratitud a mi buen amigo Joan Ignasi y al Presidente y Secretario del Consejo Del Real Estamento Militar del Principado de Gerona que el pasado 28 de abril de 2018 tuvieron a bien acordar mi ingreso como cofrade en dicha alta institución en un emocionante acto, previa Misa oficiada por el Obispo de Gerona. Espero estar a la altura de las exigencias morales de tal reconocimiento, de la Historia y la Tradición. Simplemente gracias.

La Corporación fue fundada como Cofradía de San Jorge y Santa Isabel

por el Infante Don Juan, Duque de Gerona, Príncipe heredero de la Corona de Aragón, el 28 de Agosto de 1.386, creyendo hacer, según dice en el documento fundacional,  una obra “saludable y provechosa”. Asociaba la nobleza de la ciudad y la de los distintos Vegueríos de Gerona.

Durante el Reinado del Señor Don Carlos II se innovaron sus estatutos y se ampliaron las Ordenanzas, adoptándose el color negro fileteado de rojo de su banda, colores del estado noble y de San Jorge.

Alcanzó notable esplendor durante los siglos XVI y XVII en las justas y torneos de la ciudad, decayendo en siglos posteriores, debido a absentismos y traslados de sus miembros y de muchas familias de la nobleza.

Últimamente, en tiempo de S.M. el Rey Don Alfonso XIII, de feliz memoria, se reorganizó nuevamente y asumió su Real distinción con el nombre de “Real Estamento Militar del Principado de Gerona, Cofradía de San Jorge”, que recuerda aquella regia merced, la calidad de noble de sus miembros y el origen religioso de la fundación.

El ingreso de sus miembros se amplió a todas las provincias españolas, y continua el carácter asociativo fraternal de la fundación primitiva. Tiene su sede en la Catedral de Gerona, en la Capilla de San Jorge, si bien la sede asociativa actual se encuentra en la Iglesia de Nuestra Sreñora de los Dolores, en la Plaza de la Merced de Gerona.

La Corporación ha contribuido y procura contribuir en obras de caridad y beneficencia de la Diócesis, ha patrocinado premios para estudios históricos locales que versasen sobre la Cofradía, la ciudad de Gerona y su provincia.

Ha provisto de artísticos bancos la hermosa Capilla capitular de San Pedro, asi como de la nave central de la Catedral, está restaurando su Capilla titular de San Jorge en el ábside de este templo; ha propiciado la historia de la Corporación desde su fundación hasta nuestros días y organiza en Gerona conferencias sobre temas históricos locales y participa y promociona actos musicales.

En la actualidad se honra con tener por Jefe Supremo a S.M. Católica el Rey de España, nuestro Augusto Señor Don Felipe VI (q.D.g.); y como Cofrade Mayor a S.A.R. la Princesa de Gerona.

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La izquierda que quiere el caos y el Poder Judicial

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A propósito de un “meme” que ha corrido por redes sociales en el día de hoy, parodiando lo que algunos desearían fuese el nuevo redactado del artículo uno del Código Civil, y extraordinariamente preocupado por el cariz que están tomando los acontecimientos, me veo obligado, moral y jurídicamente, a escribir estas líneas no tanto en defensa de la labor que están desarrollando en España Jueces, Magistrados, Fiscales, y en lo que le pertoca por ostentar legitimación, la Abogacía del Estado – que también -, sino en encendida y numantina defensa del Poder Judicial y el primado de la Ley frente al griterío de la masa enfurecida.

Durante los últimos años ya se venía advirtiendo con cada vez mayor agudeza (véase, la polémica de los procedimientos judiciales de desahucio por impago de rentas o ejecuciones hipotecarias por impago de los préstamos bancarios) una feroz campaña contra el Poder Judicial, y la labor de la Magistratura; que se ha visto agudizada y llevada a su máxima expresión, en los dos últimos meses, a propósito de la llamada “violencia de género” o los delitos de sedición y rebelión, y ahora del llamado caso “La Manada”. Como casi siempre, campañas orquestadas y bien organizadas que se camuflan en eso que hemos venido a llamar “buenismo” y que no es sino impostura, mentira, hipocresía, engaño.

El ataque ad hominem a Jueces y Magistrados, a sus sentencias y demás resoluciones, por parte de políticos, “tuiteros” y periodistas sin formación jurídica, forma parte de una acción conjunta y coordinada con otros “líderes” de opinión social que no busca sino socavar la Primacía de la Ley y el Principio de la División de Poderes, dos de los pilares claves de un Estado Democrático de Derecho. No es ésta escaramuza sin importancia sino batalla central del gran conflicto social en que nos hallamos.

El proceso sociológico es claro: se encuentra un “caso” que conviene, se le da relevancia social en los medios (obviando otros de, al menos igual gravedad, o superior, como la brutal agresión a los guardias civiles – y sus novias – de Alsasua u otras presuntas agresiones sexuales colectivas para ocultar la identidad de los presuntos autores), se calienta el caso, se intoxica informativamente, se prepara al “pueblo” haciéndole creer que tiene información y conocimiento, y se dicta en la televisión una especie de sentencia popular en la que el “pueblo” es fiscal, testigo y juez. Luego, es fácil, se confronta la decisión profesional e imparcial del Juez o Magistrado, obtenida en un proceso con todas las garantías, con esa “verdad” popular y se azuzan dos ideas en paralelo: la Ley no sirve para resolver los problemas sociales, no tal o cual precepto sino la Ley en general, como concepto; y los que aplican la Ley carecen de sensibilidad jurídica pues no han juzgado como lo ha hecho el pueblo.

Ingeniería social en grado superlativo.

Algunos hay – muchos aún – que creen en las buenas intenciones de los que intervienen en esta gigantesca obra de manipulación social. Y lo cierto es que siempre hay quienes llevados de buena fe y llenos de ignorancia, caen en la trampa y colaboran en la difusión de esta estrategia. Pero forzoso es que otros levantemos la voz contra la impostura, la falacia y el riesgo que como sociedad, y como Nación, corremos con ello.

¿Quién está detrás de ello? Sin duda, una ideología que busca y persigue el caos, pues tiene en el bolsillo la receta “totalizante” que nos saque del caos. Ya lo hemos visto en otras ocasiones y en muchos lugares del mundo, además de España: primer paso, unos cuantos inventan, crean, provocan el caos; segundo paso, se echa la culpa del caos al sistema establecido; tercer paso, los que han creado el caos, ofrecen a ese “pueblo” narcotizado la receta mágica y utópica contra el caos, que ordinariamente consiste en pedirle al pueblo su libertad y su dignidad como personas y como nación libre, a cambio de la tranquilidad de no vivir en el caos. Vamos, un proceso de coacción colectiva, de libro.

Roger Scruton en su libro “Pensadores de la Nueva Izquierda” demuestra con innumerables citas de autores europeos y americanos que ello no es sino un elemento constante, reiterado, esencial, de las doctrinas de izquierdas. Así, el admirado por muchos Foucault, ya decía “la revolución sólo puede tener lugar mediante la supresión radical del aparato judicial”. También Lukács en Hungría decía “así pues, la reducción de la cuestión de la legalidad o ilegalidad para el partido comunista es cuestión meramente táctica”. Son sólo dos ejemplos entre cientos. Todo empezó con los Tribunales Revolucionarios del Terror en la Revolución Francesa donde juez, fiscal y testigo eran el mismo sujeto, y luego igual en la Escuela de Derecho Soviética y sus juicios en el Gulag respecto de los que Solzhenitsyn ya nos ilustró contando su Archipiélago, aunque la mayoría compraron el libro y lo tienen en su salón, porque da esplendor.

El ataque feroz al Principio de Legalidad y al Poder Judicial forman parte de una táctica revolucionaria dentro de una estrategia global cual es socavar al Estado, disgregar la comunidad, y alcanzar el Poder, legal o ilegalmente, pues ya hemos visto que lo de cumplir o no la norma es cuestión de mera táctica. Ciego el que no lo vea.

No es cuestión de grupos bienintencionados. Ni de opiniones pasajeras respecto de un caso aislado o de dos. Es una forma moderna de subversión del orden social.

¿Y por qué ahora y con tanta fiereza? En mi opinión, la respuesta es clara. Famosa es la frase de Spengler, tantas veces citada, sobre que a última hora, siempre ha sido un pelotón de soldados el que ha salvado a la Civilización. Los tiempos han cambiado. Y en los últimos hemos podido advertir cómo – en esta última hora – han sido Fiscales, Jueces, Magistrados, con la inestimable colaboración de la Abogacía del Estado y de juristas empeñados en la búsqueda de la Justicia (Vox) los que han salvado el orden constitucional, que es hoy por hoy, el Orden mismo.

El magistrado del Juzgado de Instrucción nº 13 de Barcelona, la Magistrada Lamela, el Magistrado Llarena y tantos otros órganos judiciales que se mantienen en el anonimato, con la intervención de la Fiscalía y las acusaciones populares (Vox) y particulares (Abogacía del Estado) han sido y aún son hoy baluarte esencial de la defensa de esta Ciudad que llamamos Estado Democrático de Derecho. El Principio de Legalidad y un Poder Judicial profesional e independiente son las Dos Torres principales de defensa.

Los enemigos del orden social y constitucional se han aliado y confluido en una misma estrategia: socavar el prestigio de la Ley como norma de conducta obligatoria que salvaguarda la convivencia y la libertad; y socavar el prestigio profesional de Jueces y Magistrados. Si decimos que tal o cual artículo del Código Penal son anticuados o no responden a una sensibilidad jurídica mayoritaria, y conseguimos convencer al pueblo español de ello; si atacamos el prestigio o la probidad profesional o personal de tal o cual Juez, y ello cala en el magma social; mañana nos será más fácil denunciar o incumplir sentencias, o ( y es el riesgo grave) promover una gran campaña de resistencia civil al cumplimento de las leyes y resoluciones judiciales.

Frente a esta ingeniería social, debemos responder con claridad y firmeza, movidos exclusivamente por la búsqueda serena – pero decidida y enérgica – de la verdad, y su defensa encarnizada en todos los ámbitos de la vida. Debemos glosar el primado de la Ley justa frente al veredicto de algarada; la superioridad de la Institución procesal y del Magistrado designado por vocación, mérito y capacidad frente a la cruel opinión de la turbamulta engañada.

Debemos exigir al Estado en su totalidad, y a cada una de sus instituciones en particular que no compadree, pacte ni se compinche con los que persiguen el caos. Y demandar su responsabilidad a quien así lo haga: profesores, maestros, rectores, policías, bomberos, periodistas o políticos. Tras el caos, no hay nada.

Vayan estas líneas a agradecer a Jueces y Magistrados su labor en la defensa del orden constitucional y social, que es garantía de mi libertad, y a azuzar a quien las lea a defender la Ley y la División de Poderes, desde la humilde soberbia de quien tiene tras de sí dos mil quinientos años de ciencia jurídica y ha de vencer a quien acomete con mucho resentimiento, con poca verdad, y con nula sinceridad intelectual.

Parafraseando a Burke, la única batalla que se pierde, es la que no se da.

Mañana, 1 de Mayo

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Efectivamente, otro año más, llegó el Primero de Mayo. Primer día del mes de mayo, San José Obrero.

Otro año más celebraremos el Día del Trabajo, descansando, y disfrutando, si es posible, de un plácido día en familia.

Otro año más nos inundarán con imágenes de manifestaciones, revueltas sindicales pretéritas en imágenes de archivo, conflictos de clase, barricadas quizás, banderas de color rojo, soflamas no creíbles, alguna hoz y algún martillo saldrán a pasear, gritos en la calle. No son previsibles las carreras delante de la policía. Esa policía sindicalizada y reivindicativa que también se ha contagiado de su triste condición de clase-en-conflicto.

Es momento de recordar por qué celebramos, en verdad, el Primero de Mayo. Lo celebramos y lo celebraremos porque nos recuerda que trabajar es, por encima de todo, un deber, y luego un derecho, y para muchos, además, una forma de ganarse el cielo, que no es mal salario; es decir, todo lo contrario de los motivos oficiales de celebración: el trabajo no es una forma de esclavitud (en realidad, lo que distingue el trabajo y la esclavitud, entre otras cosas, es la existencia de un salario); y antes que un derecho es un deber; pues obviamente si la Sociedad impone el trabajo como un deber, debe reconocerlo también como un derecho, incluso reivindicable en determinadas condiciones en mi opinión.

Es un imperativo moral defender la verdadera dignidad del trabajo y del trabajador, que pasa en primer lugar por acotar su verdadera naturaleza: deber personal, deber familiar, y deber social.

Trabajamos para ganarnos el pan, como se decía antes, esto es, por el sustento personal; y también – por eso nos sirve de modelo San José – para ganar para nuestros hijos su sustento, que hoy no es solo pan, sino techo digno, y una buena educación; y trabajamos, en fin, porque en el trabajo forjamos nuestro carácter y nuestras virtudes (orden, respeto, obediencia, cumplimiento de horarios, alegría, reciedumbre), nos hacemos personas-en-relación, al entrar en contacto e intercambio con compañeros, jefes, subordinados, clientes, proveedores, y finalmente, contribuimos a la perfección y fortalecimiento de la sociedad, creando empleo y riqueza, que revierten a todos – o deberían revertir – por la labor de redistribución que realiza el Estado – si se ordena conforme al principio de justicia – y la propia organización social y económica – si se ordena conforme al principio de libertad. La cuestión está, por tanto, en la adecuada Distribución.

Mañana, 1 de Mayo, algunos (los menos, aunque siempre ruidosos, y con el acompañamiento cómplice de los grandes medios de comunicación) se sentirán sólo miembros de una clase (inexistente), en conflicto con la otra mitad del país, y harán gala de ese conflicto, del enfrentamiento y de su resentimiento; otros (los más, muy silenciosos) nos sentiremos miembros de una comunidad, viva, en constante colaboración, y nos desearemos que el próximo primero de mayo, nuestras casas, nuestras empresas, nuestras calles, nuestra región y nuestra nación, estén más unidas y más alegres: trabajar es una buena forma de ponerse a ello.

No puede olvidarse – ni dejar de reivindicarse – esa función social del trabajo, que tiene también su extensión en la función social de la empresa. Ni el trabajador se limita a intercambiar tiempo o fuerza por dinero ni el empresario compra tiempo o fuerza por dinero. Esta visión de enfrentamiento – propia del liberal y del socialista – debe ser arrinconada pues ni responde a la realidad humana ni conviene a la sociedad: trabajador y empresario, mandos intermedios, y directivos sirven a una misma finalidad, desde distintos puestos y responsabilidades – con su consecuencia económica lógicamente: al propio crecimiento personal, al sustento de las familias y al fortalecimiento de la comunidad.

Por eso nos duele tanto un compatriota en paro como un empresario noble que se arruina. Y por eso no enfrentamos ni creemos en las clases-en-conflicto, doctrina alienante que alimenta a Unos y a Otros. Pero nosotros queremos ser de Todos. Y a ambos dirigimos nuestro aliento y nuestro recuerdo en este día.

La Academia Residencia DYA, de D. José Luis González Gullón

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No puedo decir, sin mentir, que este libro cayó en mis manos por casualidad, o error, o por algún obsequio de familiares y amigos; aunque tampoco conocía de su existencia hasta que lo vi en una pequeña vitrina en San Juan del Hospitaluna hermosísima iglesia que señorea en el centro de la ciudad de Valencia.

Tenemos por costumbre, cuando viajamos a Valencia, visitar ese esplendoroso Conjunto Histórico, donde ya hace catorce años, contraje matrimonio, en compañía de familiares y amigos. Día lluvioso.

El Conjunto Histórico de San Juan del Hospital alberga en su interior la iglesia más antigua de Valencia después de la Reconquista. El Conjunto Hospitalario -obra de fábrica del siglo XIII (1238)- fue erigido Hospital por deseo de Jaime I en la ciudad de Valencia, reconquistada por él mismo. El rey quiso encomendarlo a la Orden religioso-militar de San Juan de Jerusalén, más tarde Orden de Malta, en gratitud por los servicios prestados en la reconquista.

Don José Luis González Gullón, el autor, es profesor de Historia en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y miembro del Instituto Histórico San Josemaría Escrivá. El libro que aquí traigo hoy, y cuya lectura terminé la pasada Navidad, es un extraordinario relato de aquella España de preguerra, del final del Directorio de Primo de Rivera y el inicio de la Guerra Civil Española, y en especial de aquel Madrid, bullicioso, bullanguero, que poco a poco se hacía capital, con todo lo que ello significa, bueno y malo, un Madrid de sindicatos, pistoleros, curas, anarquistas, pobreza, un Madrid de barriada, y de Corte, un Madrid republicano de socialistas y radicales, cedistas y falangistas de primera hora; un Madrid que se lee en color, no en blanco y negro, vivo, violento a veces, exigente en todo caso.

Cuenta en esta Academia y Residencia DYA las peripecias de un joven sacerdote venido de Aragón que se abre a paso a tientas en el Madrid capitalino pidiendo a Dios que le indica qué quiere de él, y por inspiración divina, conoce que su vocación es extender a jóvenes, estudiantes, profesionales, obreros, universitarios una idea tan revolucionaria, o más, que las barricadas y los golpes de Estado: la llamada universal a la santidad en la vida ordinaria; un ejército de hombres y mujeres que viven y trabajan, fundan familias, y se esfuerzan por vivir intensamente su fe en un mundo roto por las dos grandes ideologías que cambiaron la Europa moderna sembrando odio y discordia: el liberalismo y el socialismo.

Resulta una historia vibrante, muy recomendable para jóvenes, pues podrán quizás verse reflejados en aquellos primeros universitarios que estudiaban y rezaban, y se mantenían alegres y unidos en la adversidad, alegres y unidos en un mundo en ruinas que querían reconstruir. La imagen de la portada, con una fotografía en blanco y negro de ese grupo de muchachos sentados en la azotea del edificio de Ferraz 16, que son sus solas manos y su corazón y la ayuda De Dios, pusieron las primeras piedras de un gran edificio espiritual, es un perfecto resumen de este libro: DYA, Derecho y Arquitectura, Dios y Audacia.

No es obra espiritual sino auténtica historia de esta nuestra España, que te deja, desde el primer momento, un regusto de felicidad sincera y profunda. ¡Lo dicho, DYA para todos!

Buena lectura!

Hoy, día del Padre, mi corazón con mi hijo, Jorge

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Día del Padre. San José. Retablo de virtudes para todos los que hemos tenido la suerte de ser padres, que es una forma privilegiada de hacer Patria, que viene de padre, con permiso de semiólogos, sociólogos, sicólogos y demás logos de lo “políticamente correcto”, que quizás querrán ver en mis palabras una muestra más de la feroz e inhumana imposición secular del hombre sobre la mujer. Nada más lejos de la realidad, pues mater semper certa est, de modo que al decirme padre, me digo padre-con-madre, en una redundancia inútil incluso como juego de palabras. EscudoCOL2

Mi recuerdo hoy a mis hijos, que son los que me hacen padre, día a día, no sólo hoy. Y en especial a mi hijo Jorge, que es para mí todos los días, ejemplo de vida, por su honradez, disciplina, alegría, decisión, y amor a su familia.

Mañana, en su colegio Viaró, con muchos otros alumnos, será premiado por este poema que escribió ya hace unos meses,  en una muestra exquisita de sensibilidad y empatía artística, y que transcribo en emocionado homenaje y rendida admiración:

Avanza veloz

de buena mañana

ejército cruel.

Despierta a mi pueblo

se cierran ventanas

se agachan los cuerpos.

Alguna oración

se eleva al cielo,

los hombres armados

sus casas defienden.

Esposas sufrientes

les besan la frente.

 

 

La deshumanización del arte, de Ortega y Gasset

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En ocasiones, veo libros. En ocasiones, los libros se abalanzan sobre uno reclamando la atención que no se les procura adecuadamente. Hace no más de dos semanas me sobrevino la necesidad física de leer al maestro Ortega y Gasset; esa cabeza omnicomprensiva y privilegiada que acompañó mis primeros pasos, cuando intentaba crear en mí algo parecido a una convicción, y al que durante años he tenido olvidado, voluntaria y conscientemente, a fin de acrecentar el abanico de lecturas y de opiniones.

Pero al final Ortega siempre vuelve. Y como los grandes toreros lo hace por la puerta grande. La “Deshumanización del arte”, editada por Austral en edición de bolsillo, asequible a todos los públicos, junto a otros ensayos de estética, constituye, de puro sabido, un hito en la construcción teórica de Ortega, configurando un cuerpo de doctrina sobre aquel “arte nuevo” que se anunciaba en el primer cuarto del pasado siglo, cuerpo de doctrina quizás inacabado, y no del todo perfeccionado, pues no está exento de grandes contradicciones.

OrtegaLa-Deshumanizacion-del-Arte-Ortega-y-Gasset-9788423918133 se revela, de nuevo -más allá de sus concretas opiniones -, como un gran escritor que, con pluma sobresaliente, es capaz de llevar la filosofía y la dialéctica a todos los rincones de España, un auténtico pedagogo universal, luego utilizado, maltratado, y finalmente olvidado. Su teoría sobre que el arte nuevo – en la música, en la pintura, en la poesía – es impopular porque es un arte incapaz de ser aprehendido por la masa, ha sido criticada duramente; pero no deja de ser el punto de partida para una buena tertulia.

Obviamente Ortega se nos aparece como un hombre entusiasmado por ese arte nuevo, en el que el artista no trata de dibujar o copiar la realidad vivida con la precisión del realismo o la demagogia del romanticismo decimonónico, que devino popular a fuer de azuzar los instintos de la masa, pues como señala el maestro, “la masa cocea y no entiende”; entusiasmado por la obra del artista que sale-de-sí-mismo y con un par de trazos, dos colores, varios cubos, notas perdidas, o poemas de rima asonante y métrica atrevida, sin querer adular a la masa, es capaz de expresarse de modo genuino.

Leer a Ortega es una excitación, y una incitación, a la alegría, al movimiento, al hacerse, al levantarse, al resurgir. Quizás Ortega erró en su labor profética pero sólo si se le trata como un profeta de certezas y no como un profeta de incitaciones. Termina el libro con un ensayo titulado “la verdad no es sencilla”, cuyas últimas letras son hoy, revolucionarias, una invitación muy actual:

“De todos necesitamos en la gran obra que es preciso hacer ante el mundo; sea dicho con fervor pero sin vano patriotismo: la gran obra consiste en labrar la nueva alegría española”. 

 

Tabarnia: Barcelona sí es Cataluña

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Hay un dicho, del que no conozco su origen pero es ampliamente conocido: las armas las carga el diablo y las disparan los… A partir de esta afirmación, que ni es verdad teológica, ni filosófica, pero se funda en la experiencia humana, sirva esta pequeña reflexión en relación al fenómeno (llamémosle así) de Tabarnia.

Tabarnia tiene un valor innegable: demostrar, con la reductio ad absurdum la inmoralidad, la injusticia, la insensatez y la falta de fundamento político y  jurídico del movimiento secesionista injertado en Cataluña.

Pero también tiene riesgos (cual es, por ejemplo, que nos aleje de la auténtica realidad cotidiana haciéndonos creer que vivimos en un video-juego de moda de la consola de moda donde nada tiene consecuencias y puedes recargar infinitamente las vidas) y errores sustanciales de extraordinaria gravedad si no se ataja y modula cuidadosamente el mensaje.

imagesCon el cariño que merecen los promotores de esta “idea” en la medida que han privado de “iniciativa” a los separatistas y ha servido para mantener viva la tensión combativa de la mayoría social en Cataluña, me veo obligado a llamar la atención sobre algo muy grave y peligroso si al final las élites compran el trasfondo de Tabarnia: el fenómeno de Tabarnia no se puede sostener ni fundamentar sobre la idea de que Barcelona no es Cataluña (su web gira como “bcnisnotcat”); pues, al contrario, Barcelona es tan catalana como Figueras, o Agramunt, o Das, Cardona, Batet o Santa Coloma de Farners; del mismo modo que Barcelona no es menos española que Valencia, Mallorca, Bilbao, La Coruña, Badajoz o Madrid.

El problema no es ser o no ser catalán (perogrullada). El problema es que los separatistas han tergiversado y manipulado el concepto, la idea y la realidad misma de Cataluña; promocionando un concepto supremacista, cobarde, egoísta y antipático de lo catalán, en el que sólo caben ellos, los que odian. Yo tampoco quiero ese catalanismo supremacista de la estrella de cinco puntas. Pero no por ello hemos de renunciar a Cataluña.

Lo que debemos hacer es recuperar entre todos esa idea de la Cataluña laboriosa, que es tierra de acogida, generosa y  simpática, en la que cabemos todos, en una España plural, puerta de Europa y del Mediterráneo, abierta a su Hispanidad, liderando con voz callada y corazón generoso un ambicioso proyecto de carácter universal, pues así se es Nación, y no mirándose enfermizamente el ombligo. Alabada sea Tabarnia si sirve a tal propósito; en otro caso, enterrémosla con cariño.

Tabarnia no puede significar que Barcelona no sea Cataluña sino que Barcelona, precisamente por ser Cataluña, debe y quiere defenderse del virus inoculado de egoísmo y ruindad e iniciar una reconquista política de lo catalán y lo español. ¡Barcelona es Cataluña! 

 

 

 

Las pequeñas virtudes del hogar, de Georges Chevrot

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Hay verdades pedagógicas incontrovertibles. Una de ellas es que “nadie está preparado para ser padre”; o dicho de otra manera, “nadie nace enseñado para ser padre”, o lo que es lo mismo, “ser padre es una asignatura sin temario predefinido”, “los niños vienen sin manual de instrucciones”; y así hasta el infinito.

En esa maravillosa aventura de la paternidad y maternidad, cada progenitor ha de indagar los medios y los instrumentos educativos, sabiendo, eso sí (ahí se halla el tesoro irrenunciable e inembargable por el Estado ni por nadie) el objetivo o fin a alcanzar, que es patrimonio privativo de los padres.

Instrumentos de aprendizaje hay varios: charlas, cursos de orientación familiar, tertulias de padres, visionado de vídeos, puestas en común formales o informales con amigos que se hallan en la misma encrucijada. De esos instrumentos destacaré dos: primero, y por encima de todo, el ejemplo a seguir, pues todos los padres antes han sido hijos; segundo, la lectura de libros recomendables.

2473b998c1927afd2251416129984713Hoy traigo a este blog un ejemplo muy recomendable. Durante estas fiestas de Navidad hemos dado buena cuenta de estas “pequeñas virtudes del Hogar”, escritas por Georges Chevrot y que son una transcripción de mensajes radiofónicos leídos por el autor en su momento.

El libro parte de un presupuesto esencial: existen cierto número de pequeñas virtudes que no causan ruidosa admiración pero que contribuyen a hacer más agradable la vida en familia y a la construcción del carácter y personalidad, de los hijos, y del resto de miembros de la familia: cortesía, humildad, gratitud, sinceridad, discreción, alegría, esperanza, economía, puntualidad, paciencia, benevolencia, perserverancia. Un amplio elenco de virtudes de hoy y de siempre que los padres hemos de aprender a vivir y a enseñar a nuestros hijos.

Un extraordinario libro, publicado por Herder Editorial en tapas duras, de poco más de 100 páginas, de lectura agradable, y que – por experiencia – los niños escuchan con tranquilidad y que comprenden razonablemente. Otra cosa es que sepamos cumplir las recomendaciones y vivir esas virtudes. Pero ya se sabe que para eso tenemos toda la vida. 

 

Tabarnia se expande

el separatismo tiembla.

Se acabó el cuento. Los separatistas reciben su propia medicina. Y además con gran eco internacional como demuestra este video.

Es interesante seguir el impacto del movimiento tabarnés:

  • Los separatistas están que trinan: Rufián y compañía.
  • Los rupturistas camuflados: Colau (vean el video) y compañía consideran que es una cosa de las redes.
  • Los sesudos analistas, tan comprensivos con las peticiones y motivaciones separatistas, consideran que lo de Tabarnia es impresentable, algo cómico, que no tiene fundamento.

La conclusión es inequívoca: ladran luego cabalgamos. No podemos abandonar a aquellos que quieren seguir siendo españoles, a los de Tabarnía y a los del resto de Cataluña.

Mi querida y tabarnesa España.

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Año Nuevo, ¿política nueva?

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Por fin llegó el 2018. Se multiplican las reflexiones que afirman dejar atrás, agradecidos y confiados, un año 2017 que aquí en esta nuestra tierra catalana ha sido año de odios, deslealtades, cobardías, traiciones, delitos flagrantes contra el orden constitucional. Pero también ha sido año de heroicidades pequeñas (auténticas por ello), de proliferación de asociaciones y movimientos de contrainsurrección, de manifestaciones masivas, de banderas nacionales ondeando en los balcones de las calles de Barcelona y cientos de municipios, de felices encuentros con compañeros de la infancia, de abrazos sinceros y emocionados.

Los que vivimos en Cataluña sabemos que confiados no podemos estar. Ni confiados en la clase política ni en nuestras solas y propias fuerzas. El “prusés”, ese engendro de unilateralidades y conductas delictivas, fue vencido por la fuerza de la Nación. Y solo con esa misma fuerza se conseguirá doblegar el odio cainita de la ruin estrella de cinco puntas y podremos ganar para todos la reconciliación y la convivencia. Igual que miles de actos de cobardía nos han traído aquí solo miles de actos de lealtad y valentía nos sacarán de aquí: de ciudadanos, familias, consejeros delegados,…

Digo que fue vencido por la Nación pues la victoria sobre el delito y la inquina fue el producto de millones de factores. No me gustaría olvidar ninguno. Aprovecho ahora la “inactividad” de la espera en el Aeropuerto del Prat. Millones de factores pues todos y cada uno de los españoles comprometidos han sido claves. Destaquemos: la iniciativa y valentía de Somatemps ante la sede de la ANC aquel último viernes de septiembre, los miles de guardias civiles y policías nacionales que fueron insultados y vejados y luego reparados, aplaudidos, abrazados y besados con la alegría del que es liberado, que arribaron a Cataluña obedeciendo la orden de un Gobierno que, tarde, comprendió que estaba en juego la libertad y la vida de los españoles; la marcha de San Jaime el día antes al 1 de octubre, bajo la lluvia pertinaz que amenazaba tiempos oscuros, la impostura de los días 1 y 2 de octubre, el extraordinario mensaje del Rey aquel martes 3 de octubre, tan árido y amenazante, la marcha sobre Barcelona de los “héroes de Artós”, que supieron (antes incluso que el monarca rechazase el pacto y la negociación que algunos deseaban) entender que la Nación es un proyecto, una bandera, un himno y millones de amores, y que es irrevocable, y a partir de ahí, la eclosión de un sentimiento expresado en Zaragoza, La Coruña, Palma, Valencia, Madrid.

Nunca podré olvidar el pasacalles de Artós, que recorrí durante cuatro horas con mi hijo Jorge, leal y decidido como siempre. Ya el sábado habíamos acudido a San Jaime, en sesión de mañana y tarde, como los cines de antes. Él es mi ejemplo. Barcelona empezaba la reconquista pero España entera era la que podía vencer el engendro de insolidaridad que es el separatismo.

Sociedad Civil Catalana comprendió las exigencias del nuevo tiempo que la impostura del 1 de octubre y la violencia de los rebeldes imponían al patriotismo constitucional. Gran manifestación de unidad y amor el día 8 de octubre. En poco menos de una semana…vimos lo nunca visto.

Aún recuerdo la sensación de avistar la confluencia de Paseo de Gracia con Gran Vía, bajando con los de Artós, a lo lejos, muy lejos, tan lejos que no era posible llegar, bañada de rojo y de gualda, llena de Libertad en fin, liberando de la angustia de la semana anterior.

Desde entonces, en cada calle, en cada barrio, en cada pueblo, en cada plaza, hay alguien de guardia. Se acabó la impunidad.

Luego otras decenas de manifestaciones, actos de repudio al odio separatista, y de reconocimiento a policías nacionales y guardias civiles….fueron entonces los separatistas los que no supieron o no pudieron medir la fuerza de una nación de ciudadanos y de familias libres.

No pretende ser esta entrada un resumen ni un relato histórico. Quedan cientos de asuntos por tratar: la fuga de empresas, el miedo, la incertidumbre, la ruptura (indiscutible) social. Ya habrá tiempo. Lo que menos me importa, el proceso electoral, que entra dentro de la “normalidad” y la secuencia histórica.

El capitán anuncia el aterrizaje. Toca también tocar tierra.

Año nuevo, ¿política vieja? Si algo hemos aprendido estos tres meses es que unidos somos indestructibles y que a la división provocada por los separatismos no podemos enfrentarlos desde la división a que inducen los partidos políticos.

Si en este 2018 se vuelve a la senda del partidismo, del regate corto, del pierdo-aquí-mil-votos-porquetelosquito-Allí, si en este 2018 se vuelve a la senda de no mantenerse unidos al Gobierno, a los Jueces y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad; si se vuelve a la senda del compadreo y el cambalache, los de la estrella de cinco puntas golpearán con más fuerza. Esa es la vieja política de los partidos.

Pero hay otra política. La política de la nación. La política de las personas, familias, empresas, la política de la sociedad civil viva y en movimiento. Esa política no conoce de orígenes sociales, ni de ideologías. Esa política es la que estamos llamados a ganar: el patriotismo constitucional. No el de Hubermas, sino uno nuestro y nuevo. No el del que se siente español desde una Constitución sino el del que se sabe español antes, durante y después de la Constitución y sabe que la Constitución no es la Nación pero la Constitución es la principal arma para defender la nación y sus derechos como catalán, español, europeo, padre o madre o hijo de familia, vecino de tal o cual municipio, miembro de tal o cual empresa.

Mis mejores deseos para el nuevo Año. ¡Qué expulsemos la vieja política de las clases, las facciones, las partes y los partidos!