Noche fantástica, de Stefan Zweig

La música, se dice, amansa las fieras. No dudo que sea así, siempre que por música entendamos tonos, ritmos y acordes previos al Concilio Vaticano II. Cada vez me es más claro que el hito relevante del siglo XX en Europa no fue ni la muerte del archiduque, ni la invasión de Polonia por los blindados de la Wehrmacht, ni la conferencia de Yalta ni el holocausto de Hiroshima y Nagasaki, ni la caída del Muro; ni siquiera los atentados del 11 de septiembre de 2001. No. Lo más relevante y decisivo fue el Concilio Vaticano II, por lo que tuvo de aceptar lo que era evitable con una inevitabilidad determinista, por lo que tuvo de renovación real y efectiva, por lo que tuvo de claudicación, por lo que representó en suma. Hay una música de antes del Concilio, y una literatura de antes del Concilio, una Iglesia de antes del Concilio, una sexualidad de antes del Concilio.

noche-fantastica-600x920El Faro espiritual de Occidente y del mundo entero renovó su potente lámpara. Nadie pensó sin embargo que la nueva luz tardaría años en vislumbrarse. En el ínterin, miles de barcos, grandes y pequeñas embarcaciones perdieron el rumbo, chocaron con la costa, dieron con sus huesos en los riscos y acantilados; feneciendo como mueren los marinos, sin que nadie les dé el merecido descanso, responso, y despedida. En el ínterin, miles de marinos, engañados por cantos de sirena, se perdieron y aún hoy vagan sin rumbo por la Océana mar.

Pues bien, a esta fiera que escribe, le amansa la lectura. La lectura preconciliar y universal, muy europea y muy moderna; moderna por europea y por europea, siempre moderna. Y nadie mejor que Zweig para cumplir con todas esas exigencias.

Su “Noche fantástica”, editada por Acantilado, es un conjunto de siete relatos, separados y autónomos pero que recogen esa misma atmósfera de personajes con alma que descubren su alma para dejar de ser personajes, y ser-uno-mismo; pues todos tenemos algo de cada uno de los protagonistas o quizás vemos en ellos reflejados a un familiar o amigo.

Me despido con los últimos párrafos del último de los relatos: el pago de la deuda atrasada. La protagonista afirma: “..pero yo no encuentro nada milagroso en ello. No hay nada que cure tanto a uno como el ser feliz, y no hay mayor felicidad que hacer feliz a otra persona”.