Poesías reunidas, de Luis Rosales

Hace mucho tiempo compré este maravilloso poemario de Luis Rosales. Mucho tiempo ya. Diría que casi veinte años, en una de esas librerías de detrás de la Universidad, que murieron de viejas y de no ser leídas. Creo que lo compré porque había leído que Rosales, junto a Ridruejo y Panero, entre otros, eran exponentes de la Generación del 36, una extraordinaria generación de poetas que ha sido oscurecida cuando no olvidada en nuestra historia, por su filiación falangista y – por qué no negarlo – vinieron detrás de la monstruosa excelencia de nuestra Generación del 27. Uno de esos libros que se compra porque sí. No lo leí. Pasó a mi biblioteca, sin pena ni gloria.

Durante todo este tiempo me ha acompañado en varias mudanzas, y siempre me ha mirado – el libro y con él Rosales – como pidiéndome que les quisiese, una caricia, una hojeada; y es lo cierto, que lo hice, bien lo sabe el Altísimo; aunque nunca emprendí el camino que me marcaban.

Por fin este año sí. A la vuelta del verano, y tras leer Libro de Poemas, Mariana Pineda y el Romancero Gitano, tres genialidades de Lorca inabarcables para un tipo como yo, me sentí con fuerzas de leer esta Poesía reunida de Luis Rosales, amigo del alma de Lorca, falangista de los que buscaron una nueva poesía que prometiese para una nueva España hendida en el amor, y que luchó denodadamente por intentar salvar la vida del genio granadino.

Todo libro tiene su momento. La poesía más que su momento, tiene su presencia. Una novela, un libro de historia, un ensayo incluso pueden leerse en cualquier momento, que sea el suyo. La poesía, si es buena, no se puede leer en cualquier momento, porque requiere que el alma esté presta, más que a leer, a sentir, y a vivir. Son las cosas que hace mi nosotros. Enseñarme a leer, a sentir y a vivir.
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La lectura de Rosales resulta sorprendente. Un dominio del ritmo y del lenguaje. Uno lee su prosa con facilidad, y en pocos minutos, se ve llevado en volandas a su mundo de amor, de memoria, de recuerdo, a ese mundo donde los corazones están serenos porque están en lo que aman; y lo aman de veras, por entero, con pasión indomable.

Dejo al lector una muestra:

“no basta que callemos y además no es posible callar,
si el silencio representa la inocencia perdida, la palabra
representa la inocencia culpable,
para hacernos callar tienen que amortizarnos.
Sin embargo nunca se puede estar seguro de esta
amortización
pues los muertos difieren en su capacidad de permanencia,
algunos son demasiado veloces,
y hay que decirlo sin tapujos:
algunos muertos son efímeros, otros son pesimistas y otros
son muertos diferidos.”

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