La corrupción de un ángel, de Mishima

Imagen Ya he escrito en numerosas ocasiones que los libros, cuando son de veras en el alma de uno, es cuando aparecen inesperados. El libro previsto o previsible, el deseado, el esperado, el buscado, en muchas ocasiones, resulta poco fértil. Tanto ansía el alma su lectura que – fruto de nuestra propia inmadurez – al leerlo, se queda despagada. Éste llegó a mis manos de forma sorprendente, imprevisible, ¡mágica!, y por ello ha sido devorado con avidez entusiasta. Cada página volteada era recuerdo, vivencia vivida; vida en suma. Las obras de Mishima rezuman vida hasta que sus protagonistas se nos desvanecen entre los manos, como el agua.

La corrupción de un ángel es la obra póstuma de Yukio Mishima, el último capítulo del Mar de la Fertilidad, su gran tetralogía sobre la historia del Japón reciente. El título hace referencia a la doctrina budista sobre la corrupción de los ángeles. Y cierra el ciclo de reencarnaciones de los anteriores.

Una vez leído se entiende que el autor, joven, en la cumbre de la popularidad, decidiese acabar su vida conforme al rito tradicional japonés. Mishima, posiblemente, nada ya tenía que decir; vencido por un existencialismo vacuo, que produce náusea, desazón y falta de esperanza. Mishima, posiblemente, nada ya tenía que contarnos; su protagonista había alcanzado la senilidad, y se había emponzoñado, y había visto no probada su teoría sobre la reencarnación de los tres lunares.

Como no soy especialista en Mishima, aunque me reconozco ávido aunque tardío lector de sus novelas, preciosísimos tapices de colores, sensaciones, sentidos, no alcanzo a comprender la profundidad del nombre de la tetralogía. Mar, sí, pues el Mar inunda sus historias, sobre todo las dos últimas apareciendo como protagonista indiscutible. ¿Pero fertilidad?

En esta última novela domina una idea: la consciencia de sí mismo, la conciencia de su dignidad. Pero un sí-mismo-que-se-ensimisma hasta el límite, deshaciéndose. Esa consciencia de ser sólo existencia….improductiva.

Aunque eso sí, Mishima nos ha dejado hermosísimas páginas y ha mostrado el camino de una literatura elegante, delicada, coloreada, palabras que huelen, que sienten, que miran; una literatura estética en la forma y en el fondo.

Mishima. Ángel. Mar. Flor. Mirada. Y la magia de haber llegado este libro a mis manos.

 

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