Lo que el mundo le debe a España, de Luis Suárez

Aprovechando que la lluvia nos regaló un día de Corpus casero, tuve la ocasión de terminar las últimas páginas de este interesantísimo ensayo publicado por Ariel bajo un título sugerente “Lo que el mundo le debe a España”. Efectivamente, don Luis Suárez, Académico de la Historia, nos regala un ensayo, deliberadamente breve, donde siguiendo la línea de la Historia, el autor destaca, una a una y en conjunto, las aportaciones hispanas al mundo, y en especial, a Europa como civilización a la que pertenecemos.

En el fondo puede leerse como una breve historia de España que llama la atención de aquellos momentos de nuestra historia en que España ha estado en la encrucijada de ideas, proyectos, discusiones, conflictos, que de uno u otro modo han marcado el devenir del pensamiento y de la historia mundial.

Libro a mi entender de saludable lectura, y que puede contribuir a enriquecer esa pequeña biblioteca que todos los padres debemos hacer para entregar cuidadosa y adecuadamente a nuestros hijos cuando en cada caso proceda en función de su formación, madurez e inquietudes. Si bien adopta la forma de ensayo, el autor no deja su condición científica, criticando y apoyando su argumentación con datos históricos.

Como es mi impresión personal, me quedo con tres instantes de nuestra historia, ampliamente glosados por el autor: primero, la España que hace Trento y que a la vez que defiende a Europa de la invasión islámica con todos sus medios, se enfrenta al protestantismo de Lutero y Calvino promoviendo una vastísima reforma eclesial que es toda una propuesta de modelo político, social, económico y moral; segundo, la amplísima explicación del movimiento ilustrado español que desde fuertes bases de convicción católica  preconizó una forma alternativa a la Ilustración, que no renunciaba en modo alguno a la herencia del pasado, el libre albedrío y la trascendencia y que se vio reflejada en los avances científicos en España y América en el XVIII, en especial durante el reinado de Carlos III, y que se vio frenado en su desarrollo armónico por los embates de la revolución francesa; tercero, la resumida expresión de nuestras contiendas civiles a lo largo del XIX, la irrupción histórica y sentido del carlismo originario y su progresiva reducción a un movimiento regionalista y finalmente abiertamente secesionista.

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