El Libro de la Vida, de Santa Teresa de Jesús

Lo que sigue en la siguiente oración constituye una bobería al uso, que no por ello resulta menos verdad: los libros, cuando se releen, tienen otro sabor. Y otro olor. Y otro sinsabor, a veces. En general, cualquier cosa que hagamos en la vida, por muy repetitiva y rutinaria que sea, será siempre distinta a la acción que pretendíamos emular. No es cierto, por tanto, aquello de estar condenados a repetir la historia, o de tropezar dos veces en la misma piedra. Cada hecho, cada circunstancia, cada situación, cada acción, u omisión, cada sentimiento o pensamiento, cada instante, en fin, es distinto a cualquier otro instante, situación, circunstancia.

Digo esto a propósito del hecho no menos cierto de que no todos los libros se releen, y aun entre aquellos que volvemos a hojear u ojear, o revisar, y releer, muchos pierden con el tiempo. Sin embargo, hay una exquisita experiencia cual es la de volver a leer un libro y descubrir en él océanos profundos de ideas, propósitos, afectos, recuerdos, sentimientos. Así me ha sucedido esta vez con este Libro de la Vida de Santa Teresa.

Debí leerlo en el Bachillerato o inicios de la carrera, junto al Camino de Perfección y a las moradas o castillo. Todos, espero, caerán rendidos durante este Año, de la Misericordia. La experiencia de esta lectura, iniciada justo antes de la Novena de la Inmaculada, y terminada la semana pasada, ha sido maravillosa. Con toda seguridad, por la calidad de la edición, comentada, ya que el volumen, editado por la Real Academia Española y Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores, en el 2014, incluye, junto a la edición anotada del texto y un amplio aparato crítico, estudios de Fidel Sebastián Mediavilla que abordan cuestiones sobre la autora y la composición de la obra, su género y fuentes, y la transmisión e historia crítica del texto.

Libro_de_la_vida_Imagen_portada_0¡Qué diferencia leer una obra maestra con entender una obra maestra!

El libro de la Vida es una gigantesca confesión de Santa Teresa, que con una sinceridad ciertamente salvaje – recomendación espiritual que no se sigue con resultados espantosos – nos desgrana su experiencia religiosa, su relación con Su Majestad, el Cristo Llagado, el Señor de las cosas, el Amor de los Amores, además de un libro autobiográfico, una obra de espiritualidad, y en parte, incluso, un relato sobre aquella nuestra España-hacedora-de-mundos, pobre, honrada, y entregada al servicio de una obra inmensa e inacabada.

Releer a Santa Teresa es reconciliarse con uno mismo. Santos, como Teresa, que han experimentado hasta la unión mística su entrega al Cristo redentor, nos reconcilian con la vida. Uno lee la vida y la obra genial de la Teresa de Ávila y no dice….si ella pudo yo puedo – al estilo del cine redentor y voluntarista americano (tenemos a Jobs, el ególatra y tiránico, en cartelera) sino que dice si Dios pudo, Dios puede, si Teresa pudo en Dios y con Dios, yo podré con Dios y en Dios.

Sólo así uno se re-concilia con uno mismo: cuando advierte la gran paradoja de la Fe: por mí nada puedo, con Dios todo lo puedo.

Gracias a la RAE por esta feliz colección de la que hablaremos más días…

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