Viene a mi recuerdo lo que, supongo, debía ser una consigna o grito de combate. Debí leerlo, muy de pequeño, en una pegatina, o revista, o panfleto, ya no sé. Rezaba más o menos…no nos detendrá ni el oro de las derechas ni el plomo de las izquierdas. Me impactó y por eso recuerdo el texto, aunque no la ubicación.
Consigna de difícil comprensión, sobre todo por lo del plomo. Si uno piensa que se refiere a la industria siderúrgica, cuesta digerirse…si caes en la cuenta de que lo del plomo se refiere al calibre del proyectil que acecha en una esquina….se entiende.
Alguna vez, ¡bastantes!, lo he dicho, cantado, o incluido como verso en un brindis final de festín. Pero ahora, en este preciso instante, se me hace real, no como consigna o grito, sino como doctrina compleja, completa y cierta. Ni izquierdas ni derechas. Claro. De ésta no nos sacarán ni los unos ni los otros, ni tampoco los del anarquista movimiento social.
La artificial distinción entre izquierdas y derechas, acuñada en principio como mera localización parlamentaria, se nos ha impuesto, y va ya para muchos años, demasiados. Eso que llamamos Sistema, y que es un estado de cosas, poderes, fuerzas, y equilibrios, se alimenta, entre otras cosas, de la distinción artificiosa entre izquierda y derecha.
Lo grandioso del Sistema y su pervivencia y capacidad de adaptación es que no se sustenta en el Poder de un Hombre, ni de una Idea, ni de un Grupo o Clase. No. El Sistema que Carl Schmitt llamaba Estado liberal burgués y que ha devenido en este Estado socialdemócrata se alimenta a sí mismo. Izquierdas y derechas, partidos políticos, sindicatos y empresarios, y en nuestra maltrecha España, encima, el azote secesionista, ateos y creyentes, empleados y desempleados,…El sistema vive de todas esas ambigüedades, de todos esos conflictos, de ese afán destructor de la esencial unidad de la Nación.
Luego el Sistema, abanderado por el Estado, aparece como el árbitro imprescindible, moderador, el Gran Solucionador. El hombre, los Hombres, somos los malos, y el Sistema es el bueno. El efecto es demoledor.
Por eso no creo tampoco en ese Movimiento Social que ejerce y vive del frentismo. Ni izquierdas ni derechas, sí, pero de veras.
Viene esto a cuento de un larvado enfrentamiento en el seno de los católicos españoles que afirman y creen en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Unos, no pondré nombres, son acusados de hacer el juego a un PP que, se dice, prepara una más que liviana reforma de la llamada Ley del Aborto Libre para apuntalar, una vez más, el llamado voto católico, ahora que se acercan a gran velocidad procesos electorales. Los acusados, haciendo bandera de que sólo ellos con su presión mediática, han conseguido esta pequeña victoria – veremos- en la defensa de los principios innegociables.
Sí, el Sistema, como estado de cosas, se alimenta vorazmente, de estas luchas. Desconfío cada vez más de quien me pide el voto como opción “contra” y del que dedica sus principales esfuerzos a combatir al Otro.
No seré yo árbitro ni mediador en ese enfrentamiento interno. Pero lo que sí sé es que la prueba del 9 esta en el ¿y usted a quién sirve? La respuesta en el clásico: no servir a señor que se nos pueda morir.

