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Escribo de urgencias, como un médico del SAMUR o del SEM, que no se me enfaden en la primera línea los del “autonomismo o muerte”. Al llegar al despacho, me llega vía Redes Sociales un artículo escrito por un tal “Montero Glez”, escritor al parecer, publicado en Eldiario.es. 

El tal “Glez” – perdóneme la Real Academia de la Lengua -, en unas pocas líneas, se cisca en todos los que hace dos años hacían cola en la Feria del Libro para que Santiago Abascal, presidente de Vox, les firmase un ejemplar.

El tal “Glez” – perdónenme todos los González, sobre todo aquel “Alvaragonzález” al que Antonio Machado dedicó hermoso romance – afirma que:

“En todo caso, lo que me pareció sorprendente fue comprobar que la mayoría del personal que se acercaba a estrechar la mano de Santiago Abascal, y a llevarse su libro firmado, fuesen gentes de origen humilde, clase trabajadora sin conciencia de clase, dispuesta para servir con gusto al patrón, al capital y a toda la cuerda de verdugos financieros. Hablé con algunos de ellos y su  expresión discursiva era tan simplona como propia del pensamiento limitado que podemos encontrar en la página esa de Forocoches.

(…) Son gentes de a pie, en su mayoría; hombres y mujeres sin conciencia crítica que no ven más allá de un trapo rojigualda y que señalan al inmigrante como el culpable de la tasa de desempleo de los españoles. Porque todo imbécil que se precie y que no tiene algo por lo que pueda mostrar orgullo, se refugia en el último recurso que le queda, es decir, el de vanagloriarse de la nación en la que, por azar, ha nacido. Algo así vino a decir Schopenhauer y, después de ver lo que está sucediendo, yo lo suscribo. No es para menos”. 

Antes de encarrilar la tarde con el primer café, y con ánimo de coger fuerza para hacer bien mi trabajo profesional, me gustaría indicarle al tal “Glez”, que es  una caricatura de la pseudointelectualidad que se agolpa en los libelos digitales de la izquierda rampante, varias cuestiones:

1º. Por supuesto que no tienen conciencia de clase. Se les fue de golpe el día que intuyeron que la lucha de clases era un señuelo de la intelectualidad para romper la convivencia de la comunidad política. Esos españoles que hicieron cola para saludar a Abascal y que abarrotaron Vista Alegre, como otros tantos teatros, plazas y salas de conferencia, tienen consciencia de ser personas, padres de familia, trabajadores y españoles; y con eso les sobra y les basta para tener opinión fundada sobre su Nación.

2º. Prefiero la expresión discursiva simplona de esos “españoles de a pie” que el discurso vacío de ideas y lleno de insultos del que para dárselas de intelectual cita a Schopenhauer.

3º. La Bandera Nacional no es un trapo rojigualda. Es un símbolo de la Nación y en ella se condensa la cotidianeidad de todos los españoles de ayer, de hoy y de mañana: sus sueños, sus victorias y derrotas, sus más íntimas aspiraciones, sus amores y sus sinsabores, sus actos de heroísmo sin igual en otra nación; es la bandera símbolo de una comunidad política que se resiste a ser devorada por el internacionalismo de izquierdas y el globalismo de los tecnócratas que desean disolver España en un magma de citas pedantes y frases hechas.

4º. En fin, son esos españoles humildes, trabajadores, sin conciencia de clase los que le miran a Ud. sorprendidos y preguntándose: ¿qué mal hicimos? ¿qué terrible pecado cometimos? ¿por qué nos odiáis? Esos españoles humildes, trabajadores y sin conciencia de clase , cansados del engaño de una clase política autocomplaciente y de unos medios que engañan y manipulan, están en sus casas, en sus trabajos y en sus universidades esperando el momento de sorprender y votar.

5º. Termino ya…que el trabajo se acumula: yo estoy con ellos, con esos imbéciles, sin consciencia de clase y origen humilde, los imbéciles que cada día madrugan y trabajan y pagan impuestos abusivos para sostener un sistema que los desprecia.

Toca poner orden en esta brutal incoherencia, ¿no?

Usted siga con Schopenhauer. Yo seguiré con Federico García Lorca, que a su decir, era también imbécil, de origen humilde y sin conciencia de clase.

 

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