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Sentado en AVE. A punto de salir desde Valencia a Vistalegre para estar junto a Santiago Abascal con la España viva.

Reflexiones:

Al principio, urbanizaciones diseminadas; algún polígono industrial, campos de naranjos sobre todo. Amanece con rapidez. Las barreras para-vientos y para-ruido de la instalación del AVE impiden ver el paisaje a veces. Mucha tierra sin cultivar.

A mi derecha, en el sentido de la marcha, mogotes pelados, pequeñas ondulaciones del terreno, con matorral bajo. Improductivo. Añoranzas. ¿Cuándo el hombre dejó de combatir esa sequedad? De repente, entro en un túnel enormemente largo, inacabable.

Salgo del túnel, y como era de esperar, cambió el paisaje. Esto es España. Al naranjo le sustituye el pino. Tierra más salvaje donde la prueba de la existencia humana se encuentra en los gigantescos tendidos eléctricos. Y en mí mismo, claro, que avanzo a 250 kilómetros hora allí donde hace 250 años en una hora no se hacían más de 2 kilómetros y medio.

Alguna casa aislada a mi izquierda. A mi derecha, campo y pinos. Predomina el verde, con múltiples tonalidades. Junto a la vía del tren, carreteras donde a estas horas, y en domingo, solo se ve gente del campo. Trabajando. Por esa España que ha sido olvidada y es insultada por la soberbia de los que vivimos en la ciudad, progres e idiotas de vanidad, por esa España Viva…

Llegamos a Requena. A ambos lados de la vía, campos de vides, se agolpan, desde el limite mismo de las servidumbres ferroviarias hasta confundirse con los pinos que señorean el paisaje, últimas caídas del sistema ibérico. Estación vacía. Aquí no hay grúas ni aquello de “planta baja más cinco”.

En marcha! Se sueña Madrid a lo lejos. Una gasolinera. Una bodega, de esas modernas. Un campanario, de esos eternos. Oh Señora Mía, oh Madre Mía, yo me ofrezco…España, tierra de María. Recuerdo que hoy es la Virgen del Rosario.

El verde va dejando paso, naturalmente, al marrón, al ocre, al arcilla, a esa España tostada al sol, que hay cosas que no cambian. Las vides marrones, miles de ellas recién plantadas. Vivir es adaptarse, pienso. Pierde el cereal. Mi querido olivo asoma a veces curioso.

Instalaciones de ADIF diseminadas, perdidas en los márgenes. A esta velocidad, va más rápido el tren que mis pensamientos. Son las cosas del tiempo moderno. Me conecto a la música del iPad. ¡Qué mejor que Jarcha. Oigo de fondo “segaores”…temblores…

Siempre me pasa. ¡Me siento tan inferior a ese hombre tempranero, tostado, recio, de piel dura y reseca; ese hombre de palabra corta, mano firme y largo brazo; lento a la ira, pronto al combate; que se desloma de sol a sol! Cosas del paisaje.

Cambio de tono, de paisaje, de color…cambio de mundo se diría. Lejanía, tonos rojizos y amarillos. El verde, diseminado, es ya oliva y algún almendro. Al fondo, muy lejos, lejísimos, se adivinan unas torres blancas que sé que son molinos de una central eléctrica. DonQuijote.

¡Qué vanidad la mía creer que sé que son molinos! Bien pudieran ser los gigantes del hidalgo ingenioso que vuelven, enfurecidos, a destruir nuestra paz. En Vistalegre oiremos la Vox firme de la España Viva, de la Cataluña viva!

Allí estará Ignacio Garriga.

Llegó el amarillo, precioso, de una belleza incomparable. El sol de España mismo que se pega en el suelo, y hace suya la tierra. Atrás queda el ocre rojizo de la tierra arcillosa, y el verde…que se ve de cuándo en cuándo, anunciando un riachuelo, una fuente, un pozo.

Las montañas a lo lejos. Varias jornadas si hubiera que ir andando. Eso era subir a la Montaña. Cuando la Montaña significaba algo, sustancialmente distinto. Nada rompe ni turba la línea del horizonte. Algún campanario. Algún silo altísimo. No más. Sin horizontes como Vox. El que tiene horizonte se pone límites.

Giro extraordinario hacia mi derecha da el tren. Vamos hacia el Norte. El sol a nuestra espalda. Subimos a Madrid, dirección a la Sierra Alta. Tierra inculta. Yerma. Jarcha canta a una chica del campo que se ve con mandil y cofia fregando pisos en la capital. Pienso…

Quién piensa ahora en ti, España de colores, sino Vox

España de ciudad, de cristal, cemento y hierro; pero España de campo también, de vid, de olivo, de espigas amarillas, España de sol sin agua, España de jara y sedal, España Viva!

Entramos en Madrid

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