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Finalizó el curso escolar. Se anuncia ya el merecido descanso veraniego de tantos padres de familia. Y con ello, la urgencia de ir finalizando lecturas para que las maletas vayan repletos de lecturas nuevas y refrescantes.

La semana pasada cerré este “Newman”; escrito, según me dice mi buen amigo D. Enrique Cases, hombre santo, bueno y risueño, por el mayor especialista español: José Morales.

Con el Cardenal Newman vamos cerrando ese cuadrado perfecto de católicos ingleses que iluminó el pensamiento y la literatura europeas en las postrimerías del siglo XIX e inicios del XX: C.S.Lewis, Chesterton, Tolkien y el Cardenal.

Extraordinaria biografía de John Henry Newman, anglicano militante que, movido por un deseo cierto y constante de vivir su Fe cristiana con plenitud y coherencia, acabó abrazando los brazos De la Iglesia Católica, por ser la verdadera, heredera de los grandes Padres de los primeros siglos de fe cristiana. Newman vivió con austeridad, se esforzó en la defensa intelectual de los principios Cristianos que, desde el liberalismo y desde el marxismo, se veían gravemente amenazados como la Historia ha demostrado.

Se avanzó a muchos teólogos en la defensa firme de que la Fe católica no es que fuera compatible con la Razón, sino que, como diría Chesterton, la única forma razonable de vivir humanamente, es vivir como un cristiano; compatibilidad que sólo es posible desde la primacía de la Fe, que es generosa, humilde, serena, prudente; a diferencia de la Razón, que por ser obra humana, tiende a la soberbia y la codicia intelectual.

Newman fundó su Oratorio en Birmingham, donde vivió Tolkien, movido por un propósito constante: formar intelectuales católicos capaces de competir y combatir con una creciente intelectualidad crecientemente agnóstica, cuando no abiertamente anticristiana.

Newman es el ejemplo del intelectual católico que sabe que la Verdad no es la suma algebraica de opiniones diversas, ni el fruton de un consenso más o menos matizado, ni por supuesto el resultado genuinamente democrático de un procedimiento electoral sino el fruto de un esfuerzo intelectual humilde y constante con la ayuda de la Fe: la Verdad no es sincrética ni pactista. La Iglesia tiene la misión de proclamar, propagar y defender la Verdad, el Bien, la Belleza.

Lectura obligada. Hoy, especialmente recomendada a curas, monjas, monjes, obispos, católicos de trinchera y de primera o segunda línea: retroceder no es una opción, pactar en detrimento de los principios y creencias es un acto de cobardía.

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