Etiquetas

, , , , ,

Efectivamente, otro año más, llegó el Primero de Mayo. Primer día del mes de mayo, San José Obrero.

Otro año más celebraremos el Día del Trabajo, descansando, y disfrutando, si es posible, de un plácido día en familia.

Otro año más nos inundarán con imágenes de manifestaciones, revueltas sindicales pretéritas en imágenes de archivo, conflictos de clase, barricadas quizás, banderas de color rojo, soflamas no creíbles, alguna hoz y algún martillo saldrán a pasear, gritos en la calle. No son previsibles las carreras delante de la policía. Esa policía sindicalizada y reivindicativa que también se ha contagiado de su triste condición de clase-en-conflicto.

Es momento de recordar por qué celebramos, en verdad, el Primero de Mayo. Lo celebramos y lo celebraremos porque nos recuerda que trabajar es, por encima de todo, un deber, y luego un derecho, y para muchos, además, una forma de ganarse el cielo, que no es mal salario; es decir, todo lo contrario de los motivos oficiales de celebración: el trabajo no es una forma de esclavitud (en realidad, lo que distingue el trabajo y la esclavitud, entre otras cosas, es la existencia de un salario); y antes que un derecho es un deber; pues obviamente si la Sociedad impone el trabajo como un deber, debe reconocerlo también como un derecho, incluso reivindicable en determinadas condiciones en mi opinión.

Es un imperativo moral defender la verdadera dignidad del trabajo y del trabajador, que pasa en primer lugar por acotar su verdadera naturaleza: deber personal, deber familiar, y deber social.

Trabajamos para ganarnos el pan, como se decía antes, esto es, por el sustento personal; y también – por eso nos sirve de modelo San José – para ganar para nuestros hijos su sustento, que hoy no es solo pan, sino techo digno, y una buena educación; y trabajamos, en fin, porque en el trabajo forjamos nuestro carácter y nuestras virtudes (orden, respeto, obediencia, cumplimiento de horarios, alegría, reciedumbre), nos hacemos personas-en-relación, al entrar en contacto e intercambio con compañeros, jefes, subordinados, clientes, proveedores, y finalmente, contribuimos a la perfección y fortalecimiento de la sociedad, creando empleo y riqueza, que revierten a todos – o deberían revertir – por la labor de redistribución que realiza el Estado – si se ordena conforme al principio de justicia – y la propia organización social y económica – si se ordena conforme al principio de libertad. La cuestión está, por tanto, en la adecuada Distribución.

Mañana, 1 de Mayo, algunos (los menos, aunque siempre ruidosos, y con el acompañamiento cómplice de los grandes medios de comunicación) se sentirán sólo miembros de una clase (inexistente), en conflicto con la otra mitad del país, y harán gala de ese conflicto, del enfrentamiento y de su resentimiento; otros (los más, muy silenciosos) nos sentiremos miembros de una comunidad, viva, en constante colaboración, y nos desearemos que el próximo primero de mayo, nuestras casas, nuestras empresas, nuestras calles, nuestra región y nuestra nación, estén más unidas y más alegres: trabajar es una buena forma de ponerse a ello.

No puede olvidarse – ni dejar de reivindicarse – esa función social del trabajo, que tiene también su extensión en la función social de la empresa. Ni el trabajador se limita a intercambiar tiempo o fuerza por dinero ni el empresario compra tiempo o fuerza por dinero. Esta visión de enfrentamiento – propia del liberal y del socialista – debe ser arrinconada pues ni responde a la realidad humana ni conviene a la sociedad: trabajador y empresario, mandos intermedios, y directivos sirven a una misma finalidad, desde distintos puestos y responsabilidades – con su consecuencia económica lógicamente: al propio crecimiento personal, al sustento de las familias y al fortalecimiento de la comunidad.

Por eso nos duele tanto un compatriota en paro como un empresario noble que se arruina. Y por eso no enfrentamos ni creemos en las clases-en-conflicto, doctrina alienante que alimenta a Unos y a Otros. Pero nosotros queremos ser de Todos. Y a ambos dirigimos nuestro aliento y nuestro recuerdo en este día.

Anuncios