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Hay verdades pedagógicas incontrovertibles. Una de ellas es que “nadie está preparado para ser padre”; o dicho de otra manera, “nadie nace enseñado para ser padre”, o lo que es lo mismo, “ser padre es una asignatura sin temario predefinido”, “los niños vienen sin manual de instrucciones”; y así hasta el infinito.

En esa maravillosa aventura de la paternidad y maternidad, cada progenitor ha de indagar los medios y los instrumentos educativos, sabiendo, eso sí (ahí se halla el tesoro irrenunciable e inembargable por el Estado ni por nadie) el objetivo o fin a alcanzar, que es patrimonio privativo de los padres.

Instrumentos de aprendizaje hay varios: charlas, cursos de orientación familiar, tertulias de padres, visionado de vídeos, puestas en común formales o informales con amigos que se hallan en la misma encrucijada. De esos instrumentos destacaré dos: primero, y por encima de todo, el ejemplo a seguir, pues todos los padres antes han sido hijos; segundo, la lectura de libros recomendables.

2473b998c1927afd2251416129984713Hoy traigo a este blog un ejemplo muy recomendable. Durante estas fiestas de Navidad hemos dado buena cuenta de estas “pequeñas virtudes del Hogar”, escritas por Georges Chevrot y que son una transcripción de mensajes radiofónicos leídos por el autor en su momento.

El libro parte de un presupuesto esencial: existen cierto número de pequeñas virtudes que no causan ruidosa admiración pero que contribuyen a hacer más agradable la vida en familia y a la construcción del carácter y personalidad, de los hijos, y del resto de miembros de la familia: cortesía, humildad, gratitud, sinceridad, discreción, alegría, esperanza, economía, puntualidad, paciencia, benevolencia, perserverancia. Un amplio elenco de virtudes de hoy y de siempre que los padres hemos de aprender a vivir y a enseñar a nuestros hijos.

Un extraordinario libro, publicado por Herder Editorial en tapas duras, de poco más de 100 páginas, de lectura agradable, y que – por experiencia – los niños escuchan con tranquilidad y que comprenden razonablemente. Otra cosa es que sepamos cumplir las recomendaciones y vivir esas virtudes. Pero ya se sabe que para eso tenemos toda la vida. 

 

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