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Un buen amigo, compañero de insurgencias en favor de la legalidad, Carlos, dice que cuenta el tiempo por semanas. Que es como decir por domingos. Ocho domingos faltan para esa broma de mal gusto, esa mosca cojonera, esa pesadez, esa ruindad, esa agresión sin motivo, ocho domingos para ese nuevo intento de formalizar un guerracivilismo entre catalanes, de enfrentarnos con la coartada de unas urnas, urnas encanalladas por el sofisma, urnas ilegales que son las azadas del siglo veintiuno, las azadas que pretenden arrancar Cataluña de su raíz, de su ser, de su vivir y su sentir.

Jornada en Madrid.

Madrid late, al parecer, sin embargo, indiferente a todo esto.

Madrid no huele a humo, ni a pólvora. El alcalde de Móstoles no dicta bandos.

El soberano se va de vacaciones, al parecer. Atocha hierve y la Carrera de San Jerónimo se vacía. El calor es de sol, no de fuego.

Madrid no huele a humo. Ocho domingos. El tren va lleno. Nadie agita banderas ni entona bellas consignas que exalten el espíritu.

Es la misma gente que esta mañana atestaba la Estación de Sants. La misma gente llena de ilusiones, proyectos, sueños, miedos, alegrías, la misma gente que va y que viene, porque ESPAÑA es un camino de ida y vuelta.

Ocho domingos. Madrid huele a verano. España, de ida y vuelta.

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