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Llega ya el exigido descanso veraniego y hay que ir liberando la maleta de lecturas, apurando todos los libros iniciados en este último trimestre. Dejen salir antes de entrar.

Acabo de cerrar la última página de este "El francotirador". Excepcionalmente, traigo aquí la lectura de un "no clásico". Llegó a mi mesita de noche, quizás, al ver mi santa que veía y revisaba, de forma enfermiza, la película que con el mismo título se llevó a la gran pantalla.

Cuenta la historia de quién dicen fue el más legal francotirador de la historia de los Estados Unidos, con 160 muertes confirmadas.

Mi vieja y frustrada vocación militar sale a flote por segundos. Aunque está claro que no me hallo entre los mejores. Los mejores son ellos, los soldados, que de forma callada, con malos salarios y sin reconocimiento -cuando no rechazo – social, saben cumplir su misión y se juegan la vida por todos y cada uno de nosotros, haciendo cada día con su diana y su silencio, su sangre y su sudor, un poema de rimas infinitas.

Que nadie busque bellas palabras ni una coherencia en el texto. No hay literatura en las letras pero hay arte vital en lo que se esconde.

Libro imprescindible para comprender cómo piensan y cómo viven los soldados
Americanos: sus motivaciones, su vida, su desolación en la vuelta a casa, los sagrados lazos de la camaradería en combate.

Kyle repite su trilogía: Dios, patria, familia. No hace poco fue consigna juvenil en España y en Europa entera. Kyle puede ser muchas cosas dice su mujer, pero es sincero, y ama a su familia.

El libro a modo de autobiografía, se centra en el protagonista y sus acciones de combate pero se adentra profundamente en las crisis familiares que golpearon su matrimonio tras cuatro enganches y vivir permanentemente con estrés del combatiente.

Parte de los ingresos del libro va a ayudar a combatientes americanos, heridos de guerra.

Buena lectura veraniega. Más de montaña
quizás, aunque el protagonista es un SEAL, unidad de la Armada.

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