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No pretende esto ser el inicio de un Manual para políticos, sino más bien un ejercicio de meditación escrita y pública, casi universal con esto de la red global de Internet; una reflexión a modo de lanzada. Se dice que la política es el arte de lo posible. Otros, que juegan a paradójico chestertoniano, podrían decir que, precisamente la política es el arte de lo imposible.

Para mi admirado Carl Schmitt lo político era lo propio del “enemigo” o “adversario”. El concepto de lo político presupone el enfrentamiento: la política es así el arte de vencer al adversario considerándolo enemigo – esto la mitad del arco parlamentario  lo sigue a rajatabla.

Cuando se habla del político se le presuponen, o exigen, o piden virtudes como la prudencia o la justicia en la gestión del Bien Común. Para mí, la política debe ser la expresión práctica, social, pública de uno o más principios morales. La política es, así, expresión, manifestación. La política no es, por tanto, sólo ética sino una manifestación esencial de lo estético: al político ha de exigírsele la búsqueda de la belleza permanente, permanentemente.

No fue bello el Gulag, ni las chekas, ni son bellas las pintadas de odio en las paredes de las iglesias, ni tiene belleza la cobardía, la impudicia o la traición. No son bellas las imágenes de refugiados huyendo de sus patrias, ni bello es el hombre que pide en la calle al no tener trabajo.

Políticos del mundo…No busquen el consenso, ni alcanzar mayorías, que son una forma de tiranía…busquen la Belleza. Lo demás se dará por añadidura.Lo agradeceremos.

 

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