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 (Resumenpresentacion libro de Javier Barraycoa en 13.12.2016, Barcelona. Ante un auditorio repleto, y entusiasmado)

“Si Ustedes han tenido a bien adquirir ya, incluso antes de acceder a esta sala, la obra objeto de presentación: “Los (des)controlados de Companys”, con subtítulo el genocidio catalán, julio 1936-mayo 1937, y leen con atención la solapa interior de la portada, y la contraportada, aligeran mis obligaciones y me liberan de la presentación.

 Por un lado, tendrán ustedes una mínima pero suficiente reseña biográfica del autor, sociólogo y politólogo, y una enumeración de sus obras literarias anteriores. Por otro lado, tendrán una acertadísima recensión de la obra, entiendo, de la editorial, en la contraportada, que resumen el contenido y fines de esta obra.
Punto y final.  

 Porque si en tiempos de la República no eran precisos “párrafos de gracias” sino más que suficiente un “simplemente gracias”; no estamos tampoco nosotros en tiempos de literatura barroca y florilegios estupendísimos, sino que nos ha tocado vivir, a los que somos siquiera parcialmente conscientes de ello, tiempos revolucionarios, tiempos de reciedumbre, de certera síntesis, de prosa clásica y verso corto.

 De Javier, amigo, aquí presente, no han de importarnos, por tanto, ni sus méritos académicos, ni sus títulos profesionales, ni sus obras publicadas; ni siquiera las que habrá de publicar. De Javier, amigo, aquí presente, nos ha de importar que es un alma buena, en un cuerpo robusto, entregado en unidad de vida, a una causa noble. Javier es así ejemplo e inspiración, acicate, motor y vanguardia de unas ideas, de unos sentimientos, de una convicciones profundas hoy cercenadas en el marasmo diario.

 Los descontrolados de Companys es un libro aclarador, desmitificador de la figura política de Companys, y muy especialmente, del período que discurre desde el 19 de julio de 1936 hasta los sucesos de mayo de 1937, que Javier, amigo, aquí presente, retrata como una época del terror.
Ciertamente el trabajo de Javier es encomiable.

 Se trata de una obra sincera en sus objetivos: a) deshacer el mito, o refutar una tesis historiográfica; b) intentar adentrarse en la psicología del personaje.

Se diría que es obra de sociólogo pues se adentra en la historiografía, incluso, acompañando al libro una extensa bibliografía y 4 anexos de documentación. Tiene capítulos propios de politólogo y sociólogo como el dedicado a exponer la génesis y fundamento del terror revolucionario como herramienta política, como programa o ideología en sí misma considerado. Tiene otros de obra psicológica intentando desentrañar al sujeto protagonista, Companys, Presidente de la Generalitat, convertido en dictator plenipotenciario con el apoyo del elemento anarquista, que aprovechó para imponer su poder, separarse de los elementos contrarios en la ERC, desembarazarse de su pasado pequeño burgués y, en fin, mantenerse en el poder.

 Se reclama asimismo, con todo el derecho, como una búsqueda de la Verdad, fiel a su vocación tomista, entendida como la adecuación de la cosa y el entendimiento.
Verdad que sólo se halla en el amor, pues no hay verdad sin caridad y no hay caridad sino en la verdad, como nos descubrió el Santo Padre en iluminadora encíclica.  

 Es una refutación de las tesis resumidas en la página 54 del libro.

 Companys no sale ni mucho ni poco mal parado; al contrario, lo que es una muestra de la humildad y caridad del autor. Por ejemplo, se retrata especialmente los momentos finales de su muerte, en que parece reencontrarse con el fervor religioso.

 Los descontrolados, las milicias anarquistas, las Patrullas de Control, la preparación de la sublevación meses antes por la CNT-FAI, el golpe estalinista del 37, las checas, y los barcos prisión, el odio religioso, la persecución y la ferocidad anarquista se relatan con claridad y precisión quirúrgica; y del mismo modo que Stalin era responsable de lo sucedido en cualquier punto del Archipiélago Gulag aun cuando el mismo fuera un universo inabarcable en sí mismo, Barraycoa demuestra que es inadmisible la tesis de que Companys no sabía lo que sucedía en las calles de Cataluña.

 Memoria de los muertos, asesinados dos veces. Es estremecedor el panteón literario recogido en el Anexo IV. Los asesinamos, claro, cuando los ocultamos, escondemos o vilipendiamos.
(…)

Sí que me gustaría, aprovechando la oportunidad que me ofrece Javier, recuperar una idea que expuse ya hace unos meses en una amigable charla ante unas cuantas decenas de jóvenes, a propósito de lo político.

Si examinamos con cierta profundidad y comparamos la realidad de aquella España y esta España, de aquella Cataluña y esta Cataluña, del socialista de aquellos tiempos y del socialista actual, del anarquista del 36 y del anarquista actual (que dicen que los hay), del derechista de aquellos tiempos, por decir, de Renovación Española o de la Lliga Regionalista, y del derechista de hoy, que no lo hay,…y lo analizamos con seriedad, la diferencia más relevante, lo verdaderamente determinante es la desaparición total del debate político, de la expresión pública, de la cosmovisión de uno y otro, de Dios.

Sostengo que lo verdaderamente característico de los llamados regímenes constitucionales liberales modernos es la derogación jurídica, social, política y moral de la existencia de Dios. Lo que en Kant y Hegel era metafísica y en Marx fue cientificismo, en Nietzsche devino profecía (recuerdan su “Dios ha muerto”) y el capitalismo moderno lo ha convertido en una realidad: es posible vivir sin Dios, es útil vivir sin Dios, es valioso vivir sin Dios, es bueno vivir sin Dios. Posibilismo, utilidad y doctrina del valor, que ha devenido, como señalaba Schmitt, en la doctrina del más fuerte.

Dios ha desaparecido del debate político, social y económico. Incluso en plena crisis económico-financiera a ningún político se le ha ocurrido preguntar en voz alta…¿y Dios qué pensará de todo esto? ¿Dios qué piensa del bono basura, de las subprime, del SMI? ¿Y qué piensa del fraude fiscal, de la productividad, o de que a alguna lumbrera se le ocurra trasladar por mor de la productividad sacrosanta la fiesta de la Purísima Concepción?
(…)

En aquella España, en aquella Cataluña del terror anarquista, en la Cataluña de los descontrolados de Companys, desde el joven anarquista que acometía con los ojos henchidos en sangre hasta el seminarista abatido en una zanja, la monja violentada o el notario de misa de nueve; desde el sindicalista del puerto al fiel masover, desde el catedrático de instituto formado en la Institución libre de enseñanza hasta el padre de familia numerosa, acometían, lloraban, reían, o morían pensando en Dios. Podían amarle u odiarle, venerarle o vilipendiarle, obedecerle o combatirle, seguirle o negarle, pero toda la existencia del hombre mismo estaba inmersa en Dios.

En cambio, en nuestra Cataluña, en nuestra España, Dios fue expulsado del BOE el 27 de diciembre de 1978 y a partir de ahí, se ha producido un amplio, programado, e indiscutido proceso de derogación jurídica, política, económica, social y moral de la existencia de Dios. ¡Y cuidado! No estoy hablando de tal o cual doctrina o de tal o cual exposición de artículos de fe; estoy hablando de la derogación de un concepto espiritual de Hombre, que vive enraizado en su tierra pero mirando al cielo; empeñando su vida en la tierra y su esperanza en el cielo. Ahora tenemos un hombre sin cielo y sin tierra, sin raíz y sin flores. Aquel trabajaba para vivir y amar. Este no ama y no vive,  y no siempre trabaja…solo consume.

(Resumen de la presentación del libro realizado en Barcelona, el 12 de diciembre de 2016)

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