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Efectivamente, nos hemos desayunado aquí en España, con la victoria – al parecer aplastante, de Donald Trump, y el Partido Republicano – en las elecciones a la Presidencia de los Estados Unidos de América.

No me he atrevido durante estas semanas y meses a pronosticar, ni siquiera en privado, a diferencia de la práctica totalidad de los periodistas españoles – quizás está en su sueldo – y de muchos compatriotas que, con conocimiento o sin él, con información o sin ella, confundían la realidad con sus deseos, la política con la psicología. Trump no ganará, decían porque es un impresentable demagogo. Trump no ganará, decían, porque no quiero que gane. Olvidando que sólo en Dios se cumple aquello de “lo que pienso, es”.

Trump y el Partido Republicano ganaron. Se dice que ha ganado la demagogia. Que no hay programa. Que es un payaso. No lo sé. Vivo en España y tengo ya suficiente con nuestros payasos y nuestros demagogos. Aunque sería un mentiroso y un ignorante si dijera que quién gobierne la primera Nación del mundo me la trae al pairo.

Campaign 2016 TrumpDe todos modos, de la victoria de Trump me quedo con un primer análisis de ciencia política. No creo que por el hecho de que haya ganado Trump la democracia esté en peligro. Eso sólo lo sostienen los que sólo creen en el método democrático cuando los resultados del proceso les son favorables: especie muy común en España, con larga tradición, sino que se lo digan a Gil Robles. Sería tanto como reducir el modelo político estadounidense a estatuto provisional de asociación de reciente creación. Nada de eso. Ya veremos qué nos trae la victoria de Trump, el tiempo lo dirá.

Ahora bien, lo que sí es evidente que la victoria de Trump acredita los serios riesgos que afectan al sistema democrático no ya en Estados Unidos, sino en Europa entera, y quizás  en todo eso que otrora llamábamos Civilización occidental: hay miedo. Lo políticamente correcto es el principal y más directo enemigo de la democracia.

Las encuestas políticas no detectaron la victoria aplastante de Trump. Las encuestas políticas no detectaron el llamado Brexit. Las encuestas políticas nos anunciaban un “sorpasso” de Podemos al PSOE e incluso decían que sería el partido más votado y C’s el tercero. Las encuestas….

Es evidente – ya no es un tema de aquí o de allí – que el pueblo, la gente, los ciudadanos, mienten cuando son entrevistados; y mienten siempre en el mismo sentido: no reconocen públicamente que votarán o han votado aquello que es políticamente incorrecto. Luego, al votar, toman su propia y personal decisión.

Ello es un drama para nuestro modelo político. Gracias al voto personal, libre, directo y secreto, los resultados políticos reflejan la opinión libre y real de los votantes. Si no lo hubiera, no dudemos que el resultado sería otro. Por eso las izquierdas braman hoy por la democracia directa y no representativa, la democracia asamblearia, el plebiscito y el grito en la calle. Ahí el miedo impera. En la calle, el operario, el ama de casa, el funcionario, no votarían a Trump. Dentro de una cabina electoral sí. No es quizás el miedo físico de los días de plomo en Vascongadas pero es miedo: miedo al rechazo social, miedo la insulto, a la minusvaloración moral. El miedo es libre dicen. No: el miedo social es inducido. 

Reconocer este hecho es el síntoma de un gravísimo mal que afecta a nuestro modelo social. Lo políticamente correcto se ha convertido en una tiranía pública: la igualdad radical, el aborto, la subida de impuestos, la globalización, la desintegración de lo nacional, la imposición de los postulados LGTBI frente a la doctrina social y la familia natural constituyen principios – entre otros -de la corrección política. Si te apartas de ello eres un apestado social: tu única libertad es el voto.

Ortega y Gasset sostenía que la democracia era un régimen de opinión pública. Es obvio que ahora ya no…la opinión publicada se impuso a la opinión pública, y ésta es diversa a la opinión electoral. Lo sucedido en Estados Unidos es la confirmación de un profundo proceso revolucionario: Lo oficial es lo políticamente correcto, y se expresa en lo publicado; pero lo real corre por otros cauces incontrolados en ocasiones…pero ese torrente puede y debe ser encauzado por la libertad.

Salvo en España, donde el miedo va con el votante a la urna.

 

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