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el sueñoEscribiendo mi entrada anterior sobre El pez en el agua de Vargas Llosa advertí que no había traído a este blog mis comentarios en relación a “El sueño del celta”, novela de Vargas Llosa, que leí en el año 2011, y que compré, efectivamente, llevado por la brutal campaña publicitaria que generó la concesión al poeta peruano de su Premio Nobel de Literatura. Lo cierto es que era  – y soy – un perfecto desconocedor del universo de Vargas Llosa, y El Sueño del Celta fue una primera incursión en el mismo, ahora refrendada por este pez en el agua.

El Sueño del celta es una novela histórica, recreación de la vida y No-Milagros de Roger Casement, un político irlandés, que pasó a la fama por la denuncia de las torturas y el maltrato a los indígenas tratados como esclavos en el Congo Belga y en el Perú.

Roger Casement es el vivo ejemplo de que Dios puede escribir recto con renglones torcidos, pues si bien su lucha por la libertad y la vida de los indígenas tratados como esclavos (negros, o indios) queda ennegrecida por su degeneración sexual, su vida disoluta, y la traición a su nación, Inglaterra, mordiendo la mano que le dio de comer; mano que acabará por condenarle y ejecutarle en pública plaza acusado de pedofilia.

El sueño del celta es – en mi opinión de lector novel – una gran novela, en tanto que estructura narrativa (los capítulos pares y los impares siguen, respectivamente, su propia historia o secuencia, confluyendo al final), expresión y moldeado de los personajes, descripción de ambientes, riqueza del lenguaje, y recoge gran parte del universo de Vargas Llosa, si bien no es una novela recomendable a todo el público, ni en el plano moral ni en el plano político; que requiere al menos una alta dosis de madurez intelectual (no es que yo la tenga, por eso advierto) y un mínimo conocimiento político para no confundir lo que constituyen justas reivindicaciones con el indigenismo racista, el igualitarismo resentido, o el secesionismo marxista.

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