Etiquetas

,

Termina la Guerra. La Segunda. La Mundial. La Gran Guerra Civil Europea tiene su último y más horrendo episodio. Tras el brutal epílogo que se jugó en tierra hispánica, la última partida se juega en los campos de Rusia, y de Egipto, y de Francia, Polonia, Holanda, Italia. Todo el mundo arde en armas durante casi 6 años. Hace dos o tres días veía en la televisión cómo se celebraba con cirios, y palabras hueras, el no sé cuántos aniversario de la barbarie de Nagasaki. El bárbaro bombardeo de Dresde pasó más desapercibido. Cosas de los medios y de los amos.

Pues eso. Termina la Guerra. Y vienen a tu casa y te detienen. Te acusan de crímenes horrendos contra la humanidad. Te sacan de tu mundo universitario, de tu hogar, de tus libros, de tus elucubraciones. Te acusan de haber dado conferencias en Barcelona, de haber sido profesor de Universidad, de haber escrito sobre conflictos9788498791396, sobre decadencia del Estado burgués, sobre representación política, sobre el enemigo. Te acusan de haberte salido del camino, y de haber – con tus palabras – mandado al infierno, o al Purgatorio, o al Cielo, a millones de seres humanos.

Para defenderte te dan una pluma y unas hojas en blanco. Te ves en Nuremberg, tratado como criminal de guerra. Escribes. Con la memoria y el corazón. Encerrado. En esos momentos la literatura jurídica y el ego de la cátedra devienen poesía y humildad intelectual. Eres cautivo. Te acusan de haber alumbrado una guerra mundial, e iluminado crímenes contra la humanidad, pero les demuestras que fue el régimen nacionalsocialista el que te apartó al ver que tenías ideas propias. Eres cautivo de tus palabras y de tus silencios, pero sobre todo eres cautivo de la sed de venganza de otros intelectualmente más pequeñitos….

Y dejas así, para la historia, un par de piezas jurídicas de extraordinaria calidad humana. Es el alegato del condenado…que se libra de la muerte o de la perpetua condena en el último instante. Ex captivitate salus recoge así en pocas lineas un resumen de una de las ideas centrales del pensamiento jurídico de Schmitt: el concepto de lo político gira en torno a la idea de enemigo, del Otro que no es uno.

Anuncios