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La comparación de la Nación con una nave en la mar Océana resulta un lugar común pero no por ello menos cierto, ni menos poético. Hay Naciones varadas, naciones errantes, Naciones en orden de combate, Naciones con velas desplegadas, y Naciones piratas, por poner sólo ejemplos.

Cuando en la Universidad debo explicar el Estado autonómico, el complejo entramado administrativo y el principio de competencia tengo la sensación de estar exponiendo a mis alumnos la viva expresión de la brecha en el casco de nuestra nave, que amenaza con hundirnos y mandarnos al fondo marino. Cierto es que la nave España tiene otros problemas como la ausencia de capitán y timonel o el desánimo que ha cundido en la tripulación, envenenada por polizontes y marinos de agua dulce estancada.

Las autonomías son una brecha en el casco porque atentan directamente contra postulados juridicos fundamentales para la pervivencia, defensa y engrandecimiento  de un Estado de Derecho que viva de la Justicia sometido al principio de legalidad, en pro de la dignidad y libertad de los españoles.

Afirma el artículo 103 de la Constitución que la Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales. No es difícil para el lector crítico advertir que resulta un contrasentido la creación de una compleja estructura que no está directa y exclusivamente al servicio de esos intereses generales. El interés general se determina, fija y construye por medio de la Ley…pero si atribuimos a las Comunidades una potestad legislativa análoga a la de las Cortes Generales…corremos el riesgo de que los “intereses generales” aparezcan diversos o incluso contradictorios entre sí, de lo cual resulta que la Nave no navega porque proa sólo hay una, y queda quieta la nave si cada uno rema en distinta dirección. Es obvio que el mal está ínsito en el mismo Estado autonómico porque ese contrasentido sólo puede resolverse negando a la autonomía la potestad legislativa o rompiendo la nave en mil pedazos y que el dios Neptuno se apiade de todos.

Pero sigue el citado precepto constitucional afirmando que la Administración actúa de acuerdo con los principios de eficacia y jerarquía, principios troncales de la actividad y organización administrativa, que han quebrado en el Estado autonómico. Las Autonomías se han demostrado como el entramado institucional más ineficaz, reproduciendo y multiplicando la estructura estatal, e incrementando exponencialmente el coste de mantenimiento de la Administración misma. Cabría preguntar al ciudadano qué parte de su vida se ha hecho más libre, qué trámite esencial de su quehacer ha devenido en más ágil o barato…asusta hacer esa pregunta a la clase política imperante pues sería como la bruja del cuento que se mira en el espejo que le dice la verdad: eres fea. 

Y qué decir de la jerarquía! Precepto que cede en favor del de competencia, sin razón jurídica, lógica o filosófica  ninguna, y que se ha convertido en enemiga de la eficacia, de la eficiencia y de la lealtad. La brecha es real, y amenaza con hundir el casco….

La antiEspaña sentada en los parlamentos sigue engordando y disfrutando de la cena mientras el barco se hunde…los españoles, ubicados en tercera clase, siguen confiando en la oronda y profesional clase dirigente que ha apostado por una nación débil y apocada. 

Pero mientras hay vida hay esperanza y más en este Domingo de Ramos en que Jesús entra triunfal de nuevo en Jerusalén, anunciando la cercanía de si triunfo verdadero, la Cruz. ¿Hay Cruz? Habrá triunfo 

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