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Define la Real Academia Española el término utilidad como aquello que trae o produce provecho, comodidad, fruto o interés. Una de las degradaciones naturales del sistema de voto es, precisamente, el proceso en virtud del cual la decisión del voto se sustenta exclusivamente, o como motivo principal, en la utilidad. Referir el voto a la utilidad es mercantilizar el voto, esto es, analizar algo esencialmente “político” desde los viejos principios de Bentham o Stuart Mill. De este modo, el voto se convierte en un elemento más susceptible de ser negociado, transferido, comprado o vendido, o incluso hipotecado, como objeto de comercio entre los hombres. Parafraseando el principio económico, la utilidad de un voto se mediría en función del beneficio, ventaja, provecho o placer que produce – se entiende – al votante.

Todo lo anterior resulta teórico porque, en la práctica, la utilidad del voto acaba siendo la coartada de los elegidos para “comerciar” con la decisión del elector; elector que, obviamente, desconoce a priori los concretos actos de comercio que con su voto realiza el elegido.

Lo más grave sin embargo de la teoría del voto útil es que introduce un nuevo elemento de relatividad a la decisión política; porque lo útil o lo inútil de algo viene dado por el valor que le dé el sujeto, en función de su situación, necesidades, intereses y demás. Y como hemos dicho en el párrafo anterior, no es lo mismo la utilidad que el votante atribuye a su voto que la utilidad de ese mismo voto para el elegido; de modo que lo útil no es que no sea objetivo, es que además es esencialmente cambiante, de modo que lo útil para el votante puede ser inútil para el elegido, y a la inversa.

Llegados a este punto habría que convenir que la teoría del voto útil es la más inútil de las teorías porque carece de fundamentos sólidos y objetivos.

Durante años un partido como Ciudadanos sufrió la devastadora eficacia de la teoría del voto útil, y en las últimas elecciones, hizo uso y abuso de esta teoría para confrontar con un votante huérfano de representación y convencerlo de la utilidad del voto, frente a un Partido Popular en retroceso que anunciaba ya la imposibilidad de una absoluta mayoría parlamentaria, provocando que opciones como las de Vox se vieran arrinconadas y sin representación.

En el debate de investidura todos los representantes parlamentarios adujeron en su propio y personal provecho la invocación a los 7, 5, 9 o 3 millones de votos que sus candidaturas obtuvieron en cada caso. Sin duda, lo más llamativo se produce en el ámbito de los dos partidos que, a priori, pretenden representar ese espectro que se ha venido en denominar “centro-derecha-liberal-reformista-socialdemócrata no socialista”. El votante del PP mira sorprendido cómo sus dirigentes renunciaron a la posibilidad de ser investidos en la dirección del Gobierno de la Nación, y el votante de C`s advierte que su voto puede acabar conformando una mal llamada “mayoría progresista”.

La distorsión esencial se produce porque el votante vincula la utilidad del voto a la posibilidad (ideal) de ganar las elecciones, y de votar a aquél que efectivamente gobierna, olvidando que la utilidad debe verse en términos de provecho personal, familiar y nacional, y no en términos de utilidad partidista. El régimen de partidos ha absorbido todo, absolutamente todo, hasta el principio de utilidad.

Por eso, sólo es verdaderamente útil el voto que se expresa en términos de convicción personal, ideológica y moral, al margen de la utilidad, que como hemos dicho nunca es utilidad para el votante sino para el elegido.

Sin embargo, loutil más importante de esta entrada es lo que viene al final: ¡hay posibilidades de redención! No jugaré a pitoniso, pero si es verdad que pueden repetirse elecciones en breve, sería conveniente saber que no es útil votar a PP; PSOE; C`s, Podemos y marcas adyacentes, nacionalistas de todo tipo.

A la hora de votar piense: ¿prefiere que el dinero esté en su bolsillo y no en el de las Administraciones Públicas?, ¿prefiere poder elegir escuela  a que otro la elija por Usted? ¿Des
ea poder tener muchos hijos o comprarse una mascota? ¿Prefiere las calles limpias o sucias? ¿prefiere el orden social al Kaos? ¿le gusta pensar que su hijo al crecer reconocerá lo que es un hombre y lo que es una mujer? ¿cuándo usted viaja al extranjero dice que es español o prefiere decir que es de las Tierras del Ebro o de la cuenca del Tajo?

En fin… reflexiones a mediodía…

 

 

 

 

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