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Para los aficionados al Derecho Político – hoy Constitucional, por aquello de ajustarse al curriculum oficial de las facultades – es indiscutible que autores como Carl Schmitt suponen un soplo de aire fresco; pues todo el que se sale del redil tiene un punto de no se sabe qué intrigante.

Su “teología política” supone un extraordinario esfuerzo por defender con violencia argumental su propia teoría frente a la de sus contradictores…mientras uno ve que la realidad – al menos la realidad del Derecho positivo – no le da a uno la razón.

Es la voz del espartano en su último gesto agónico.

Hace unos meses pude dar una charla nocturna a un no poco numeroso grupo de jóvenes entusiastas que ha dejado temporalmente de lado su proyecto por falta de medios y apoyos que empecé afirmando: el elemento decisivo en la política actual (y cuando digo actual digo de los últimos 200 años por lo menos) es la expulsión de Dios de todo debate político, económico y social.

Hemos vivido en Cataluña – digo de memoria – tres procesos electorales en los últimos 9 meses y en ninguno de ellos ningún político ni programa nos decía qué piensa de Dios. Es el triunfo de lo agnóstico en política, que es una forma líquida de hacer teología.

Carl Schmitt en esta breve obra, de fácil coteologia politicamprensión para cualquier lector mínimamente interesado en la política, realiza un enorme esfuerzo por descubrir las razones de tal circunstancia. De Schmitt me quedo con el diagnóstico, más allá de las recetas que puedan darse.

Obra de inexcusable lectura para quien valore sorprendido el arrumbamiento casi definitivo de lo espiritual, lo religioso, lo místico, lo mágico, del debate político.

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