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A estas alturas de la historia, podemos discutir lo que queramos, y darle vueltas al asunto en cientos y cientos de páginas de sesudos ensayos, pero creo que sólo un auténtico zoquete podría discutir que lo que hace al ser humano diferente es su capacidad de amar y ser amado, su deseo casi infinito, insaciable de amar y ser amado.

Es el amor lo que da sentido a la vida; no los votos, ni la democracia, ni la economía de mercado, ni la lucha de clases, ni el sistema de partidos, ni el régimen constitucional, la Bolsa, el régimen expropiatorio, o la libertad de prensa; ni siquiera la música o la pintura, ni la poesía si no son iluminados por el amor.

Es el amor lo que hace feliz al ser humano. Es el amor lo que da al hombre la fuerza de un hércules, la resistencia de un numantino o la constancia de un soldado español en Flandes.

Cuando alguien ama y se siente amado la felicidad le embarga. Todos, creo,  hemos sentido en mayor o menor medida esa sensación. Es la del niño que enferma y su madre se desvela por él en cariños y cuidados sin fin, y a pesar del dolor, y la fiebre, se siente feliz si su madre está con él.

El problema es que el hombre es un ser imperfecto y entre aquello que ha de aprender, se halla también el amar. También para amar hay que estudiar, y esforzarse, y ser disciplinado, y aprender del ejemplo de otros; lo cual es más fácil si aquello o aquél al que has de amar, te ama y te enseña a hacerlo.

En realidad, uno debería poder morir sólo cuando pudiera decir: he amado, y he amado bien aquello que debía amar, aquello o aquel que Dios me había entregado para ser amado. De otro modo, la vida de una u otra manera se convierte en un sinsentido, y el hombre vaga buscándolo. Pero está claro que uno no puede decidir cuándo muere, ni de qué; aunque lo más hermoso sería poder morir de amor, y por amor.

En realidad, eso del amor es una cosa que se va aprendiendo con el tiempo, a veces lenta y rutinariamente, con el paso de los años, a veces de golpe, como en un seminario intensivo, con dolores horrendos de parto. Parir el amor. Da igual cómo y cuánto se tarde en comprenderlo, lo importante es asumir que nada, absolutamente nada hace al hombre diferente, más que el Amor.

¿Y qué es el Amor? Pues amar y ser amado significa poder decirle a alguien o Alguien lo que cuenta esta canción. Lo sé. Sonrío.

Mañana, fiesta de la Inmaculada Concepción, Maestra de Amores.

https://www.youtube.com/watch?v=NKXmA23esOw

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