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Casi dos meses desde mi última entrada. Dos meses son mucho tiempo. Diríase que este blog muere de inanición. Dos meses son media vida. Han pasado muchas cosas durante estos dos meses. Ya uno no sabe si no escribe por falta de capacidad para conseguir atraer al lector durante ese breve lapso de tiempo en que el lector interesado se mantiene en conexión o si es simplemente porque uno mismo ha perdido el interés.

Vuelvo dos meses después, como no podía ser de otra manera, azuzado por otros. Ortega dijo que yo soy yo y mi circunstancia. En mi caso, yo soy nada sin mi circunstancia; mi circunstancia es abrumadoramente poderosa; quizás en orden inversamente proporcional a mi pequeñez.

Vuelvo porque invariablemente se ha vuelto a demostrar que no existen casualidades sino causalidades.

El viernes fui al cine. Como casi siempre, sin tener ni idea de qué había en la cartelera pues gracias a Dios uno no ve mucha televisión. Se planta delante de los expositores de las diversas películas y acaba eligiendo (¡triunfo de la mercadotecnia!) el título más atrayente: Golpe de Estado.

Entramos en la sala con la duda de si íbamos nuevamente a ser engañados por la gran industria del cine; y salimos absolutamente movidos en el cuerpo y en el alma por esa gran película. Narra efectivamente la historia de una familia con dos niños que se traslada a un país del sudeste asiático en busca de una mejor vida, y acaba metida en una carrera loca por la supervivencia, tras un golpe de Estado brutal, violento, sangrante. Multinacionales explotadoras, gobiernos corruptos, servicios de inteligencia de Estados occidentales al servicio de las multinacionales, lobbies, la turba movida por el odio étnico, sangre, ejecuciones en la calle, caos, miserias humanas, y también actos heroicos. La vida en estado puro, sin aditamientos de orden.

Y por encima de todo una lección: la lucha inquebrantable por sobrevivir y defender la familia.

Llego a casa y me espera un correo con noticias de Rimkieta. No hay casualidades, sino causalidades. Golpe de Estado en Burkina. Ahora no es producto de un guionista y un director. Es la vida real, esa vida en la que te duelen los huesos y el alma, sangras y sudas.

Dos meses después. No hay casualidades; sólo falta hallar en nuestra alma, en diálogo con ese Dios que nos quiere y nos cuida, la razón de la causalidad.

https://www.youtube.com/watch?v=lFWB9lEaHkk

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