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Verano. Reposo. Otra vez, sí, Mar, casi infinito, azul de todos los colores. Es envidiable esa cualidad del Mar, que sabe hacerse azul oscuro, turquesa, verdoso, amarronado, en función del fondo de sí mismo. Es la transparencia, palabra de moda. 

Verano. Reposo. Vida en familia. Tiempo de eludir el tráfago diario y momento ideal para la oración, esa oración activa, mientras uno disfruta de esos minutos de juegos o de conversación con los hijos que el día a día, intenso y traidor, te niega o te roba sin piedad. 

Confieso públicamente en este blog que no he leído con pausa y atención al Papa Francisco, y que un propósito de este verano era acercarme física y espíritualmente al Obispo de Roma. Por ahora, propósito conseguido, y confieso, gratamente sorprendido. 

Ojalá la prensa vocera de tonterías y que llena páginas y páginas sobre este Papa argentino, jesuita y risueño, leyera con afán de verdad las palabras del Papa. 

Escojo como título de mi primera entrada veraniega la rúbrica de uno de los capítulos de la Evangelium Gaudii: la realidad es más importante que la idea. Golpe duro del Santo Padre al idealismo antihumano que sobrepone las ideologías y prejuicios a la realidad de las cosas. 

¡A las cosas!, decía el Maestro. 

En ocasiones, también a nosotros nos sucede que queremos imponer nuestros prejuicios y apriorismos sobre la realidad, y ello no es sólo un error estratégico sino un error moral.  

 No podremos jamás promover un proyecto atractivo y sugerente si no somos capaces de ver, valorar, enfrentar la realidad de las cosas. La realidad aparente y la realidad verdadera. Ejemplo: la familia es célula básica de la sociedad. Esta es la idea, que se corresponde con la realidad verdadera. La realidad aparente es que la familia entendida al modo clásico está siendo arrasada por otros modelos de organización humana. Se acabó ya el tiempo de defender la familia. Llegó el tiempo de difundir la familia. 

El equipo contrario ha perdido la pelota en el medio del campo y no podemos limitarnos al patadón y a vivir de las ideas. Hay que salir al contraataque, porque se trata de ganar el partido, y ya da igual perder por uno que por seis.

Que las ideas no nos impidan ver el bosque.

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