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Hace unos días se produjo un relevante cambio en la cúpula del Partido Popular. Relevante no por tal o cual nombre. Líbreme Dios de criticar a ningún hombre con el que no me haya tomado una cerveza o un vino. Por eso me atrevo a criticar al presidente Mas. Una vez le conocí y me reuní con él en nombre del Foro Catalán de la Familia y en dos horas de reunión no me ofreció ni una cerveza, ni una copa de vino. Resultó una reunión poco fructífera, claro está. la-foto3.jpg

El cambio en la cúpula organizativa – en el plano de eso que decimos la acción política – es relevante, como casi todo en la vida, no por lo que dejó ver, sino por lo que no dejó ver. La prensa trasladó rápida y ávidamente las finalidades de tal mutación: un cambio de caras. Creo que en realidad la finalidad de la medida fue muy valiosa: el Partido Popular en su afán por la reconstrucción económica de la Nación quiso hacer un guiño a la industria de la cirugía estética, sector que obviamente ha sufrido cuantiosos daños en esta crisis económica.

Que ha perdido usted el empleo…cambie de cara; que el islamismo radical campa a sus anchas por su barrio…cambie de cara; que se han prohibido los toros…cambie de cara; que su hijo sufre acoso escolar….cámbiele de cara; que su alcaldesa quiere destruir el sector turístico de la ciudad…cambie de cara.

En otros tiempos el cambio de cara te lo hacían en la calle a base de garrotazos; lo cual era bastante más económico y en muchas ocasiones, honroso. Hace tiempo dediqué una entrada de este blog a los ojos; que son sólo una parte de la cara. Hay gente que tiene mucha cara, y otros que tienen dos caras; a algunos no les iría mal que les tocasen la cara, y a la mayoría nos irían muy bien poner buena cara, a este mal tiempo.

Cuando voy en tren al trabajo veo caras cansadas, adormecidas, anestesiadas. Cuando voy en moto, veo caras tensas y agobiadas. Es hermoso ver la cara de dos enamorados, y ver cómo millones de padres se parten la cara cada día por sus hijos, la cara, y la espalda, y lo que sea. Y es muy poco hermoso ver cómo esos padres son gobernados por sujetos que no saben lo que es la familia, o la odian.

La cara es el espejo del alma, se dice, pensando sobre todo en los ojos y la mirada; aunque Quevedo creía que el espejo del alma estaba en la nariz – tengo para mí que Quevedo debería ser el patrón de los cirujanos estéticos -; y le partieron la cara muchas veces, porque con esa lengua mordaz, la cara no tiene otro destino.

Uno no cambia de cara así como así, porque entonces corre el riesgo de que sus amigos no le reconozcan y le excluyan de tomar unas cañas, de que sus hijos le confundan con un vendedor ambulante o sus jefes con un becario. Uno no cambia de cara sino cuando tiene miedo, o vergüenza, o es un asesino implacable al servicio del mal. Hay quiénes con cara dura, y cuáles con cara amable; otros la tienen de cemento, y otros de hormigón, y a algunos, los menos, acaba poniéndosele de todos los colores cuando se les pilla en una mentira, o en un ardid.

En fin, el cambio de caras es sintomático de la inexistencia de alma. Siempre se ha dicho que el Partido Popular tiene dos almas: liberal y conservadora; lo cual nunca me ha parecido una buena explicación para el dislate, además de ser la correspondencia moderna de una herejía , ampliamente rebatida y condenada.

Más bien creo que en el Partido Popular en algún momento Caín mató a Abel, y ahora como todo asesino implacable al servicio del mal, cambia de cara.

Se dice que los españoles votaron a Suárez por su cara, y cada vez parece más claro que C’s se tiene aprendida la lección. Al Presidente Zapatero no le vimos la cara, porque la ceja era muy grande, y del Presidente Aznar nos quedará su bigote.

Antes se decía que la mirada debía ser clara, y mirar lejos, quizás porque lo que veían de cerca no les gustaba. Hay quien distingue a los hombres en dos clases: los de mirada limpia, y los de mirada sucia.

Pero dejémonos de historias, por mucha cara bonita, al final todos seremos pasto de los burócratas de Bruselas, y en ese juicio implacable lo que nos salvará es el alma. Y ya que hablábamos del Partido Popular, yo sé dónde está su alma liberal (transmigrando a C’s) pero desconozco qué se ha hecho del cuerpo y el alma de Abel.

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