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En este horripilante juego de burlar la verdad, secuestrar palabras, inventar significados, y hacerse trampas al solitario, agudizado hoy día por el tiránico imperio de la imagen, la frase corta y ocurrente y la búsqueda fácil del retuiteo (cita fácil y sin contrastar) el nacionalismo lleva una ventaja de siglo y medio.

Han conseguido a base de mentiras, imágenes, héroes y mártires inventados, consolidar una ecuación errónea: nacionalismo es libertad.

Nada más lejos de la realidad. El nacionalismo es un enemigo declarado de la libertad personal. Valga un ejemplo de ayer.

     Leo en periódico digital que Rigol reclama un pacto fiscal y soberanía lingüística. Dejando de lado si en España existe una normalidad lingüística en sus distintos territorios, les pido su atención sobre el concepto de soberanía lingüística. 

Hablar de tal soberanía tiene por efecto hurtar a la persona el derecho a elegir la lengua. Si forma parte de la soberanía no forma parte del acervo de derechos individuales. De esta forma el Nacionalismo expolia el derecho de personas, familias, educadores, empresas, trabajadores, comunidades de propietarios, a elegir la lengua, vehículo de comunicación y de transmisión de cultura, que se convierte así en arma política arrojadiza y opera a modo de barrera para los intercambios, convirtiéndose en uno de los mayores enemigos de la libertad.

Si forma parte de la soberanía, lo privado, íntimo y personal deviene de forma impropia social, colectivo, político. Engaño. Expolio. 

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