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El capitalismo tiene estas cosas. Antes uno cumplía 40 años y lo mandaban a galeras, o al paredón, o al gulag, o a criar malvas. O pasaba el día de su aniversario trabajando como una mula y punto. Pastel, velas, felicitaciones familiares; y a dormir.

El capitalismo tiene estas cosas; y como lo de celebrar bautizos y comuniones y bodas se ha convertido en un negocio menos lucrativo – por razones todas ellas espúreas, algunas incluso abiertamente antinaturales -, Don dinero se ha inventado lo de las fiestas de 40 años, que es una forma como otra cualquiera de sacarle los higadillos a los pobres seres humanos, en forma de tarjeta de crédito. Cierto es que los saraos son descomunales, y normalmente divertidos, y como la mayoría son padres y van sin niños, el desmelene tiene su aquél. Pero no da para más, y uno  no alcanza a saber la motivación real y de fondo que hay en eso.

Pronto estoy a cumplir cuarenta años. Pero no tendré fiesta de ésas a las que se invita a todo el mundo – y a los 40 años todo el mundo es mucha gente – para beber como si fuese el día de tu boda, olvidando que a la mañana siguiente hay que ir a trabajar o disfrutar con los niños, con la consiguiente dejación de funciones, siquiera parcial, que provoca el exceso del consumo de alcohol.

No la tendré porque he tenido la más preciosa celebración anticipada de los 40, la más emocionante, sorprendente, personalizada y cariñosa celebración, que debo exclusivamente al amor de mi mujer. El sábado pasado, Ana me sorprendió – conchabada con mis pequeños, que mantuvieron el secreto bajo pena de excomunión y bien lo hicieron – con un día maravilloso: toma del castillo de Santa Bárbara en Alicante, con visita incluida a una exposición sobre J.R.Tolkien que organiza la Sociedad Tolkien de España, recién inaugurada el 27 de marzo, y luego extraordinaria comida en San Juan, en Casa Julio, recomendado por nuestro amigo José Antonio, a quien agradezco su colaboración oculta, con sus detalles y regalos personalizados. Solos los seis. No se precisa más. Con diversas pruebas, acertijos y adivinanzas en que yo era el sujeto examinado, como Gollum, me guiaron hasta aquel castillo, fortaleza inexpugnable, hoy convertida en fortaleza del Anillo. Juntos revivimos las  noches de ensueño mientras les he leído durante tres años a los niños antes de dormir el Hobbit y la entera trilogía del Señor de los anillos. Todos con su personaje. Aún nos quedan unas cuantas páginas, pero Sauron ya ha sido derrotado y la Comunidad se ha reencontrado en Minas Tirith. BANNER-01

No hay nada como celebrar los cuarenta en familia, con los que te quieren, y a los que quieres, a los únicos que uno puede deberse en justicia por entero. Con aquéllos a los que debes amor, respeto, cariño, entrega. No hay otro modo de ser feliz. Gracias, simplemente gracias. O como dice el Papa, perdón y gracias.

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