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Pues no sabría decirle a usted, responde el hombre corriente. Quizás. O incluso aún peor sería tener la convicción de que ese “aburrimiento” es querido y buscado por el sistema mismo.

Ningún candidato habla de Religión – sino es para anunciar prohibiciones o restricciones a los católicos – ni de arte – sino es para colocar a algún actor de la cuerda en un mitin o de la entrada gratuita en Museos públicos – ni de Cultura – salvo para referirse al IVA, o Moral.

Unas elecciones en que sólo se habla de Tributos, estructuras, corrupción política y pactos post-electorales son políticamente abyectas, moralmente degradantes y sobre todo muy aburridas.

Es normal que el hombre corriente prefiera engancharse a cualquier programa de televisión. Lo que no advierte el hombre corriente es que al encender el televisor, sin querer, acabará auto programándose para votar a alguno de los partidos aburridos de candidatos aburridos. 

De Podemos no me alarma su marxismo, me angustia su pobreza de sentimientos. El viejo marxista al menos amenazaba con quemar Iglesias. El de ahora reclama el amparo de la Ley para prohibir la religión católica a los militares. Precisamente ellos, pobres, que por vivir con la Muerte adherida a la piel, son los mas necesitados de un Dios clavado en la Cruz que muere por Amor. Resulta inhumano y demostrativo de la falta de sentimiento.

Lo mismo sucede con los Ciudadanos. Los viejos liberales por lo menos amaban a su Patria, lo que les daba un cierto tono sentimental. Los de ahora, como han decidido ser solo ciudadanos – que es una forma triste y cojicorta de ser persona -, solo reclaman derechos lingüísticos, bajadas de impuestos y escuela pública, gratuita y universal; cosas aburridas, mensurables y susceptibles de ser incluidas en la Estadística Nacional.

Solo lo que el INE no puede medir resulta verdaderamente interesante. Pero de eso no se habla en elecciones. 

Ninguno propone nada para aumentar la generosidad de los españoles con sus compatriotas y con los demás, o para ayudar a hacernos más alegres, o cultos, o recios, o menos envidiosos; no tienen opinión la políticos sobre si Dalí o Picasso. Ninguno recita a Lorca o Rosales, o a los hermanos Machado. 

Ninguno nos dice que los españoles seremos los primeros en crear una Universidad en la Luna, como hicimos en América, o nos promete derogar la propiedad horizontal o el matrimonio civil. 

Hay una deprimente unanimidad silenciosa y acrítica sobre lo realmente importante, que les hace absolutamente extraños a todo aquél que aspire a ser un propietario libre y feliz.

Aburridos. No entiendo como se puede votar a alguien aburrido que además no está acongojado por el hecho de salir escogido.

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