Etiquetas

, , , , ,

Al hombre corriente, creo yo, le gusta decidir quién se mete en su cama. Le gusta y le conviene, ordinariamente. Si el hombre corriente es padre de familia, le conviene y exige decidir quién se mete en su cama y quien comparte “estancia” con sus hijos, que son más que su vida.

Si lo que se pretende es controlar los flujos de inmigración e impedir los llamados pisos patera, no es preciso jugar a decorador de interiores y planificar la distribución de los españolitos en sus viviendas. Porque igual que se decide cuántos duermen en cada habitación, lo mismo alguno tiene la tentación de decidir el quién, o el cómo. Estaría bien un Real Decreto por el que se fijan las condiciones físicas para la ubicación de los españoles en sus estancias-habitáculos desde las 24 horas hasta las 7,15 horas; todo ello, claro está, con sus disposiciones transitorias y adicionales, un capítulo específico referido a colectivos desprotegidos y un régimen sancionador severo.

Quizás a alguno le arreglaban la soledad, pero al hombre corriente le desbarataría el sueño, que es lo único que parece nos va a quedar si al final…Con estos liberales, ¡que venga la socialdemocracia!

Combatir la inmigración ilegal fijando el número de ciudadanos por habitación es como combatir el desempleo ordenando a los ciudadanos que en su nevera deben haber necesariamente 6 yogures de chocolote y cuatro plátanos de Canarias.

El hombre corriente palidece. Día intenso. Toca ir a casa a comer algo. Tiemblo de sólo pensar que mis hijos se hayan comido los cuatro plátanos y estén todos juntos jugando en la misma estancia.

Anuncios