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El discurso y la propaganda separatista invade todas las realidades sociales, culturales, económicas y por supuesto Politicas de Cataluña, y por lógica natural, al resto de España.

Tras la impostada euforia de los separatistas no deja de traslucirse constantemente los verdaderos y espúreos motivos de la horda dirigente, la inferioridad moral de la secesión frente a la unidad, como la mentira o la infidelidad son inferiores en grado a la verdad y la lealtad.

No por ello podemos dejar de reconocer al movimiento separatista sus méritos, tanto propagandísticos como políticos, pues con una “hoja de ruta” bien diseñada desde hace años pero que sabe adaptarse a las circunstancias del momento, avanzan y si bien no consiguen los objetivos sí se asoman a un punto esencial de los mismos: crear la sensación de ellos. Extender a la vez indistintamente la “ilusión” de los suyos y el miedo de la mayoría, silenciosa y acobardada, o aburguesada, que ya no lo sé, o ambas cosas.

Sin embargo, ello no puede ofuscarnos sino que, por el contrario, debe permitir – ya ha sucedido en parte- que broten iniciativas y proyectos dispuestos y capaces de combatir al odio tribal.

Pero como el discurso, la propaganda y la mitología separatista nos invaden a todas horas, corremos el error de confundirnos. Preciso es separar el grano de la paja, y advertir lo esencial:

1. Hoy en día lo que está en peligro es la igualdad esencial de todos los españoles en el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones. Cualquier opción política que caiga en el engaño de insistir en la protección o la sobreprotección de lo “diferente” haciendo ciudadanos -españoles- de primera, segunda o sucesivas categorías, como remedio a la voracidad nacionalista debe ser rechazada.

2. Hoy en día lo que hay que proteger y estimar y defender son los derechos individuales de los ciudadanos que viven y residen en España, de todos sin excepción, porque sólo así se justifica el Estado y se justifica que llamemos a España Nación.

3. La defensa de la legalidad y del ordenamiento constitucional no pueden emplearse como un remedio judicial exclusivo contra los que quieren socavar el orden. Hay que creerse y convencerse, y contarlo luego, que la Ley y el Derecho son la garantía y expresión última de una Nación viva que ha hecho y quiere hacer historia. Si fuera Rajoy hubiera hecho ayer la rueda de prensa en el castillo de San Fernando de Figueres con una enorme foto de Dalí detrás, quizás embelesado con Gala.

4. Preciso es que se alce la Voz de quienes consideran que somos más que ciudadanos, que somos españoles, todos, y que nos sentimos orgullosos de serlo a pesar de las ruindades morales – propias y de los demás- y que creemos que España tiene un maravilloso lugar en el mundo, y que en ese lugar hay un hueco precioso y gigante para Cataluña y los catalanes, pero que en ese hueco no cabe la traición, la deslealtad o el desánimo.

5. Y recordar que como somos más que ciudadanos o contribuyentes, somos más que un mero titular de derechos y deberes y de un NIF, y por eso nadie pondrá en marcha ese torrente de vida que debe ser el esfuerzo por la libertad e igualdad de los españoles sólo con invocaciones a la norma o a los derechos cívicos sino con imaginería, estímulo de las virtudes humanas, orgullo por la propia Historia, y convicciones profundas en que el odio se combate sólo con amor, y que amor no es ñoñería ni abdicación.

Hoy Quim Monzó en La Vanguardia se mofa en su columna de la Misa de la Virgen de la Almudena el domingo en Madrid y las invocaciones que se hicieron a la Virgen. Más allá de la zafiedad y el odio que se desprende, es la prueba de lo que digo: los que odian odian todo.

Escribo estas líneas en un avión camino hacia Oviedo. De la Virgen de Montserrat a la de Covadonga, sobrevolando Zaragoza y su Virgen del Pilar.
Sí. Claro, Quim. Tú también cabes en nuestra España que es de todos, aunque tú preferirías echarnos al fuego eterno.

Pero chico, si te llamas igual que el padre de María…Madre de España

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