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Nos recibió Motril con viento huracanado de Levante, olas de tres metros y esa bandera roja en la playa, que es el terror de cualquier niño.
Pero como no hay mal que por bien no venga, y el Hacedor nos tiene preparadas enormes y maravillosas sorpresas, nuestra temporal retirada de los límites del Mar, nos permitió subir al Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, patrona de la ciudad, a la que se le tiene gran devoción en toda la comarca.

Una Virgen hermosa revestida con mantos precioso bordados en oro. Una Virgen guapa de verdad.

Visita al Santísimo en el Santuario, y los niños encantados pues un buen paisano del lugar nos permitió acceder a la Sacristía donde unas buenas mujeres nos enseñaron a la Virgen desnuda y los diversos mantos y revestimientos preparados para la fiesta.

Motril es ciudad marinera, con su enorme Puerto y su ferry que conecta Europa con la África hispana. Cuando leo que no sé qué corriente salafista anima a los seguidores de su secta a recuperar Al-Andalus, pienso en Ceuta, y Melilla, y Tánger, y Argel, y tantos otros lugares de la costa africana que fueron otrora parte de las Españas.

En el pueblo, Rosa, la del bar, mujer fenicia, y encantadora, llena de la gracia granaina, acoge a un chaval saharaui, apodado David, educadísimo, que mira España como un niño mira el Mar, ansiando nadar algún día hasta la boya.

Y pienso….¿no sería más fácil que España, esto es, nuestra alma, nuestro Occidente todo, se decidiera a recuperar ese Norte africano condenado a la miseria por el sectarismo islamista y las tiranías?

Suena un pasodoble en la plaza del pueblo. Motril nos recibió con viento huracanado, y luego la Virgen nos arropó y nos regaló una hermosa tarde de sol y playa. En el horizonte no se ve, pero se atisba África, la nuestra.

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