Sueñan las campanas de la pequeña iglesia reconstruida como tantas otras en el año 1939, según reza una placa en la fachada principal. Medianoche. De fondo, música de guitarra. Calle. Como decía Lorca, Granada en julio piensa y vive de noche. Porque de día el calor asfixiante mata el duende. Perros sin collar. Casas encaladas y blanqueadas. Techos de pizarra. Niños corriendo sin horario.

Sueñan las campañas de la pequeña y hermosa iglesia, donde sólo se dice Misa ya los viernes y el domingo, porque el cura, simpático, no da para más, de pueblo en pueblo, con su destartalado coche. Que vengan aquí esos inteligentísimos y graciosísimos críticos de la Iglesia, que se ventilan una fe con dos frases hechas ensoberbecidas y vacías, hueras, y canallas, llenas de odio tribal, a ver a este cura de pueblo que reparte sacramentos a cuarenta grados, con una gigantesca sonrisa! Ellos, que critican no sé qué sentados en sus terracitas de verano, apurando una última copa, entusiasmados de sí mismos.

Sueñan las campanas de medianoche y ya no sonarán más hasta mañana, pronto, muy pronto, aunque antes este pueblo pequeño e insignificante, habrá ya despertado anunciando a España el nuevo día.

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