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El día 16 del pasado al llegar a casa me esperaba un obsequio. Curioso cómo los niños se arremolinan alrededor de un paquete envuelto deseando destriparlo y preguntando a gritos qué es, qué es, cuando a simple vista, y sin especial dificultad, se advierte que es un libro, y aún ellos mismos saben que es un libro!

Tras el violento desgarro apareció un libro de tapas duras y edición humilde, con olor a viejo, que es polvo y estantería, pero conservado en perfecto estado. El Sitio del Alcázar, se titula.

Editado en el año 1937, recoge junto a una breve introducción que cuenta la gloriosa hazaña de un buen puñado de soldados, oficiales y suboficiales, alumnos de la Academia militar, Guardias Civiles y paisanos, que se refugiaron en el Alcázar de Toledo y tras de sus imponentes e imperiales muros resistieron el asedio de fuerzas enemigas muy superiores en número, en armamento y en crueldad, hasta su liberación, durante más de 70 días.

Recoge el libro, literal, el texto del diario que el entonces Coronel Moscardó llevó con rigor y laconismo castrense durante el tiempo del asedio así como la editorial o artículo principal del periódico que los asediados editaron durante el mismo.

El libro constituye una joya. Para ver, y releer todos los julios, meses de calor y de afanes redoblados. No sólo por su valor histórico y estético sino, y por encima de todo, por su valor moral. Ejemplo de cómo las más altas virtudes militares, ésas que versó Calderón, la constancia, la obediencia, la lealtad, la bizarría, la cortesía, el buen trato, el heroísmo al fin, constituyen en ocasiones, al decir de Spengler, el último baluarte de la Civilización.

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