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Mi buen amigo Pepe, ¡tan amigo que lee este blog a pesar de mi inconsistencia!, hombre cabal, me requiere de aclaración a la entrada de hace unos días sobre Faustino el Viejo, empedernido, bebedor ocasional, a diferencia de su padre que fue uno de esos hombres que bebe, leyendo el Apocalipsis, esperando el juicio final.

Demasiado críptico, dice mi amigo Pepe.

Faustino el Viejo es uno de esos tipos que de seguro abundaban hace tiempo y ahora cuando los vemos decimos o pensamos que se han equivocado de siglo. Leales, constantes, fieles, poetas sin amaneramientos, valientes hasta la imprudencia, alocados. No hacen cuentas del riesgo, y llevan su Cruz, y la de otros, acompañando al Cristo, que es el Kempis.

Intentan vivir ajustándose a las exigencias de los tiempos, de la Modernidad, del Progreso y de las reformas, pero ello les es insoportable. Y cuando lo hacen…son siempre advertidos y detenidos por la autoridad, como el delantero que un día suelta a destiempo una patada. Se le nota. Y lo echan. Mientras su defensa marcador que lleva todo el partido arreándole de lo limpio, se va de rositas.

Ese tipo de hombres a los que sólo les interesa el final de la Historia, porque todo lo demás les parece relleno, aunque la hayan escrito ellos.

Faustino me fascina. Viejo o joven.

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