Etiquetas

, ,

Recuperar la calle. Primero, la calle; luego, los despachos. A medio camino, recuperar las urnas. La izquierda plural acosa, coacciona, amedrenta, insulta, agrede verbalmente a cargos políticos del Partido Popular y, en Cataluña, también, de Ciudadanos. La táctica política es un pelín más agresiva que la anterior ideada para recuperar el Gobierno contra la política de Aznar. Aquello fue la manifestación no consentida, el nunca mais mentiroso, y otras algaradas instrumentadas desde una redacción de periódico, las cenas noveladas por Método 3 en La Camarga, contubernio de la izquierda plural.

Decía el otro día Sánchez Drago, anarcocapitalista, budista, y Amador del zen vestido de castellano viejo, que quien dice que ni es de izquierdas ni de derechas, en realidad es de derechas. Un clásico del siglo XX en España, que se eleva a categoría moral en el siglo XXI. Ya Gonzalo Fernández de la Mora lo gloso en su Envidia Igualitaria, cuya recesión hice hace ya unos meses.
La táctica de la derecha es agachar la cabeza, mandar a la policía a tomar datos y hacer unas cuantas declaraciones en la prensa adicta, que también la hay, sobre sus derechos Fundamentales.

Olvida la derecha, o el centro reformista, o como se le quiera llamar, que los derechos fundamentales no se tienen y ya está, sino que se conquistan y defienden día a día, en la calle o donde sea, porque el hombre, desde siempre, ha combatido por lo que le es valioso. Quizás porqué ese mismo centro reformista ha cerrado los ojos ante el drama del aborto, la más brutal, organizada y silenciosa trama contra el más fundamental de los derechos, la Vida.

Cierto es que en un Estado de derecho los ciudadanos hacemos cesión de nuestro derecho al uso de la fuerza en favor del mismo Estado. Claro. Pero no hacemos cesión absoluta de la tutela de nuestros derechos fundamentales.

El acoso como táctica surte efecto. Da igual el tema que haya detrás: hoy son las ejecuciones hipotecarias, o la igualdad de derechos en materia lingüística y mañana quizás será que alguien es feliz, o sonríe. La cuestión es que el acoso nace del Odio, y desde el Odio no es posible construir una sociedad sana.

Surte efecto el Odio sino se le opone un Amor más poderoso aún. El Odio sólo es vencido por el Amor, hoy, y siempre. El Odio no se aplaca ni con decretos, ni con atestados policiales. Vengan ya esas medidas de reorganización nacional! Entera, como tomando a la Nación en volandas, y empujandola a acometer, Unida, su labor de reconstrucción moral e histórica! Sigo confiando en el Hombre. Si. En miles de hombres que todos los días se levantan y reinventan y se acosan a sí mismos, a cada segundo.

Acosemonos todos!!

Anuncios