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Resulta insultante que en plena crisis nacional, los españolitos de a pie estemos a vueltas con el tema de la financiación regular o irregular de los partidos políticos.
Conviene advertir y repetir que el origen de este desaguisado se halla en la misma Constitución de 1978. Los padres de la Constitución no se revelaron como leales y humildes servidores de la Nación, sino como fieles esclavos de sus intereses partidistas. Causa rubor leer el artículo 1.1 del texto y eso de que España propugna como valor superior de su Ordenamiento Jurídico el pluralismo político. ¡En qué poco estimaban los autores del texto la Libertad, la Justicia y la Igualdad cuando las pusieron a parecido nivel que el pluralismo político!
Se justifica todo en la razón histórica. De poco sirve ya la mención al franquismo tras más de 30 años de partitocracia.
La alternativa al Gobierno de los Partidos no pueden ser, al modo suizo, los referéndums y las iniciativas legislativas populares. La alternativa ha de ser, necesariamente, un nuevo sistema institucional sustentado en el Hombre y la excelencia moral.
Lo peor de los partidos es que ni promueven la excelencia ni permiten que el virtuoso, el valiente, el audaz y el generoso arriben al Poder. El Partido no cree en el Hombre sino en el aparato, el equipo, la comisión, la ejecutiva, el consenso. Luego, inevitablemente, proyecta en el Estado todos sus errores y sus horrores.
Quien alcanza el Poder en el Partido tiene un único objetivo: perpetuarse, mantenerse. Lo mismo sucede cuando el Partido alcanza el Poder en el Estado. Eso es intrínsecamente malvado pues es indiscutible que siendo ese su único fin, el Bien Común o bien de todos deberá plegarse al interés particular.
El pluralismo ideológico no tiene nada que ver con la existencia de dos, tres o mil partidos, sino con el modelo educativo, la riqueza cultural del país, y la libertad moral de los ciudadanos. Ninguna prueba se me ha dado de que el sistema de partidos garantice el pluralismo, y tampoco de que el pluralismo, en sí, sea un valor que defender y menos aún propugnar.
Empecemos pues por recordar que el primer precepto que requerirá una reforma constitucional será el párrafo primero. Cuestión de supervivencia. O los partidos o el Hombre. O los partidos, o las instituciones naturales. O los partidos,o la Nación.

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