Tras muchos días, ¡demasiados!, de silencio, reemprendo, azuzado por el director de este Diálogo Libre, la tarea encomendada. Un silencio que no significa nada, que ni calla ni otorga, ni estima ni desestima. Toca reparar, reparar la falta personal. Dejo aquí constancia de mi petición de perdón a cuantos han esperado esta entrada del Blog.

Andaba yo metido en pensar si lo de Sísifo, y la piedra, o roca, o montaña misma, que empujaba denodadamente hacia arriba, día tras día, para luego verla rodar, pendiente abajo, y volver a empezar, resulta convincente. Y es lo cierto que quizás para muchos la vida se ha convertido en esa piedra pesada que se arrostra esforzadamente, como con pena, con mucho dolor, pendiente arriba, para luego verla caer.

De todos modos, la idea no convence. Porque es una historia, un cuento, una leyenda, un mito, que encamina a la desesperación, a la tristeza, a la duda, y quizás, nos acaba metiendo en caminos de desolación.

Sólo las ideas que iluminan un quehacer, que dan sentido a la vida, pueden mover al hombre. Que esto es un valle de lágrimas no hace falta probarlo. Basta acudir a cualquier medio de comunicación y ojearlo, u hojearlo, que eso hoy día, casi da igual. Pero una cosa es que sea un valle de lágrimas, y otra, que los Hombres hemos nacido para llevar la piedra arriba, y reposar viendo la Obra Bien Hecha.

Sísifo no advirtió que con su trabajo esforzado, día tras día, había aplanado la pendiente y permitido que Otros plantaran en la montaña, y había hecho camino, a su andar, y que tras él venían Otros. Sísifo no advirtió que su trabajo sólo tenía sentido si lo ofrecía para Otros. El Otro, ¡siempre!, es el que justifica nuestro esfuerzo, el que da sentido a nuestra tarea, el que dignifica nuestro quehacer.

Hoy muchos llevan aperreados su piedra, montaña arriba. Yo mismo en ocasiones. Pero cuando dejamos de ser Sísifos y nos convertimos en Hombres, y vemos al Otro, la Piedra deviene la Primera Piedra de una labor común.

Ayer escuchaba en la Linterna de la Cope a no sé qué jerifalte de la Comunidad Canaria clamando por sus piedras. Le oía hablar con desdén de esa España que, a su parecer, le trata desigualmente. Durante años he escuchado ese discurso en mi amada Cataluña. El domingo lo escuché de un lugareño de la comarca de Benasque…todos aperreados con sus piedras, quejándose amargamente.

Preciso es olvidar a Sísifo.

(Publicado en www.dialogolibre.com el pasado 29 de enero).

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