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Explosión periodística de casos de corrupción. Menor, mediana, grande y tamaño XXL. El 2013 – a propósito, Feliz Año Nuevo a todos – huele a revolución, esto es, alteración violenta de un estado de cosas dado. Cuidado, que la violencia no es sinónimo de guerra ni de muertes. Violencia es lo contrario a orden. Pues ya decía el clásico que La Paz es la tranquilidad en el orden. Lo contrario de Paz no es Guerra, sino violencia. La guerra puede ser parte del orden, o mejor dicho, del Orden.

Pero dejémonos de rodeos. El 2013 se nos abre con casos de corrupción política gravísimos, que habrá que confirmar judicial o políticamente en cada caso, pero – y es lo grave – que no llaman la atención de la audiencia. Aún no he visto ni oído a nadie, formado o no, estudiado o no, viajado o no, que diga tal que “eso no me lo creo, es imposible que Tal o Cual o Pascual hayan trincado”. Es claro que la noticia, venga de donde venga, se nos aparece como creíble, posible, probable incluso. Ya no digo lo que sucede en mi Cataluña del alma, donde lo posible y probable era un secreto a voces, callado por la inmisericorde maquinaria de la secesión y la moral colectiva que glosaba el otro día Arcadi Espada.

Lo del trinque en España es un clásico. Pero ahora se ha convertido en un clásico asqueroso e inmundo, porque encima el trincón, de izquierdas o derechas, de arriba o abajo, que en el trinque eso da igual, va y regulariza, se trae el dinero a casa para gastárselo legalmente pagando una bagatela, si se compara con las miles de paralelas y sanciones que día si, día también, las todopoderosas agencias tributarias españolas, estatales o autonómicas, notifican y apremian en España al españolito de a pie, que llora tristón lo que no supo defender como un Hombre.

La Corrupción suena a fin de cuento. Porque se nos viene cogidita de la mano de la Traición, esa indeseable que algunos quieren vestir con barretina y cuentas suizas. La Corrupción suena a fin de cuento. De ese cuento sin cuento en que se ha convertido la tan cacareada democracia de partidos, que es partir la democracia, dividiendo al pueblo, enfrentándolo, encegándolo en el odio y el resentimiento de clase, de territorio y de lengua. El cuento parece llegar a su fin, si bien, ¡ nada de vaticinios!, que parecía lo mismo en el 1993, cuando la ETA atizaba fuerte aún, y miren, veinte años más ha durado el cuento.

Y vaya cuento…! Aquí el príncipe es un cobarde que acumula riquezas en el paraíso fiscal mientras reclama de su pueblo, acogotado a impuestos, sangrando literalmente, la lealtad que él no tiene y la princesa…mejor ni hablar, preocupada como está por salir en la foto, guapa por fuera, y fea, muy fea por dentro. Las ranas no croan y los príncipes no matan dragones, por eso del respeto ecológico. Prefieren holgar, hacer informes y debatir en comisión mientras el dragón se come a la doncella, y a sus hermanos.

Todo muy consensuado y muy formalmente legal. Mientras, la Verdad se mutila, la Belleza se ridiculiza, y el Bien se camufla de interés general. El general…el general espera el ascenso y la medalla mientras los soldados mueren lejos, allá en la montaña, olvidados de todo el mundo. Vaya cuento…! Si fuera Pérez Reverte o Sánchez Dragó diría que es un cuento de mierda. Vaya que lo es. Hagamos comisiones de investigación!, denunciemos!, auditorías!, pruebas!

Si algún padre osa contar este cuento a sus hijos antes de ir a dormir, será dimitido de la función por los vástagos al grito de Muera el traidor! Qué tiempos aquellos en que se defenestraba, se extrañaba, se condenaba a galeras, o a América, o mejor aún, a alguna isla mediterránea sin chiringo ni mojitos. Si no hay magia, ni héroes de virtudes exuberantes, si no hay doncellas bellas, si el Bien y el Mal no se distinguen con claridad y la Belleza se opone a la Fealdad, si el cobarde y el traidor, el ladrón y el chivato no son devorados y aniquilados, moral y físicamente, el cuento, amigos, es un engaño. Colectivo y organizado por los tristes, los feos, y los trincones.

Corrupción sin cuento. Fin del cuento?

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