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Se dice que Dios saca bien, del mal. No tengo dudas de fe al respecto, ya que si Dios es omnipotente, todo lo puede, incluso eso. Dado que nosotros, los hombres, estamos aquí para contribuir a la redención y hacer de este mundo nuestro tan imperfecto, una especie – sé que no es ortodoxo – de anticipación del reino de Dios, debemos esforzarnos por obtener bien de todo mal. Digo esto porque pensando qué conclusiones positivas podemos obtener de la ofensiva secesionista de Mas, creo que una de ellas es, sin duda, el conjunto de pequeñas conversaciones que hemos tenido a propósito del tema, con amigos, familiares, compañeros.

Las primeras fueron nerviosas, agitadas, pura reacción ante el desconcierto que supuso la manifestación del día 11 de septiembre, por la tarde. Las siguientes han sido más pausadas, tranquilas, aquietadas, por pensadas, y rezadas. Hemos hablado de unidad, de convivencia, de orden, de Bien Común, de lealtad. Las últimas, mejor dicho, las primeras de las últimas porque esto es un no parar ya, nos han de permitir, sobre todo a cuantos vivimos en Cataluña, para hacer pedagogía de la verdadera España, la España que tiene una misión, la España que no es sólo – ni mucho menos – un mero Estado de Derecho dentro de una Europa más o menos unida, una España que no es un Algo contrario u opuesto a Cataluña, ni siquiera un Algo unido a Cataluña como excrecencia. No, rigurosamente no. Una España que ha sido, es y sobre todo, debe ser, un ser en movimiento, un ser en proyección, del que Cataluña forma parte indisoluble conformado por miles de piezas tan importantes las unas como las otras, 

Mi buen amigo Ignacio, hombre versado, (que debe su nombre a ese santo tan español por universal, tan universal por español, tan vasco, y tan catalán también), y que quizás, no lo sé, ha caído en las redes de la impostura oficial separatista, me hace llegar una Tercera de ABC que firmaba Carrascal allá por el año 1978, y que hablaba, efectivamente, de la necesidad de recuperar un concepto más genuino de España, más renacentista, más moderno incluso, si se quiere, no tan enraizado en la “visión” castellana de  España y más “metido” en el aragonesismo, que es catalanismo y valencianismo.

Si lo piensan Ustedes, no es nada raro, porque el catalanismo leal, ciertamente, reclama su puesto en esa España en movimiento. Recuerdo entonces que hay miles de referencias históricas como la del artículo de Carrascal. También Unamuno y Ortega, ¡ José Antonio Primo de Rivera tiene artículos en esa línea, reclamando para Cataluña el puesto que le corresponde en una España en proyección. No se olvide que sólo saldremos del atolladero en que nos ha metido la demencial propuesta de Mas, si España se reclama así misma como auténtica Nación en movimiento, como proyección política y moral. 

La cuestión, por desgracia, como todo en España, es un tema de lealtades personales. Con Cambó se pudo, pero no con Macià. Con Tarradellas se pudo pero no con Pujol ( en ambos casos, el interlocutor de “Madrid” fue el mismo, lo que cambió es el interlocutor regional. ¿Con Duran se podría? No sé, pero no con Mas, indiscutiblemente, que se ha revelado, lo siento, como un auténtico demente.

El PP le ha dado su apoyo incondicional toda la legislatura. ¿O no? Y ahora arrinconado porque no sabe cómo salir del entuerto de no poder pagar las nóminas, y que la caja común está vacía, para no asumir el riesgo de perder unas elecciones dentro de un año, nos lanza a una delirante carrera hacia un gran abismo. Estas decisiones tan graves se pagan… ya se están pagando con ruptura social y familiar. Él sabrá lo que hace…o no. Alguien de su confianza le tiene que apear del caballo y mandarle con Ibarreche a dormir el sueño de los dementes. Y que coja las riendas en CIU alguien que no se mueva por odios. 

Estoy muy preocupado, no tanto porque haya o no haya independencia, que como toda memez resulta inconsistente, sino porque alguien, algunos, locos, dementes, desahuciados, han decidido que lo mejor para Cataluña es enfrentarnos. Y se divierte con ello. Lo peor del domingo del Nou Camp no son los carteles o las esteladas, ni siquiera los gritos, lo peor es la cara de satisfacción de Mas mirando su obra…un pueblo enfrentado. Cual Nerón sonriendo mientras su pueblo se consume fruto de su locura.

Estoy preocupado porque hay algo en que el catalanista leal tiene razón: esta España de los partidos, la España de las 17 autonomías, la España de los sindicatos reivindicativos, la España de las soberanías populares no es atractiva, fenomenalmente atractiva!  Aunque estoy ilusionado porque podemos darle la vuelta. Y si podemos, debemos.

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