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Ayer noche vi la televisión. Reconozco que hacia tiempo no me detenía en exceso en ver debates televisivos pues se saborea más y mejor la lectura de un buen libro o un rato de bendito silencio, amén de que sigo siendo un entusiasta de la radio. Lo cual no desdice del programa, ya sea el Gato u otros del estilo, y de los contertulios. No me referiré a ellos, sin embargo.

El motivo de esta entrada son esos mensajes de los telespectadores que, enviados desde sus móviles, aparecen en la parte baja de la pantalla. Ya sé que a muchas personas les hace gracia ver sus veinte o treinta caracteres publicados durante unos segundos en un programa de máxima audiencia. Incluso, quizás, alguno los envía para ayudar económicamente al Grupo Intereconomía, lo cual me parece requete bien. Pero es lo cierto que no pude estar más de 10 minutos escuchando el debate porque los mensajitos de marras…

Desde el consabido “si no quieren ser españoles, pues que se vayan”, hasta el clásico “ya estoy harto de estos catalanes”, pasando por el separatista maleducado que lanza una mentira más al aire esperando que alguno que pasa por allí y no se entera de la Misa le conteste con un exabrupto.

No soy yo de los que equiparan a los separadores y a los separatistas. Creo que, en el tiempo, éstos han sido anteriores, luego han de arrostrar la mayor responsabilidad. Aunque nada justifica frases como las que he transcrito.

El secesionismo pretende dos cosas: primero, forzar la voluntad del resto del cuerpo al que esta unido para vencer por hastío, por cansancio; segundo, buscar justificaciones que parezcan racionales y apoyen su irracional e inmoral pretensión. Las dos cosas las consiguen si el resto de los españoles, vivamos o no en Cataluña, decidimos no plantar la batalla de las ideas. Y por otro lado es inaceptable y la rechazo igual que el secesionismo cualquier afirmación insultante contra los catalanes.

Se ha de aprender a distinguir entre catalanes y catalanistas y secesionistas o separatistas. Se que cuesta y es un esfuerzo intelectual y moral. Pero desde cuándo ha sido lo bueno el
camino fácil. Nos gusta lo difícil, decía la vieja consigna. Y nos sigue gustando!

Que nadie se deje vencer por lo fácil, que es caer en la trampa y no distinguir. Frases como el “que les den la independencia” me producen un sentimiento imposible de definir.

Poca broma con esto. Está en juego el amor, que es España.

El nacionalismo no necesita excusas, es verdad, pero los catalanes no separatistas, que somos la inmensa mayoría necesitamos sentir el apoyo de la Nación, de sus instituciones y de su pueblo!

Incluso en los mensajitos de marras.

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