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Voy cerrando las lecturas veraniegas. Ayer noche, con el angustiante calor, apuré los últimos capítulos de esta novela de Yukio Mishima. Kiyoaki, joven protagonista de esta novela, heredero de la familia Matsugae, nobleza obliga, muere de amor. Sí. Mishima, el autor, extraordinario poeta en prosa, mata a sus creaciones. Nos queda la prosa del autor. Casi 500 páginas de pura belleza, de arte, de personajes descritos por fuera y por dentro con profundidad y perfección. Mishima destripa sus personajes desnudándolos por entero y entregándonos hermosos párrafos de interioridad. De la descripción de los paisajes, de los lugares y de las situaciones, mejor ni hablar. Soberbio, con una riqueza de vocabulario asombrosa.

Nieve de Primavera es la primera parte de una tetralogía rubricada como El Mar de la Fertilidad en que Mishima nos describe el Japón de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, pero además se adentra en los misterios del alma humana con exquisitez y delicadeza. El joven protagonista, adolescente, enamorado de Satoko, hermosa joven de la nobleza comprometida con un príncipe de la Familia Imperial por compromiso, es capaz de vencer su atonía vital y su falta de compromiso, por amor. Satoko, condenada por los convencionalismos de la época, condenada  a perder el hijo que lleva en sus entrañas, decide clausurarse en un acto de entrega total.

Una buena ocasión para disfrutar de la bella literatura y conocer la cultura oriental de la mano de quien manifiesta de otra parte un conocimiento y un respeto indiscutible a la civilización cristiana occidental.

La lectura por supuesto recomendada a adultos o a jóvenes con una sólida formación pues Mishima como autor existencialista deja traslucir una especie de pena o sufrimiento por la vida que requiere para su lectura una honda convicción del destino sobrenatural del hombre.

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