Es de todos conocido, aunque solo sea por las películas, que en caso de catástrofe en el mar la marinería, actuando a las órdenes del capitán o de quien asuma la función, organiza el salvamento con sujeción a un orden preestablecido: mujeres y niños primero. Luego, el resto del embarque, marinería, oficialidad y, finalmente, el mas caracterizado.

Ello obedece, como toda auténtica norma, a un principio organizativo lógico, pero sobre todo a un principio moral de justicia y caridad. El a priori mas débil o el menos responsable debe ser salvado, y así sucesivamente, en orden inverso.

Nuestro gran bajel llamado España zozobra en el Océano del capitalismo sin propietarios, el relativismo moral y la multiculturalidad, indefenso porque ya no se conoce, y no sabe qué defender.

El palo mayor roto por la mitad, el trinquete hecho trizas, golpeado por el mar, atacado por una flotilla de piratas bereberes, y bucaneros de la tierra de destino de Marco Polo, herido de muerte, hace aguas.

El resto de la flota de Occidente no acude en nuestro rescate. La tripulación de la flota occidental se sortea nuestra túnica al vernos al pie de la Cruz.

Y entonces…entonces el capitán decide que hay que soltar lastre. El barco es pesado y no podrá escabullirse en esta escaramuza…la marinería, la poca soldadesca y sobre todo los brazos civiles de hombres fuertes se ponen a sus órdenes. Esperan ansiosa la voz de mando. Se hace el silencio en medio de la batalla.

Ellos saben cuál es el problema. El España navega desde hace años sin esfuerzo con viento de popa y sin sobresaltos. Todo el embarque se ha acostumbrado. Tiempo amable y enemigos amarrados a puerto. El capitán decidió despedir a algunos soldados y aumentó el numero de bufones, titiriteros y músicos de taberna pestilente. La disciplina se relajó. Cundió el desanimo. Es preciso soltar ese lastre, apretarse los machos y fruncir el ceño. Vivir otra vez unidos, en orden de combate, poner a salvo mujeres y niños, y luchar, contra todos.

Sin embargo, al oír la voz del capitán, todos se miran asombrados, estupefactos. A los botes! Banqueros y Políticos, Primero!

Parece que se decide abandonar la nave, sin luchar.

Mierda de viaje, dice un niño que entre lloraba empuñando un cuchillo. Se espera la voz de mando que no llega…algunos deciden tomar el control del barco…y luchar

Quizas no lleguen a tiempo. Dios les guarde! Los que se quedan piensan en sus mujeres y sus hijos. Sólo queda el amor. Resistencia. Rianu se asoma a la proa desorientada. Tengo que luchar. Fuerte. Miro al niño que me devuelve el gesto cuchillo en mano. Tocan a rebato. Toca bogar. Toca salvar lo bueno de todos. Que es mucho.

Si se lucha, mañana amainará y el enemigo, cobarde, se retirará. El niño me mira con los ojos ensangrentados. Tengo que luchar. Rianu se retira a la bodega. Respiro tranquilo porque en cubierta peligra.

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