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Efectivamente, cien días y alguno más son los que han transcurrido desde la victoria del Partido Popular en las pasadas elecciones generales del 20 de noviembre. Muchas cosas han sucedido desde entonces; e intentando elevarme sobre el cainismo nacional y la hiperabundancia de correos electrónicos, mensajes, mensajitos, recreaciones musicales y pastiches planfletoides, fundamentalmente, las resumo en tres, a riesgo de equivocarme, y a riesgo de incurrir en una excesiva simplificación:

1º. A diferencia del anterior gobierno del Partido Socialista, el Partido Popular ha emprendido un amplio abanico de reformas en los más diversos ámbitos; reformas caracterizadas todas por la urgencia – y con ello, la improvisación y la ausencia de contraste histórico o metodologíco. Ello de por sí constituye una mejora, porque el movimiento se muestra andando, y lo peor que le puede suceder a cualquier sujeto en situación de crisis es la parálisis y la ausencia de respuesta. No valoro aquí el contenido o la eficacia de las medidas, en gran parte por mi incapacidad para hacerlo con un mínimo de seriedad intelectual, y en otra pequeña porción, porque para ello deberemos esperar el tiempo preciso para que la norma sea aplicada y podamos conocer con tranquilidad y sosiego sus efectos.

2º. Se ha confirmado que eso que eufemísticamente denominan algunos como”mercados” no son sino grandes poderes fácticos sin alma y sin escrúpulos. Soy un gran defensor de la economía de mercado. Aunque sólo sea porque, en realidad, donde no hay mercado, no hay intercambio, y si no hay intercambio, no hay ciertamente hecho económico en sentido estricto. Pero una cosa es la economía de mercado, el intercambio más o menos libre, la fijación de precios, y los factores que intervienen en el mismo; y otra cosa son sujetos que ni intercambian ni arriesgan, ni trabajan ni padecen, y que con unas cuantas portadas de periódicos, un par de cambios del “rating” y el apoyo de uno o dos gobiernos europeos, hacen tambalear la estabilidad de nuestro sistema monetario.

3º. En lo demás, nada ha sucedido. El gobierno del Partido Popular se mantiene, al parecer, fuerte en lo económico, por virtud y por necesidad, que desconozco si es más de lo uno o de lo otro; pero en lo restante, nada de nada. Y lo restante no es poco: organización institucional de España, organización territorial del Poder, defensa de los derechos individuales ( vida, dignidad, libertad, seguridad ciudadana, uso de la lengua,…). Vivimos tiempos en que “lo económico” se impone tiránicamente sobre el resto de circunstancias que hacen al hombre, ser hombre.

Podemos ya afirmar sin temor a equivocarnos que el Estado autonómico y el Estado del Bienestar son dos monstruos insensibles que nos están devorando sin piedad, consumiendo nuestra capacidad de ahorro, y sobre todo nuestra capacidad de subvenir a la crisis, pues de esta salimos sólo si una gran marea de entusiasmo recorre las entrañas de nuestra Patria, sus calles, sus barrios, sus casas, ciudades, universidades, sindicatos, empresas, asociaciones, pueblos, aldeas. Una gran marea de ilusión y de amor.

Nosotros, los españoles de hoy, trabajamos por los españoles de mañana. Sólo desde esta convicción profunda, llena de generosidad – que no es solidaridad sino mucho más – podremos los españoles de hoy, ser fieles a los de ayer y leales con los de mañana. 100 días y alguno mas. Sólo oímos “estúpido, la economía”.

Se me ocurre decir…”¡estúpido, la vida!”

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