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Terminé el pasado viernes la lectura de un extraordinario libro que un amigo me hizo llegar hace unas semanas de forma generosa. Con carácter general, tengo para mí que lo que es gratis no se valora, si bien en este caso, será la excepción que confirma la regla; para hacerla auténtica. Nunca había leído a Spengler, o al menos, no una obra entera, de cabo a rabo, de principio a fin. Sí conocía su Decadencia de Occidente y tenía retazos de su pensamiento por la constante cita de otros autores. Incluso tengo memorizada como cita adolescente aquélla de que en último término siempre ha sido un pelotón de soldados el que ha salvado a la Civilización.

El libro es, con carácter general, interesante, y en ocasiones, sorprendente. Como toda obra grande tiene su punto de intemporalidad. Edición mejorable, pero visto como está el mundo del libro, no parece que los lectores de clásicos hayamos de criticar mucho la forma de aquellas empresas que nos permiten recuperar autores y obras en muchas ocasiones descatalogados.

Decía que es interesante, y me he quedado corto, porque es lo cierto que el autor, con suma valentía y con una mente preclara digna de quienes gozan de la capacidad de intuir y distinguir, esboza en pocas líneas ese ocaso, decadencia o crisis de la sociedad, cultura y valores europeos, frente a la presión de los valores y cultura de lo que Spengler (en denominación propia de aquellos tiempos pero me parece que asumible) denomina genéricamente bolchevismo.

Un breve pero rotundo alegato en favor de la propiedad y la libertad de la persona. Parte del discurso resulta propio de la época (defensa de la sociedad agraria frente a la urbana) pero no suena del todo arcaico, pero otra parte del discurso es sumamente sugerente: sobre todo, la atribución de los males de la economía a la presión de los sindicatos bolcheviques emperrados en la lucha de clases y a la cobardía de una clase dirigente liberal que ha dejado la Política ( los valores) para entregarse a la Economía (la pura técnica) y que con ello es rea de los sindicatos de clase revolucionaria.

Especialmente me quedo con la parte central del libro en que el autor, con brillantez, analiza cómo el marxismo ha querido y sabido convertir al trabajador, digno, en mero proletario, hombre-masa, consumidor, haragán, sin recursos y sin escrúpulos, entregado al odio de clase, sin conciencia de nación ni de cultura, para poder instrumentalizarlo en su revolución antieuropea, haciendo uso de medios revolucionarios como la presión política sobre el precio de los salarios y la huelga general…Momentos soberbios. Sólo por esas páginas se justifica su lectura.

Buena lectura amigos.

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