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Cualquiera diría que los males económicos de España han sido ocasionados por los altos salarios de los trabajadores por cuenta ajena. De entre todas las posibles causas, ésta parece ser lo más grave. Los voceros de este liberalismo patrio, cobarde y ramplón, no se han cansado de decir durante meses que era precisa la tan reiterada reforma del mercado de trabajo. ¡Ojo! El Gobierno no ha dudado, por otra parte, ante la ineptitud de los supuestos representantes de empresarios y trabajadores para alcanzar un acuerdo satisfactorio, en dictar un Real Decreto Ley que la llevase hacia adelante, manu militari, o mejor dicho, manu parlamenti.

Pareciera que nuestra crisis económico-financiera no ha sido provocada por el derroche de unos gobiernos que, con manifiesta negligencia han gastado más de lo que ingresaban; han derrochado con la excusa del engaño del Estado del Bienestar, y con tal coartada intelectual, se han dedicado a desarbolar la economía productiva nacional encantados de convertir nuestra Patria en un enorme mercado de los servicios para la Europa anglosajona, protestante, productiva. Así, cuando el anglosajón va algo justo de dineretes o prefiere mirar a otro lado del Mediterráneo en lo que a tomar el sol y dormir a la bartola se trata, nos vamos al garete, o lo que es lo mismo, tomar viento fresco, de ése que mueve esos molinos estrafalarios y grandiosos que pueblan nuestras praderas y han roto nuestros paisajes, a fuerza de obra subvencionada con el dinero de todos.

Pareciera que nuestra crisis no ha sido, multiplicada hasta el infinito, por una estructura administrativa irracional  que adolece de una hiperinflación normativa endémica, que con manifiesta negligencia ha dictado normas contradictorias, ejecutado presupuestos inviables, y robado, mucho, que lo de malversar suena a más elegante, aunque es robar, robar de toda la vida, al pobre para que se lo quede el rico, y con la coartada de un mal entendido Estado del Bienestar  se han apropiado descaradamente de lo que era el fruto del esfuerzo y del trabajo de los españoles.

Pareciera que nuestra crisis no ha sido causada por una instituciones financieras que han costeado la gran bacanal en que se ha convertido el Estado de las Autonomías y han patrocinado los más inútiles proyectos municipales, que cuando iba todo hacia arriba se han enriquecido legítimamente  a costa de intereses, comisiones y contratos; pero cuando ha ido hacia abajo no han sido solidarios en el desastre y han saneado sus cuentas y enriquecido inmoralmente a sus gestores a el cuenta de los fondos públicos de rescate creados por gobiernos irresponsables con el dinero de todos.

Es una obligación moral de quien intenta analizar el mundo que nos rodea con justicia llevado sólo por el amor, recordar que los trabajadores españoles no son ni de lejos los principales causantes de esta crisis. Ni los secundarios. Muchos otros están delante en la cadena de responsabilidades. Por eso es injusto que los voceros del liberalismo nos digan que la reforma del mercado de trabajo dará al traste con el ciclo y que el Gobierno haya sido tan…tan Gobierno en este asunto y sea tan…tan permisivo con bancos, entidades locales y sobre todo, autonomías.

Tema que dará para mucho.

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