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La noticia del día, y quizás de mucho tiempo, es la sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo que condena al juez Baltasar Garzón a la pena de inhabilitación. Garzón, al parecer, para el Tribunal, escuchó cual portera las conversaciones entre imputados y abogados en el caso Gürtel. Mis excusas a porteros y porteras.

Muy español esto de poner la oreja, parar atención, escuchar a escondidas, como quien no quiere la cosa, que tampoco es para tanto, y todos tenemos derecho a saber, o al menos, el Juez. Me pregunto si don Baltasar luego comentaba con sus amigos y colegas, familiares y compañeros los cotilleos de marras. Que eso es muy español, también, porque si no lo puedes contar, de qué sirve saberlo.

La escucha ilegal es el paso previo a la murmuración. Porque si no, para qué se escucha. Que en España esto de saber por el gusto de saber, desde que murió Ortega, ya no se lleva. Aquí se sabe para murmurar, y si no, se olvida por irrelevante. Es como lo de la memoria histórica, pero al revés.

En lo de la memoria histórica, o histérica, según se mire, se murmura para no saber, con tal de hacer daño, sin importarnos la verdad. También es muy español.

La izquierda clama contra la sentencia. No se preocupen, que aún queda la eventual revisión del Tribunal Constitucional a través del más que previsible recurso de amparo. Frentepopulismo. Vulneración de derechos, agitación popular; frentismo y nada encubierto odio a las instituciones. 

Quien rechaza las instituciones básicas, repudia los derechos básicos. Lección que se repite de continuo. Y a la inversa.

Me sobreviene el recuerdo de aquellos discursos de un joven Ortega que contra la España de Maura proclamaba la creación de una Liga de Educación Política…Garzón, por supuesto, no los  leyó.

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