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Sigo con cierto interés el proceso de primarias en Estados Unidos para la elección del candidato republicano que concurrirá a las elecciones presidenciales.  Con las cautelas precisas por no vivir en Estados Unidos ni conocer con perfección su complejo sistema electoral, y con las no menos imprescindibles de tener información normalmente masticada por los medios de comunicación españoles, tan caracterizados por su antiamericanismo (fundado o no fundado, eso para los medios es lo de menos), no dejo de sorprenderme. Frente a la actuación monolítica de los partidos en España que – como en Fuenteovejuna, todos a una –  rinden pleitesía al líder, esperanzados en la obtención de prebendas públicas o privadas y tienen como uno de sus objetivos principales acallar la disidencia, el debate o la discusión; en Estados Unidos Gingrich, Romney y otros batallan pueblo a pueblo, Estado a Estado, por obtener el favor del público; perdiendo aquí, ganando allá, ajustando su mensaje, sus gestos y su puesta en escena a las particularidades del lugar. No se entienda esto como un elogio al sistema americano en su totalidad sino como un ay! a la organización política de España.

Los socialistas enzarzados en una lucha a muerte sin cuartel por el Poder en el Partido; Cascos convocando elecciones porque al parecer los dos grandes Partidos le hacen la cama, si bien no hemos podido advertir aún cuál es el interés general de los asturianos en un nuevo proceso electoral convocado con calculada astucia; el Gobierno, se dice, retrasando medidas fundamentales de su programa político, a la espera de la eventual victoria del Partido Popular en Andalucía.

Mientras, los republicanos americanos luchan por el voto familiar y conservador, critican las estridencias socialdemócratas de Obama ( que aquí no pasaría, quizás, de ser un barón  en el PP), y no tienen empacho en hablar de la Nación y de sus intereses. Vamos, como las primarias aquí.

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