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La playa es un lugar donde se aprende chino. No porque haya muchos chinos, que casi no se ven, sino porque la gente lleva adheridas a su piel cientos, miles de caracteres mandarines. En los tobillos, los antebrazos, la espalda, la nuca. No hay parte del cuerpo contraindicada para ello.

La playa es también un lugar donde sólo puedes bañarte cuando un señor que no está en la playa sino en un centro de emergencias en la capital y que hace declaraciones en la televisión, decide poner la bandera verde. Este verano mis hijos vivían casi estresados hasta que alcanzaban el Paseo Marítimo y atisbaban la bandera. Verde: Sí, papá, nos podemos bañar. Una sonrisa cautivadora de lado a lado. O no, papá, bandera amarilla! Cuando a uno le llega  el agua al pecho, un tipo moreno hasta la negrura, agita los brazos como loco, y sopla fuerte el silbato, reclamándote que vuelvas. Se diría que es una madre preocupada. Pero no. Es el tipo de la bandera amarilla. Se cree que no sabes nadar, o que no quieres a tus hijos. La bandera amarilla se coloca por las más peregrinas razones: que si hace viento, que si no hay sol, que si amenaza tormenta, que si las olas son altas. El objetivo del planificador de la bandera verde es convertir el mar en una piscina. Por eso, cuando hay olas, coloca la bandera amarilla. Así, los niños no pueden bañarse y cuando en el colegio les pregunten qué es el mar pueden responder que una gran piscina sin bordes ya que no han conocido otro mar, que no sea el de las pacíficas balsas en que se han convertido nuestras playas.

La playa suele estar bastante sucia. Aunque por la mañana una brigada municipal pasa con esa máquina ruidosa y remueve la tierra, ocultando papeles, plásticos  y colillas sobre toneladas de arena. Así, parece limpia. Lástima que aún hay familias con niños, que hacen grandes agujeros y castillos con príncipes, guerreros y princesas, y entonces descubren las más impensables guarradas. La playa es, pues, como nuestro sistema educativo. Se dicta un Decreto de enseñanzas mínimas que lo remueve todo para ocultar la realidad. Lástima que hay familias con hijos…El planificador autonómico estudia abolir las familias y los hijos. Sería la solución para el sistema educativo, acaba de proclamar el líder socialdemócrata. Y la garantía de nuestro bienestar. Que no haya niños que descubran la suciedad en la playa, ni niños que descubran la vaciedad de nuestra educación. Los indignados aplauden. Y reclaman una subida de impuestos para los ricos.

Me encanta la playa. Y a mis hijos. Me encanta la playa con mis hijos. Pero no me gustan las letras chinas tatuadas, ni los planificadores de banderas y removedores de tierras. Tampoco me gustan los Decretos de enseñanzas mínimas que minimizan la enseñanza. Se diría que es una gran conspiración contra los padres. Y reclamo una bajada de impuestos.

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